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MUNDIARIO

El aparato de propaganda de Miraflores se encarga de silenciar las protestas en Venezuela

Más de cuatro millones y medio de venezolanos se ha visto obligados a dejar el país y en Venezuela todos están más vulnerables y más frágiles para levantar la guardia y sostener la lucha.
El aparato de propaganda de Miraflores se encarga de silenciar las protestas en Venezuela
Nicolás Maduro, líder chavista. / RR SS
Nicolás Maduro, líder chavista. / RR SS

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Henrique Capriles

Henrique Capriles

El autor, HENRIQUE CAPRILES, es abogado. Pertenece al partido Primero Justicia y fue candidato a la Presidencia de Venezuela. Tras ser gobernador de Miranda es uno de los líderes de la oposición democrática de Venezuela. @mundiario

La estrategia de la dictadura es evidente, pero no por eso es menos efectiva. Tienen dos décadas haciéndolo todos los finales de año y sólo en 2007 y en 2015 no pudieron imponer su matriz de propaganda, porque todavía se estaban recuperando de la derrota que el Pueblo organizado les había dado. La cosa es así: por un lado instalan en la gente una idea falsa de normalidad, después de inyectar una pelota de billete endeudando al país. ¿Y esto qué ocasiona? Una espiral de frustración perversa que ha sido concebida por los indolentes de Miraflores.

Primero, tienden una trampa en la que hacen creer que todo el mundo está lleno de billete mientras a su familia no le alcanza ni para comer, de modo que se deprime y siente que los demás están bien excepto usted. De esta manera, consiguen activar el reconcomio y una rabia que lo vuelven cómplice de esa falsa normalidad, invadiendo cada una de las rendijas de comunicación que nos quedan, en especial las redes sociales.

Segundo, lo ponen a desconfiar de la honestidad de cualquiera y del compromiso político de aquellos hemos y que estamos poniendo todo en esto. Y eso esta semana ha sido evidente. Al lograr que, en sus referencias políticas y sus ideas, la reputación de toda la clase política se vea comprometida, pagando justos por pecadores, a usted lo que le provoca es darle una patada a la esperanza que tenía y lo invade una apatía.

Todo esto durante la época del año en la que, después de que más de cuatro millones y medio de nuestros hermanos y hermanas se hayan visto obligados a dejar el país, todos estamos más vulnerables y más frágiles para levantar la guardia y sostener la lucha.

¿Qué logran con todo esto? Algo que para el régimen es oxígeno puro: que usted crea que no está pasando nada, cuando en verdad el Pueblo de Venezuela se mantiene protestando y pronunciándose en las calles, pero el aparato de propaganda de Miraflores se encarga de silenciarlo y, peor aún, de que a usted le parezca que protestar no lleva a ninguna parte.

Voy a echar mano de un número que usé la semana pasada, pero es que es algo que creo no se puede perder de vista: nada más en el mes de octubre hubo 1.739 protestas. Eso se traduce, señoras y señores, en 58 protestas diarias según los números de un ente serio como el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.

¿Cómo se puede decir que no está pasando nada en un país donde hubo casi sesenta protestas al día? ¿Quién puede ser tan irresponsable?

Si me lo preguntan a mí, eso sólo puede hacerlo alguien que desee colaborar con Nicolás Maduro y su empeño de hacerle creer al mundo que Venezuela está normal y que los problemas son únicamente resultado de las sanciones. ¡Están construyendo una apatía en usted, así como también quieren construirse una oposición a su medida y armar su espejismo, a punta de armar burbujas!

Porque así como viven en una burbuja esos pocos que pagan carritos llenos de comida importada en los bodegones, también vive en una burbuja quien decide ignorar que en sesenta lugares del país hay personas diariamente manifestándose en contra de lo que vivimos.

Si además aparece gente que está dispuesta a hacerle la tarea al régimen, asumiendo como suya una apatía que en verdad están fabricando en Miraflores, entonces que el último apague la luz. Ahora, si usted forma parte de quienes quieren que esto cambie, entonces levántese, no los deje, actívese y, sobre todo, protéjase emocionalmente, porque el régimen no va a descansar hasta apaciguarlo.

Fíjense en lo que pasó con las denuncias de corrupción de algunos diputados. Una trama que tiene por detrás el billete de quienes se están llenando a costa del hambre del Pueblo, sumada a los maletines llenos de billete con los que están intentando comprar conciencias de algunos diputados, es una maniobra clara en dirección a fracturar la confianza del Pueblo en el único Poder Público electo democráticamente que le queda al país.

¿Vamos a dejar que eso pase? Yo espero que no. Y por eso creo que hay que averiguar absolutamente todo en torno a eso, para que cada sinvergüenza que haya robado sea juzgado, pero mientras eso pasa no se pueden descuidar los objetivos centrales de esta lucha: recuperar la Libertad y la Democracia de Venezuela.

Mientras tanto, en las filas del régimen no dicen ni pío sobre el asunto. ¿Por qué? Por dos razones. La primera es que el extremismo les hace el trabajito a la perfección, me imagino que hasta que salgan los nombres de quienes pagan las nóminas de aquellas filas. Y la segunda es que saben que tan solo mencionar el nombre de Alex Saab puertas adentro de la dictadura salpicaría hasta al más pendejo de la estructura que rodea a Nicolás Maduro. Por esa y muchas otras razones, es una responsabilidad de nosotros como líderes sociales, políticos y democráticos no dejar que la apatía se coma el ánimo de la gente. Y no se trata de evasión ni de nuevas burbujas, sino de acompañamiento.

Cada diputado que esté en el país tiene la obligación de acompañar a ese Pueblo que lo votó y despertar su ánimo. Acompañar a nuestra gente, incluso en las alegrías que se puedan sumar durante las fiestas, pero sin soltar la responsabilidad de explicarles lo que está pasando con la verdad y no dejar que se apague el único elemento válido que nos mantiene en esta lucha, señores: la confianza que han puesto en la alternativa democrática quienes quieren que Venezuela vuelva a ser libre.

Toca asumir una de las tareas más difíciles que se nos han encomendado en estos años: no dejar que la apatía y la costumbre se le instalen a nuestro Pueblo, en medio de un régimen que quiere convencerlo de que la honradez y las ganas de trabajar son una rareza y que lo único que funciona aquí es el hamponato y el enchufe.

¡Yo me niego a que eso pase y pienso seguir poniendo todo lo que tenga en que la confianza de quienes creen en este camino sea retribuida con honestidad y victorias políticas! Aquí no vamos a hacerle la tarea de la desesperanza al aparato de propaganda de Miraflores, que quiere vernos desesperanzados. Y si esos extremistas quieren seguir dándole oxígeno al dictador, cacareando que no ven ninguna salida, sino la de clausurar todas las puertas que desde las fuerzas democráticas hemos señalado y mantenemos en lucha, que se lo den.

Por mi parte, sé muy bien que no son capaces de llenar ni una plaza y que esa bullita virtual que hacen es porque sólo saben subir en tuits y followers, pero nunca han subido Petare, ni acompañado a los campesinos, ni puesto el hombro durante una desgracia, ni mucho menos contribuido con alguna idea potable a la coalición de fuerzas que, con errores y aciertos, siguen intentando mantener viva la llama de la esperanza en la Democracia. Eso sí: sin vender humo, que es quizás la más grande de sus crueldades.

Sé por la historia de mi abuela, que hasta en la Segunda Guerra Mundial, en medio de aquella crueldad, las mujeres y los hombres se seguían casando, celebrando la vida en sus cumpleaños, animando la cena de Navidad o de Hanukkah o de fin de año, algún regalo o un juguete que se transformara en una ilusión de alguno de los muchachitos ajenos a la idea de la guerra. Por eso creo que es importante no condenar la honesta alegría de quienes deben atravesar las penurias de ser pobre en Venezuela.

El punto es que eso no significa ponerle pausa a la lucha, ni abandonar la discusión política, ni darle la espalda a la protesta de quienes están poniendo el resto en reclamar sus derechos ni dejar de hacer cuanto sea necesario para desenmascarar al régimen y a sus cómplices en cada exceso, cada guiso y cada muerte de la que sean responsables. Nada de eso. Una sonrisa y una alegría legítima, en medio de la crueldad del régimen, puede ser el más hermoso de los gestos posibles, si por detrás nos mantenemos sosteniendo la lucha para hacer que el régimen llegue a su fin y que Venezuela consiga un cambio que permita que más nunca nuestra Libertad se comprometa.

¡No permitamos que se instalen ni la apatía ni la evasión de lo que está pasando aquí! No hay algo a lo que un dictador le tenga más culillo que a un Pueblo esperanzado. Vamos a encender esa luz de esperanza y no permitamos que sigan vulnerando a nuestra gente, que hoy nos necesita a su lado como nunca. ¡Qué Dios bendiga a nuestra Venezuela! @mndiario