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Amancio Ortega, atacado por Podemos, o cuando la ideología impide tener ideas

Las fundaciones privadas ejercen una función que Podemos quiere obviar. Son la forma de incentivar a empresas y particulares a donar una parte de sus beneficios a causas de interés general. Ya sean sociales, sanitarias, culturales, deportivas, educativas o de investigación.

Amancio Ortega, atacado por Podemos, o cuando la ideología impide tener ideas
Pablo Iglesias. / Anamaría Tudorica
Pablo Iglesias. / Anamaría Tudorica

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

De nuevo Pablo Iglesias y otros candidatos de su partido, han atacado la donación que la Fundación Amancio Ortega ha hecho a los sistemas públicos de salud de todas las comunidades autónomas. Más de 300 millones de euros en tecnología sanitaria avanzada, que computan como gastos de capital. La crítica de Podemos tiene un doble objetivo: censurar al citado empresario de forma individual y criticar la política de gasto sanitario de los últimos años, fuertemente restrictiva.

En sus críticas, Podemos no se ha referido a las otras muchas fundaciones familiares ni a las muy numerosas fundaciones empresariales, ni ha valorado la relevancia social de las distintas actuaciones ni su transparencia o eficiencia. Ha personalizado en un empresario para enviar un mensaje simplista pero eficaz: quieren penalizar fiscalmente a los más ricos. Mensaje ambiguo pues ni la exacción fiscal sobre unos pocos puede ser desproporcionada, ni por sí sola solventará las necesidades crecientes de financiación de los programas de gasto público. Pero es eficaz pues señala a un enemigo común, los ricos, personalizados en quien encabeza el ranking hispano.

Va de suyo que el sistema fiscal progresivo puede ser mejorado y que el esfuerzo se repartirá de forma desigual entre los contribuyentes, en función de sus rentas y de otras variables. Pero el simplismo no debe llevar a engaño. El gasto público tiende a crecer hacia el infinito, especialmente en los servicios que no tienen techo de demanda, como es la sanidad. De ahí que censurar las vías complementarias de financiación sea cuando menos irresponsable. Porque ni sustituyen a las obligaciones de los poderes públicos, ni entran en contradicción. Son ayudas, puntuales o recurrentes, para determinadas iniciativas.

Las fundaciones privadas ejercen una función que Podemos quiere obviar. Son la forma de incentivar a empresas y particulares a donar una parte de sus beneficios a causas de interés general. Ya sean sociales, sanitarias, culturales, deportivas, educativas o de investigación. Dicha iniciativa privada ha permitido construir hospitales y facultades universitarias, escuelas e instalaciones deportivas, financiar programas de investigación, becas y un amplísimo catálogo de actividades. El interés que despiertan habla de su éxito. A pesar de que el marco legal en España no es excesivamente favorable a esa modalidad de iniciativa privada. Resaltemos que la característica más importante de una fundación privada, que debe ser salvaguardada siempre, es su libre iniciativa para decidir el ámbito de actuación.

Por otra parte, Podemos, de forma notoriamente irresponsable ha enviado un pésimo mensaje a las empresas españolas, lanzando una acusación genérica de evasión fiscal. Una campaña electoral, de por sí desaforada, no justifica ese tipo de acusaciones infundadas y arriesgadas. Merecemos gobernantes honestos pero también responsables, que midan sus palabras y los efectos negativos que pueden producir. Es difícil catalogar como responsables a quienes vierten falacias para señalar a los creadores de empleo. 

De la misma forma que necesitamos más empresas y de mayor tamaño, creadoras de empleo cualificado y orientadas al exterior, necesitamos un Tercer Sector, formado por las Fundaciones y ONG, más denso, más robusto, con personalidad propia y respeto social. Porque sus ayudas siempre cubrirán necesidades específicas, porque suponen en muchos casos modelos diferentes de gestión o de enfoque, porque dinamizan recursos privados que de otra forma no estarían disponibles y porque en ningún caso sustituyen a los poderes públicos. Estos actúan en un marco reglado, universal, financiado con impuestos. Ni hay confusión ni hay contradicción. Salvo para quienes, además de no querer ver, quieren confundirnos a todos. @mundiario