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El "albertismo" marca territorio en el nuevo PP

Las voces nada estridentes de Feijóo y Rajoy desentonaron en un ambiente enardecido por discursos que en más de un caso convocaban a las bases del PP a volver a las esencias de lo que fue Alianza Popular.

El "albertismo" marca territorio en el nuevo PP
Alberto Núñez Feijóo. / Xunta
Alberto Núñez Feijóo. / Xunta

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

El Pepedegá tiene un perfil propio al que no está dispuesto a renunciar. El partido históricamente hegemónico en Galicia, por la cuenta que le tiene, se distancia claramente del "nuevo" o "refundado" PP de Pablo Casado. Eso es algo que quedó patente en la convención de Madrid, en la que Feijóo despejó cualquier duda sobre su plena sintonía con el "marianismo" y lo que representa: una derecha templada, pragmática y con "sentidiño", autonomista convencida y socialmente avanzada.

Con su planteamiento ideológico de banda ancha, los populares gallegos son capaces de atraer a los votantes moderados del amplio espectro que va del centro liberal a la socialdemocracia clásica. He ahí la clave de su éxito. Tirando de datos, parece claro que fueron sectores que en otras latitudes o en otro tipo de elecciones votarían Ciudadanos o PSOE los que otorgaron al PP "albertista" sus sucesivas y amplias mayorías absolutas en O Hórreo.

Las voces nada estridentes de Feijóo y Rajoy desentonaron en un ambiente enardecido por discursos que en más de un caso convocaban a las bases del PP a volver a las esencias de lo que fue Alianza Popular, aquel partido ultraconservador, heredero del franquismo sociológico, que el mismísimo Fraga, su fundador, tuvo que reinventar varias veces para homologarlo con las derechas europeas y para que lo hicieran suyo las nuevas generaciones de españoles de tendencia liberal o democrata cristiana que desde la desaparición de UCD carecían de una opción centrista a la que votar.

Es probable que en el entorno más cercano a Casado no gustase nada que, en un debate con los barones regionales, don Alberto diera a entender que no le incomoda personalmente que desde Ciudadanos o Vox le tilden de "nacionalista" por su defensa de la lengua y la cultura gallega, algo que, por otra parte, también le echan en cara gentes del propio PP. Feijóo aprovechó la ocasión para reivindicar, aunque tímidamente, el galleguismo integrador que practica su partido desde la Xunta y que él ofrece como modelo de referencia y alternativo frente a las posiciones tanto centrípetas como centrífugas que quieren cargarse la España autonómica.

A la luz de los resultados de la convención de Madrid, parece evidente que Feijóo puede empezar a sentirse incómodo con la línea política de ese PP que ha vuelto por sus fueros y con clara intención de revisar el Estado de las Autonomías y determinadas políticas sociales (las de igualdad de género, por ejemplo) de las que el actual gobierno gallego ha hecho bandera. Ya se verá hasta qué punto este nuevo contexto puede condicionar su decisión de "recuncar" o no en 2020. Sin embargo, a don Alberto le queda la esperanza de que el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, su amigo político y personal Juan Manuel Moreno, se resista hasta donde pueda a que, como sucedió en Madrid o en Valencia en los años 90, la comunidad andaluza sea el laboratorio de pruebas de una "derechona" radicalizada y desacomplejada. Una derecha en todo caso incompatible con lo que Feijóo es y representa para la gran mayoría de los gallegos. @GaliciaMundiari