El antifranquismo como argamasa de la izquierda

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Todos los partidos secundaron la Amnistía, excepto Alianza Popular que se abstuvo.

La fijación de algunos partidos con la Guerra Civil y con la Dictadura no está al servicio de un mejor conocimiento histórico siendo sólo un banderín de enganche emocional.

El antifranquismo como argamasa de la izquierda

Para la mayoría de los españoles la Dictadura franquista está reducida a un hecho histórico. Únicamente los mayores de 60 años guardan memoria vivida de aquel régimen político, de las limitaciones de las libertades o de la profunda división social que lo caracterizó, entre vencedores y vencidos durante la contienda civil. Solo en el ámbito académico se le presta la debida atención en forma de congresos y publicaciones que ensanchan sin cesar nuestro conocimiento de un largo período histórico.

Sin embargo en el ámbito político el franquismo es argumento principal y constante, con tendencia a la hipertrofia. Cumple una función de argamasa, unir en torno a una idea muy simple, el antifranquismo, a distintos segmentos del electorado para los que el debate de ideas es poco interesante. Por otra parte establece una división binaria de los Parlamentos, muy querida siempre por los estrategas políticos, pues no es posible mantener una postura equidistante. Para ello se crean nuevos escenarios de continuo, el último la reforma de la Ley de Amnistía de 1977.

Más allá de los enredos entre los miembros del Gobierno que como en otros muchos asuntos mantienen posiciones muy distantes entre sí, lo relevante es que se aprovecha un proyecto de Ley en curso, sobre la Memoria Democrática, antes Memoria Histórica, para modificar la citada norma fundacional de la democracia. Quien lo solicita es ERC que no pierde oportunidad de marcar distancias con el Gobierno central para mejorar su  posición negociadora. A su estela se suman otros grupos minoritarios prestos a participar del eventual reparto de contrapartidas.

promover un programa de indemnizaciones

Nos dice el Ministro de la Presidencia que la aceptación de la enmienda nada cambia, un argumento que inhabilita la propia reforma. Pero su socio de Gobierno subraya que permitirá juzgar los crímenes franquistas, omitiendo que sus perpetradores han fallecido en su mayoría. Si bien siempre será posible encontrar a algún funcionario que pueda ser convertido en escarnio ejemplar. El valor simbólico de esa operación es probablemente nulo. Por otra parte, la Amnistía benefició a terroristas con delitos de sangre. ¿Se pretende enjuiciarlos ahora de nuevo retrospectivamente?

Si se tratase de incrementar la reparación de las víctimas tendría sentido promover un programa de indemnizaciones. Recordemos que organizaciones políticas y sociales pero también personas individuales fueron sometidas tras la Guerra Civil a expropiaciones de sus bienes o cuantiosas multas además de las condenas de prisión o de muerte. Solo parcialmente y en cuantías muy simbólicas se han acometido indemnizaciones. Por otra parte los dirigentes políticos han tratado de incluir a sus organizaciones entre los beneficiarios de esas medidas. Pero aquellos grupos que simplemente fueron exterminados como los partidos republicanos y anarquistas, los masones y otras sociedades, han quedado al margen de las reparaciones o devoluciones de bienes. Como ha quedado excluido el patrimonio de sus dirigentes históricos.

Es por ello que lo actualmente debatido es oportunista y poco riguroso. Se busca la efectividad mediática olvidando a las víctimas. Una mistificación más que difícilmente llegará a interesar a la sociedad mientras pone de manifiesto el escaso rigor con el que se tratan los asuntos históricos. La debilidad parlamentaria del Gobierno lo fuerza a aceptar cualquier demanda de sus socios mientras trata de suavizarla o reconducirla hacia la ineficacia. Cuando si el PSOE fuese coherente con su historia debería rechazarla y en todo caso formular su propia iniciativa.

El papel nuclear que ha desempeñado el socialismo español en la restauración y consolidación de la democracia no se compadece con la posición titubeante ante una relectura de parte de algunos hechos que fueron en su momento claras demandas sociales y políticas así como arquitrabes de la nueva arquitectura institucional. Partidos con menor aportación a ese sistema pueden permitirse frivolizar o denostar los hitos históricos pero el PSOE es la historia misma de la democracia española.

No debemos olvidar que para determinados partidos que apoyan al Gobierno, tanto la Constitución como la Amnistía y demás normas fundacionales así como las instituciones a que dieron lugar, son objeto de deslegitimación sistemática. Darles munición sólo puede contribuir a debilitarlas sin contrapartidas apreciables.

Todo ello sin adentrarnos en el proceloso ámbito de la seguridad jurídica de las nuevas normas. Voces de autoridad vienen expresando durante estos días las dudas sobre el alcance real de las nuevas normas, la posible contradicción con la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras prevista en el artículo 9 de la Carta Magna. Es fácil prever tanta conflictividad jurídica como ineficacia normativa. @mundiario

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