La apariencia de los diputados atrae la atención de algunos

El Congreso de los Diputados.
El Congreso de los Diputados.

Con olvido de lo fundamental: cómo pactarán sus señorías para conseguir un Gobierno que dé solución duradera a los problemas graves que tiene España.

La apariencia de los diputados atrae la atención de algunos

Nos vamos olvidando de las rastas, la madre lactante y su bebé, el regocijo de quienes amorosamente lo llevaban de mano en mano, el “sincorbatismo”, las palestinas, los piojos y otros comentarios sobre el atuendo de sus señorías.

 Entre esos comentario, hay que destacar el de la  diputada Villalobos que, con su habitual ¿gracejo?, hizo un comentario impertinente; ella, que faltó al respeto a todos los españoles cuando, en funciones de presidenta del Congreso, fue sorprendida jugando infantilmente a los marcianitos.

¿Por qué perder el tiempo en salvas, cuando está sobre el tapete la formación de Gobierno? Es una manera de perder el tiempo y de distraer la atención, como tantas veces, con temas banales. La única norma que regula la vestimenta de los visitantes del Congreso, es la emitida por su Secretaría General en el año 2011, en la que se dispone que los visitantes llevarán una “vestimenta adecuada al decoro exigible”. A esta regla genérica hay que añadir la recomendación del entonces presidente del Congreso, José Bono, dirigida al ministro Sebastián,  de usar la corbata –hasta le envió una de regalo.

Y al diputado que no le parezca bien, pues que proponga su modificación. Ganas de enredarse en discusiones bizantinas que desgastan a quienes las promueven, dan armas a los criticados y desvían la atención a temas de menor relevancia, ante los necesarios pactos para formar Gobierno.

Quienes piensan, creo yo que con ligereza, que no hay ningún problema en convocar nuevas elecciones, olvidan algunos de los asuntos cruciales que España tendrá que afrontar durante el año 2016: refinanciación de deuda –en torno a 400 mil millones de euros entre pública y privada-, negociar los ajustes ya sugeridos por la UE, inestabilidad económica internacional ante el frenazo de la economía china  y el pulso independentista catalán que no cesa, alentado por quienes no saben de dónde vienen ni a dónde van.

Tal vez está a punto de llegar el momento en que, en aras del bien común, algunos líderes den un paso a un lado que permita lograr un gran pacto de más de 250 diputados, para afrontar asuntos tan apremiantes como la unidad de España, la educación, la justicia y la regeneración democrática.

La apariencia de los diputados atrae la atención de algunos
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