Los acuerdos con otros partidos, las autonomías y los agentes sociales, retos del Gobierno

El nuevo Gobierno posa en la escalinata del Palacio de la Moncloa antes de la reunión del Consejo de Ministros. / Twitter @desdelamoncloa
El nuevo Gobierno posa en la escalinata del Palacio de la Moncloa antes de la reunión del Consejo de Ministros. / Twitter @desdelamoncloa
Para el conjunto de la ciudadanía, más trascedente que la 'reconciliación' interna del PSOE, es el propósito de acuerdos con otras fuerzas políticas, los gobiernos autonómicos y los agentes sociales.
Los acuerdos con otros partidos, las autonomías y los agentes sociales, retos del Gobierno

En política y en lo que ahora llamamos relato –con cierta frecuencia, parece más relevante– hay momentos en que el desacuerdo extremo, el nivel de enfrentamiento y las posiciones encontradas parecen hacer imposible cualquier tipo de consenso. El desencuentro entre posiciones ideológicas enfrentadas parece eterno y poco o ningún espacio queda al diálogo y los pactos. La polarización política y la social, a menudo se retroalimentan y el ruido pasa de la sede parlamentaria a la calle y viceversa.

Algo así hemos vivido durante estos últimos años. Desde la crisis económica de 2008, más de una década de conflicto continuado. Las políticas austericidas, la intervención europea, el 15-M, la irrupción de la llamada nueva política, la desaparición de referentes clásicos de la política occidental, los chalecos amarillos, el crecimiento de la ultraderecha, el intervencionismo ruso, la llegada de Trump, la corrupción, la moción de censura, el desempleo juvenil, el yihadismo, el conflicto catalán… Un carrusel de enfrentamientos sobre los que la pandemia implosionó llenando de dolor, miedo y muerte las rendijas que se abrían a la esperanza. A las dificultades que suponía la gestión de una situación desconocida hubo que añadir los desencuentros institucionales y los debates partidistas. Ni siquiera en lo más duro de la pandemia hubo alivio ni tregua para quienes debían tomar decisiones dramáticas ante momentos nunca antes vividos. La tentación de sacar rédito a una situación extrema se impuso sobre la responsabilidad que debería haber guiado la actuación de todas las fuerzas políticas, en un momento tan difícil.

La vacunación masiva, la llegada de los fondos Next Generation EU y la aprobación del Plan de Recuperación suponen un punto de inflexión

Pero en la política, hay también un tiempo para la concordia, el acuerdo y el diálogo. La vacunación masiva, la llegada de los fondos Next Generation EU y la aprobación del Plan de Recuperación suponen un punto de inflexión que no puede –ni debe- ser obviado. Ni siquiera las cifras de contagios de esta “quinta ola” que nos ha llegado a hombros de la movilidad y las “alegrías” de los colectivos no vacunados (especialmente de las personas más jóvenes) doblega la curva de la esperanza ni apaga la luz que vemos después de este largo túnel. La carga hospitalaria no es ni parecida a la que vivimos hace un año o a principios de este 2021; menos hospitalizaciones, menos personas en las UCIs, pocos fallecimientos; una ola distinta. A la espera de la inmunidad de grupo, no debiéramos perder de vista la prudencia ni relajar en exceso, pero lo cierto es que el futuro se vislumbra radicalmente distinto. La ciencia nos ha regalado una herramienta magnífica para luchar contra la pandemia; los fondos europeos nos abren una puerta a llevar a cabo reformas en el sistema productivo que cambien el paso de este país y nos permitan caminar hacia el relevo generacional sin el trauma de la precariedad, el desempleo y la emigración juvenil.

Pero para que la ciencia avance es necesario invertir en conocimiento. Y para acertar con las claves del desarrollo social y económico sostenible hace falta algo más que gurús económicos, hace falta consenso social, trabajo en equipo y grandes acuerdos. La importante reforma del gobierno de España anunciada por el presidente Sánchez el pasado sábado da la impresión de ir en esa dirección: la de procurar nuevos acuerdos, bajar el tono de las disputas y acercar posiciones que, durante tiempo, parecieron irreconciliables.

Tanto los perfiles, como la experiencia y los proyectos que tienen por delante las personas que conforman el nuevo Ejecutivo, apuntan a un nuevo marco de buscar entendimientos y alianzas, frente a los importantes retos que afronta el país. No se trata de ser amables para una foto sino de tender puentes para cruzarlos juntos.

Las vicepresidentas Calviño y Díaz han insistido en que las inversiones solas no son suficientes para generar crecimiento ni confianza; hará falta reformas

Mucho se ha hablado de una reconciliación interna del PSOE, pero más trascendente es, para el conjunto de la ciudadanía, el propósito de acuerdos con las restantes fuerzas políticas, los gobiernos autonómicos y los agentes sociales, que ha enunciado tanto el Presidente como la nueva Portavoz, Isabel Rodriguez, así como todos y cada uno de los miembros del Gobierno. Las vicepresidentas Calviño y Díaz han insistido en que las inversiones solas no son suficientes para generar crecimiento ni confianza; hará falta reformas, encuentro y trabajar codo con codo desde todas las instituciones y desde la sociedad civil.

Es de esperar que el líder del PP, Pablo Casado, no se deje llevar por el discurso de enfrentamiento que le dieron buen resultado en Madrid (aunque pésimo en Cataluña). Debería, quizás, leer el momento social y cambiar el paso, dado que poco o nada pescará en la extrema derecha negacionista (y menos aún tras la sentencia del TC que da la razón a Vox, aunque sea por la mínima..) y tal vez el país necesita un partido conservador capaz de llegar a acuerdos amplios, transversales y de estar a la altura de las circunstancias.

Da la impresión de que Casado vive empeñado en una carrera absurda en la que siempre le ganará Abascal y no se da cuenta que, si sueña con ser algún día presidente del Gobierno, lo hará porque le vote una mayoría de personas, alejadas de cualquier discurso extremo, racista o xenófobo. Lo mismo cabe decir de los partidos secesionistas; los gestos hechos por el Gobierno de España han sido suficientemente explícitos como para merecer un cambio en el paso marcado desde Waterloo. Cataluña, España, está llena de personas que necesitan partidos políticos capaces de gobernar con luces largas, instituciones que piensen más en las necesidades de la gente que en justificar la propia existencia del aparato burocrático. Personas que esperan, ahora, acuerdos tras los enfrentamientos, diálogo tras las rupturas y sumar después de tantos años de restas. Lo ha entendido bien el presidente Sánchez; es de esperar que los demás también. @mundiario

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