Una Alemania europea, la consigna del gobierno tripartito que lidera el socialdemócrata Olaf Scholz

Olaf Scholz. / Mundiario
Olaf Scholz. / Alexander Probst / Twitter @OlafScholz

Merkel deja la cancillería y se retira de la política activa. La sucede Olaf Scholz, cuyo gobierno está formado por socialdemócratas, verdes y liberales.

Una Alemania europea, la consigna del gobierno tripartito que lidera el socialdemócrata Olaf Scholz

Atrás quedan arduas negociaciones entre los tres partidos alemanes que estaban condenados a entenderse. Porque, aunque los números daban para otras alternativas, ya sea una coalición de CDU/CSU con Verdes y Liberales, ya sea una nueva edición de la Gran Coalición, la mayoría de los responsables cristianodemócratas entendió que el derrumbe electoral del partido conservador en las elecciones generales de septiembre había sido de tal calibre, que solo le quedaba una opción: el paso a la oposición. El derrotado candidato Armin Laschet no tuvo más remedio dejar el camino libre para un nuevo líder del partido, que será elegido el próximo mes de enero. 

Los partidos de la coalición “semáforo”, por el rojo de los socialdemócratas, amarillo de los Liberales y verde de los Verdes, se pusieron manos a la obra y en dos meses lograron plasmar un contrato de 177 páginas, con una clara apuesta por la lucha contra el cambio climático, la digitalización y una agenda europea que impulse la integración en dirección al desarrollo federal de Europa. 

Lo sorprendente fue que lo hicieron sin que salieran a la luz de la opinión pública a penas detalles de las luchas internas durante las negociaciones. Al final Verdes y Liberales lograron ponerse de acuerdo hasta en el tema quizás más controvertido que les separaba: cómo financiar las enormes inversiones estatales para fomentar las energías renovables en detrimento del carbón, sin aumentar los impuestos y el déficit público

En el Gobierno, el responsable de Economía y Medio ambiente será Robert Habeck, uno de los dos jefes de los Verdes y quizás el político actual más carismático. Se enfrenta a una tarea gigantesca: cómo conseguir que la industria alemana se mantenga tan competitiva como hasta hoy a nivel internacional, a pesar de tener que soportar un aumento de cargas por el plan contra el cambio climático más ambicioso jamás puesto en marcha por un ministro. Como ha calculado la revista Stern, será necesaria la construcción de 7 molinos de viento al día, si han de cumplirse las metas de Habeck. 

Un tema que preocupaba en Bruselas era el posicionamiento de los Liberales en cuanto a la creación del fondo contra la pandemia, muy criticado por los llamados “frugales”, el grupo de países formado por los Países Bajos, Finlandia, Austria, Suecia y Finlandia que sigue apostando por la austeridad. El liberal Christian Lindner, nuevo ministro de Finanzas, se ha desmarcado de esta posición, anunciando que Alemania no va a actuar “como el comisario del ahorro”. Lo que ha llevado a uno de los más distinguidos eurodiputados, el también liberal Guy Verhofstadt, a alabar en un artículo en Político las nuevas señales que llegan desde Berlín: “En Alemania habrá ahora un Gobierno deseoso de liderar Europa desde la posición de cabeza, ¡y cómo! ... Las estrellas se están alineando para una verdadera reforma de la UE.”

Que la copresidenta de los Verdes Annalena Baerbock sea responsable de Asuntos Exteriores, también ha sido recibida en Bruselas como una noticia positiva. En especial si supera pronto su falta de experiencia como líder de un ministerio tan complejo y su desconocimiento de los procesos de negociación y coaliciones en una Unión Europea tan laberínticos. Porque una visión nueva y fresca puede facilitar soluciones a temas complicados como la adaptación del Pacto de Estabilidad a la nueva realidad económica y el impulso a reformas necesarias, como la unión bancaria. 

Olaf Scholz. / Mundiario

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El garante número uno de una “Alemania europea” durante la próxima legislatura es el nuevo canciller Olaf Scholz. Hasta ahora vicecanciller y ministro de Finanzas bajo Angela Merkel, ya en los últimos años fue motor del giro europeísta de la Gran Coalición. Su biografía le señala como un político muy en la línea de su antecesora: quizás no siempre con un discurso brillante e ilusionante, pero si con uno que inspira confianza, también por su humildad y honestidad personal. Como demuestra su currículo, es un hombre de acción, con experiencia y con valores europeos arraigados. 

Nacido en Osnabrück en 1958, fue ministro de Trabajo y Asuntos Sociales entre 2007 y 2009, primer alcalde de Hamburgo entre 2011 y 2018, así como vicecanciller entre 2018 y 2021. En su partido fue ex presidente de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, entrando en el Bundestag por primera vez en 1998, asumiendo la secretaría general de la SPD entre 2002 y 2004 y siendo elegido vicepresidente de los socialdemócratas en 2009.

Ha tenido sus horas bajas. Por ejemplo, en 2019, cuando perdió las elecciones a secretario general de la SPD. Lo que no impidió que su partido lo nominara como candidato a la cancillería de Alemania para las últimas elecciones generales en septiembre de este año. O cuando siendo primer alcalde de Hamburgo, en 2017 durante la cumbre del G20 se dieron unos enfrentamientos muy violentos entre la policía y oponentes del evento, a pesar de su promesa de tener todo bajo control. O cuando en su etapa como ministro de Finanzas fue sujeto de investigación parlamentaria sobre el llamado escándalo de la empresa de cobros Wirecard, en cuyo proceso Scholz negó toda responsabilidad, eso sí prometiendo fortalecer la supervisión del mercado financiero. 

Pero también ha sido responsable de logros políticos de gran alcance: en respuesta a la pandemia de la covid-19, elaboró una serie de paquetes de rescate sin precedentes, como salvavidas para empresas y autónomos, logrando así evitar despidos masivos y capear la crisis mejor que muchos otros miembros de la UE. Supervisó la implementación de Next Generation EU, el fondo de recuperación de 750.000 millones de euros para paliar los efectos negativos de la pandemia, así como impulsar la protección climática y la digitalización. Y, por último, impulsó los esfuerzos para introducir un impuesto mínimo corporativo global y nuevas reglas fiscales para los gigantes tecnológicos.

La tarea más urgente de su Gobierno será parar la cuarta ola del coronavirus, que con tanta virulencia se está propagando en Alemania. Con 75.000 infectados algún día que otro, con las UVIS en los hospitales en varios länder a tope, con más de 100.000 fallecidos en total y el 30 de noviembre 444 en un día. Con un alto porcentaje de la población que se niega a vacunarse, a pesar de estas noticias alarmantes, siendo los más reacios los votantes del partido ultraderechista AfD con un 50%.

No ha sido bueno el largo período entre las elecciones generales y la confirmación parlamentaria del nuevo Gobierno, con el gabinete de Angela Merkel en funciones y los socialdemócratas, verdes y liberales ocupados en negociar un programa común. Ha habido un vacío de poder que ha retrasado medidas urgentes. 

Ahora, le toca a la coalición “semáforo” demostrar que tiene vocación de poner en marcha decisiones difíciles, pero necesarias para parar esta cuarta ola que tanto pánico está creando entre los alemanes. Ya no descarta la opción de una obligación general de vacunación en marzo de 2022. A partir del control de la pandemia, tendrá la mente y las manos libres para dedicarse a los otros problemas urgentes que deben afrontar el próximo año no solo Alemania, también la Unión Europea. ¡Que desafortunadamente no son pocos! @mundiario


El autor de este artículo también lo es del libro ¿Quo vadis, Europa? (Mundiediciones), a la venta en Amazon.

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