El Gobierno de EE UU entra en un cierre parcial por falta de fondos

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. / Business Insider

La medida llega luego de que republicanos y demócratas no alcanzasen un acuerdo presupuestario en el Congreso.  El detonante ha sido la falta de acuerdo sobre la inmigración.

Donald Trump cumple un año en la Casa Blanca y no hay nada que celebrar. El presidente de Estados Unidos recibe su primer aniversario con la mayor y más humillante derrota: el cierre parcial de su administración pese a tener el control del Congreso. Este sábado en la madrugada el mandatario ha sido castigado por la falta de acuerdo presupuestario entre republicanos y demócratas en el Senado.

La medida supone un hito tremendo en la historia, pues por primera vez hay un parón de gobierno con un Congreso y una Casa Blanca controlada por el mismo partido. El último antecedente tuvo lugar en octubre de 2013, cuando la nación norteamericana tuvo que cerrar su administración por falta de fondos con Barack Obama en la presidencia del país. Aquella pausa se alargó durante 16 días. 

La jugada, entre otras cosas, supone que muchos de los servicios de la administración estadounidense serán cancelados y sus funcionarios no recibirán remuneración. En ese sentido, el diario español El País subraya que la decisión afecta a un 38% de empleados “no esenciales” y mantiene activos a aquellos destinados a tareas de seguridad, salud y defensa, así como la seguridad social.

Esta decisión se produjo luego de una intensa y dramática jornada. El viernes terminaba el plazo para que el Congreso extendiese el cheque que permite funcionar al gigantesco aparato burocrático federal. Pero la votación era incierta. Los republicanos lograron superar la prueba el jueves en la Cámara de Representantes con 230 votos a favor y 197 en contra. Sin embargo, la victoria seguía estando en el aire.

Estaba claro que el camino en el Senado sería el más difícil. Para triunfar, los republicanos debían lograr que la prórroga fuese validada por una mayoría cualificada de 60 votos sobre 100. El partido de Trump solo cuenta con 51 escaños. La cuestión era simple: para avanzar se necesitaba el respaldo de los demócratas. Y justo ahí estaba la mayor piedra del camino.

Los representantes del ala contraria habían dejado claro que no continuarían dando oxígeno a una Administración que ha pisoteado a los inmigrantes y puesto al borde de la deportación a casi 800.000 dreamers.

El magnate neoyorquino tampoco estaba dispuesto a ceder. La madrugada del viernes la Casa Blanca emitió un comunicado en el que advertía que no negociaría con los demócratas el estatus de los soñadores para lograr nuevos fondos y calificó a la oposición de "perdedores". "No negociaremos el estatus de inmigrantes ilegales mientras los demócratas mantienen a nuestros ciudadanos legales rehenes de sus insensatas demandas”, subrayaba el documento.  

Toda esta tensión se trasladó a la sesión del Senado. En ese punto era obvio que no se dirimía una cuestión presupuestaria, sino el futuro de los desheredados de Trump: los inmigrantes. La presión pudo más que las opciones. Los republicanos ofrecieron a los demócratas la extensión por seis años de un programa de salud para niños sin seguro a cambio de una prórroga por un solo mes. Nada funcionó.  “Si aceptamos ahora la propuesta de los republicanos, volveremos donde estábamos hace un mes y perderemos la capacidad para negociar”, llegó a decir el líder demócrata, Chuck Schumer.

Luego vino la votación. Y los republicanos perdieron: 50 votos a favor, 49 en contra. Las reacciones no tardaron demasiado en aparecer. "Esta noche, los senadores demócratas pusieron la política por encima de la seguridad nacional, las familias de militares, los niños vulnerables y la capacidad de nuestro país de servir a todos los americanos. No negociaremos el estatus de inmigrantes fuera de la ley mientras los demócratas toman a ciudadanos cumplidores de la ley como rehenes de sus demandas", zanjó la Casa Blanca.

El coste de este fracaso es inmenso. Y no sólo en términos económicos. El cierre de la administración da cuenta de la extrema fractura que se vive en EE UU. Además, deja al relieve la incapacidad de unas élites políticas y un presidente para llegar a un pacto que garantice el pleno funcionamiento del Estado. Los demócratas culparon a los republicanos y los republicanos a los demócratas.

Pero la realidad es que el detonante de la drástica medida ha sido -una vez más- la polémica forma de hacer política del jefe del Despacho Oval. La incapacidad para el diálogo, la obsesión con un muro fronterizo y el evidente desprecio contra los inmigrantes ha puesto al asediado Trump contra las cuerdas. El magnate neoyorquino decidió llevar al extremo sus decisiones y la bomba terminó estallando en sus manos. "Él ha sido el culpable de que no haya acuerdo; no su partido", señaló Schumer.

La guerra está lejos de terminar. Las negociaciones se reemprenderán este sábado. El Gobierno de Donald Trump ha insistido en que solo "reabrirá las negociaciones sobre la reforma migratoria" una vez que los demócratas desbloqueen las cuentas. Mientras tanto la administración continuará congelada. @mundiario