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MUNDIARIO

La agenda mundial para el desarrollo

Las Naciones Unidas se han esforzado por ofrecernos planteamientos teóricos y acciones concretas para el desarrollo humano, pero lo urgente es cambiar el paradigma de la agenda mundial para el desarrollo. Siguiendo a De Sousa Santos es necesario buscar la forma de descolonizar el saber y reinventar el poder. 

La agenda mundial para el desarrollo
Raíces, 1943. / Frida
Raíces, 1943. / Frida

Actualmente existen diversos planteamientos acerca del desarrollo humano: la etnoecología, que se centra en como los humanos se apropian de bienes de su ecosistema y se adaptan a este (o juegan a adaptarlo para su beneficio); la ecología política, siempre buscando nuevas propuestas de desarrollo minimizando nuestra huella ambiental; la sustentabilidad, que investiga nuestro equilibrio como especie con los recursos de nuestro entorno y por último, el género, un concepto controvertido para muchas personas pero que revela algo importante: cualquier planteamiento acerca del desarrollo del ser humano tiene que tener en cuenta la igualdad para llegar a la meta, es decir, a la sostenibilidad global. 

Las teorías críticas nos permitieron "existenciar" realidades que debían ser reveladas, darle forma a la otredad, emerger aquello que estaba oculto. En el pasado, debido a la colonización de muchos rincones del planeta por los países del Norte de Europa esta idea de otredad y de crítica quedó, en cierto modo, oculta.

En 1948 Simone de Beauvoir enunció que no se nace mujer, se llega a serlo y con esta propuesta filosófica desveló una realidad crítica: que la condición del género femenino es algo adjudicada a través del sexo por las tradiciones culturales, las costumbres, los roles y los estereotipos, con clara desventaja para la mujer. Parecido es lo que nos permite llevar a cabo una reflexión sobre la sostenibilidad global: esta solo puede ser posible incluyendo en la teoría y en la práctica la igualdad y la equidad entre todos los seres humanos que pueblan el mundo. 

A lo largo del tiempo el feminismo buscó construir opciones de oposición al patriarcado, en el presente hay que añadir algo más que la oposición: la construcción de verdaderas alternativas sociales para la convivencia de mujeres y hombres, porque el feminismo es eso, una teoría crítica de clara vocación inclusiva (y todo lo demás está lejos de ser feminismo). La sustancia del progreso son los pactos, la inclusión, las conversaciones democráticas, las oportunidades, las ideas de preservación de recursos, sobre todo de aquellos recursos que nos da la naturaleza y la síntesis de esfuerzos: pensemos, pactemos, respetemos. 

En las últimas décadas las luchas más encarnizadas por conservar su lugar en el mundo fueron protagonizadas por campesinos, por indígenas, por minorías étnicas, por personas que no habitan los centros urbanos modernos, por mujeres, por aquellos seres humanos que se encuentran aun hoy en la periferia del desarrollo. Las luchas de este siglo se llevan a cabo utilizando lenguas minoritarias que están siendo pisoteadas, clamando al socialismo, a los derechos humanos, a la dignidad, al respeto y a la tierra. 

En la década de los setenta Ester Boserup llevó a cabo diferentes estudios sobre el desarrollo humano que demostraron que los esquemas de desarrollo que hasta el momento habían sido propuestos y llevado a cabo por las grandes naciones no aseguraban mejoras significativas en la vida de las mujeres, ni de las del centro ni de las de la periferia sino que más bien las había privado de status y de oportunidades. Las Naciones Unidas declararon la década de 1975 a 1985 como década para el Avance de la Mujer y por vez primera se toma en serio que las mujeres aparezcan en la agenda mundial del desarrollo: las políticas se centran en la planificación familiar y el acceso de la mujer a las tierras, en las reformas legales y en el crédito. 

Sirvió de ayuda, no cabe duda, pero...¿se profundizó en la vida y en las experiencias de las mujeres de la periferia o simplemente se buscó incluirlas en el trabajo productivo?. Los años posteriores sirvieron de ensayo para las feministas, para contemplar la relación del poder con el género y para decidir estrategias de empoderamiento femenino. 

Alicia Puleo, pionera en el ecofeminismo, señaló como la mayoría de los miembros de movimientos e iniciativas en defensa de los animales y los recursos naturales son mujeres, indicó que también sucede esto si observamos las tareas de participación voluntaria en limpieza del medio ambiente. Esto no es así porque la mujer tenga una predisposición innata hacia la naturaleza, esto sucede porque se relacionan claramente los roles sociales asociados a la mujer históricamente con la naturaleza (papel de cuidadoras). La postura del ecofeminismo defiende que los problemas ambientales tienen su origen no en el ser humano (antropocentrismo) sino en el hombre (androcentrismo) criticando el pensamiento occidental en relación al desarrollo, la ciencia, la tecnología y la idea de estructura social. 

La clave de futuro está en dejar atrás las dicotomías, al igual que ocurre con la dicotomía que enfrenta a varón y mujer, hay que abandonar la idea de oposición entre cultura y naturaleza que tanto daño ha hecho al desarrollo humano: la naturaleza no es el estadio inferior al ser humano, la naturaleza no puede estar subordinada a este porque desde esa perspectiva a la naturaleza le ocurre lo mismo que le ocurre a la mujer en el mundo, que ha sido asociada con la irracionalidad para crear barreras de exclusión. 

Luchar por la igualdad tiene una gran dimensión ecológica y por eso casi ningún planteamiento político está en este momento por encima de la racionalidad y del humanismo feminista: hay que cambiar el paradigma, interpretar el mundo a través de la reproducción y de lo sostenible de la vida, hay que aspirar a transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal y también han de ser libertados de sus propias cadenas. @mundiario