Alfonso Armada se lleva a la tumba el secreto de lo que realmente pasó el 23-F

Alfonso Armada. / Telecinco
Alfonso Armada. / Telecinco

Armada siempre se confesó leal al Rey de España y no usó nunca, sin permiso del monarca Juan Carlos I, una conversación entre ambos, vital para su defensa.

Alfonso Armada se lleva a la tumba el secreto de lo que realmente pasó el 23-F

Es inevitable referirse al intento de Golpe de Estado de 23-F, ante las evidencias de que la forma en que fue substanciado dejó abundantes dudas sobre el alcance, implicación y consecuencias del mismo. El propio Carrillo haría revelación menos conocida, es que tras el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, en el atardecer del día 24, cuando el Rey se reunió con los líderes políticos, hubo un acuerdo tácito para procesar solamente a un grupo limitado de mandos con la responsabilidad más aparente. “Se tenía conciencia de que en ese momento el sistema democrático no era bastante fuerte para encajar un proceso contra todos los que de una manera u otra, militares o civiles, habían estado implicados en la conspiración”, explicaba el secretario general del Partido Comunista, entonces.

En el primer epílogo de su libro exculpatorio “Al Servicio de la Corona”, el ex general Alfonso Armada escribe:

“Escribo estas líneas en la mañana del 4 de marzo de 1981. Hace una semana que he sido arrestado por el teniente general Gabeiras, y en el escrito en que me comunica el arresto no se indican las causas. Pero he leído la prensa. ¡Cuántas suposiciones! ¡Cuánta falsedad! ¡Cuánta calumnia! Tal como se están presentando los hechos, lo probable es que me procesen por mi intervención en los sucesos del 23 y 24 de febrero. La verdad es que estuve toda la noche tratando de sofocar la revuelta y no hice nada sin conocimiento y autorización superior”. 

“Me llena de indignación que piensen que he sido desleal al rey. ¡Desleal yo al rey! Nada más incierto. En mi última visita el 13 del mes pasado, en La Zarzuela, ya le dije que había descontento en el Ejército. No pude hablar del golpe del teniente coronel Tejero porque no sabía nada de él. Conté a su majestad todo cuanto yo sabía. Lo mismo hice con el teniente general Gutiérrez Mellado. Nunca he ocultado nada a mis superiores”. 

En el epílogo definitivo, el 25 de octubre de 1983, Armada se refiere a una conversación con el Rey el 13 de febrero de 1981, que según dice, no fue autorizado a emplear en su defensa, pese a pedirlo por carta manuscrita. Este hecho ha sido repetidamente ignorado o que dio lugar diversas interpretaciones, incluso atribuyendo a Armada un papel semejante al que el general Tojo asumió en el Japón con resto a la propia responsabilidad del emperador Hiro-Hito en las atrocidades japonesas de la II Guerra Mundial.

Armada  concluye su alegato: “Pedí a su majestad autorización para utilizar en mi defensa la conversación del día 13 de febrero en su despacho y que esta petición me fue denegada. Cumplí la orden, bien a mi pesar. Estoy convencido de que la carta llegó a su destino. Tengo pruebas escritas de ello”. 

Uno de los protagonistas del 23-F, el ex comandante Pardo Zancada, que tras estudiar Ciencias de la Información se doctoró en la materia en la Universidad Complutense de Madrid, en un documentado libro, titulado “23-F, la pieza que falta”, vuelve a sembrar la duda sobre el propio papel del monarca:

“Los monarcas no organizan nada, ni se espera de ellos que lo hagan. Tienen quien trabaje para ellos, con o sin su dirección o impulso. El general Armada ofreció una solución para ese cambio. El secreto de si la iniciativa fue del Rey o suya sólo lo tienen ambos, y en ese punto por más que sea un desiderátum general, no hay quien entre. Ahora bien: el nombre del Rey se utilizó. Lo invocó Armada, quería darle una salida a la situación por la vía de sustituir al que consideraba culpable de casi todo: a su rival, a Suárez. No sería honesto, no obstante, si después de todo lo leído y escrito sobre el tema no expusiese aquí, abierta y sinceramente, mi punto de vista personal sobre el origen de los hechos. Aunque pueda ser irrelevante, considero obligado expresar mi firme convicción moral de que fuera o no S. M. quien inclinó a Armada a actuar, el origen de todo estuvo en un contacto entre ambos, y que S. M. supo algo de lo que el general proyectaba. Que no conociese los de talles no quiere decir nada. Tampoco le hacía falta”.

Sabemos, y ahí está el testimonio de Carrillo, sobre la petición del Rey de prudencia, de que en el asunto del 23-F no se llegó a fondo, ¿pero hasta qué fondo? Algunas preguntas siguen esperando respuesta.

Armada se ha ido con ellas.

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