Andrés Manuel López Obrador y Morena hacen añicos a la izquierda mexicana

Miguel Barbosa durante una conferencia de prensa. / Twitter
Miguel Barbosa durante una conferencia de prensa. / Twitter

La posible expulsión de Miguel Barbosa, un imporante senador del alicaído PRD es el último episodio que refleja la influencia del incansable candidato a la presidencia en los hilos izquierdistas.

Andrés Manuel López Obrador y Morena hacen añicos a la izquierda mexicana

A estas alturas el espectro del eterno Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ya es digno de temor en el Partido de la Revolución Democrática (PRD). El perenne candidato a la presidencia ha abierto más la herida interna del PRD, cuyos miembros empiezan a bajarse de su nave para pasarse a la del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido de López Obrador. El más reciente desertor es Miguel Barbosa, diputado que fue expulsado de sus filas por haberse declarado seguidor del líder de Morena para las elecciones presidenciales del próximo año.

El desafortunado anuncio fue el lunes 27 de febrero en una conferencia de prensa dada en la Cámara Alta. Desde su tribuna, Barbosa acusó al PRI y al PAN de trabajar juntos en una campaña para atacar a López Obrador, quien en su tercer intento por convertirse en el jefe de la Ciudad de México va muy bien colocado en los sondeos. Barbosa salió como el redentor del jefe de Morena y dijo que la campaña era un nuevo intento del “establishment político” para cargarse el trabajo de AMLO, según presenta El País.

Años antes, prosigue el citado diario, el senador había pronunciado desde la misma tribuna serias críticas al incansable candidato, tachándolo de soberbio. “Morena no es un partido nuevo, ¿cómo lo va a ser con rostros como el de Andrés Manuel López Obrador”, dijo en su momento como crítica al político por romper relaciones con el PRD y crear una nueva agrupación que partía en dos a la izquierda mexicana. “Nadie le va a rogar a AMLO con esa soberbia”, añadió.

La máxima autoridad del PRD, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) se cargó a Barbosa en la noche del martes. Los 22 secretarios del partido debatieron el tema durante horas y, al final del ejercicio, 15 de ellos votaron por expulsar al senador por el estado de Puebla y suspenderle todos sus derechos partidistas. El legislador, molesto, avisó que llevará este caso a los juzgados del Tribunal Electoral del Poder Judicial para rebatir su expulsión. La máxima líder del partido, Alejandra Barrales, declaró que Barbosa ya no podía continuar ni como senador ni como coordinador del partido en la Cámara Alta pues no es alguien que represente las posturas e ideas del partido. Su puesto de coordinador lo tomará la senadora Dolores Padierna.

Pero todo este escándalo no es más que un combate más en la guerra civil del PRD en el Senado. El País recuerda que la agrupación inició la legislatura hace cinco años con 19 escaños. El partido decidió unirse con el PAN (su polo opuesto) para las elecciones locales pero la estrategia no dio los resultados esperados y encima de ello, la sombra de López Obrador es cada vez más grande, por lo que las encuestas para las elecciones presidenciales del año entrante fueron la gota que derramó el vaso. A día de hoy, sólo ocho senadores llevan la insignia del PRD. Los otros 11 se han convertido al morenismo o han decidido continuar por su propia cuenta. El partido de López Obrador no tiene una bancada en la Cámara Alta pues su nacimiento oficial como partido fue en 2014, a dos años de haber iniciado la actual legislatura. Eso explica que muchos miembros de Morena ingresan al Parlamento con acreditación del PRD.

La bendición de Barbosa a López Obrador carga todavía más al alto mando del partido de la revolución. Los directivos tomaron a Barbosa como símbolo de lo que están dispuestos a hacer a todos los díscolos que pretendan seguir su ejemplo, pero no por eso mejora el conflicto interno. Barrales ha hecho un llamado a la paz a sus senadores, mientras muchos apuran a la presidenta a explicar a dónde exactamente se dirige el partido con elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina. Y en ese punto, el PRD no tiene más que o repetir su error de unir fuerzas con el PAN o tragarse su orgullo y aliarse a Morena para evitar una hecatombe mayor.

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