Ábalos ante su momento más crítico: claves de un proceso que sacude la política

José Luis Ábalos y Koldo García ante el Tribunal Supremo. / RR SS.
La investigación por presunta corrupción en la compra de material sanitario durante la pandemia entra en una fase clave con declaraciones que intentan desmontar las acusaciones. El hijo del exministro José Luis Ábalos rechaza haber gestionado fondos de su padre.

El juicio por la conocida trama de las mascarillas, epicentro del llamado caso Koldo, ha arrancado en el Tribunal Supremo con un cruce de versiones que deja al descubierto la complejidad del entramado investigado. En una de las comparecencias más esperadas, Víctor Manuel Ábalos, hijo del exministro de Transportes, José Luis Ábalos, negó de forma tajante cualquier implicación en la supuesta gestión de dinero opaco vinculado a su padre.

Durante su declaración, el primogénito de Ábalos fue contundente: rechazó ser custodio de fondos ajenos y aseguró que, en caso de haber entregado dinero a su padre, este proceder sería estrictamente personal y no vinculado a actividad empresarial alguna. Además, negó haber utilizado códigos o sistemas de comunicación encriptados, desmarcándose así de las sospechas que apuntaban a prácticas de ocultación dentro de la presunta red.

Mientras tanto, el foco judicial también alcanza a los principales acusados. El exministro Ábalos y su exasesor Koldo García, considerados figuras centrales en la causa, afrontan peticiones de hasta 30 años de prisión por su presunta participación en un esquema de adjudicación irregular de contratos de mascarillas durante los momentos más críticos de la pandemia. Según la investigación, ambos habrían obtenido beneficios económicos a través de empresas vinculadas al empresario Víctor de Aldama, señalado por la Guardia Civil como pieza clave del entramado.

Aldama, que ha reconocido parte de los hechos y ha colaborado con la justicia, se enfrenta a una petición fiscal sensiblemente menor, de siete años de cárcel, lo que refuerza su papel como cooperador en la causa.

En paralelo, la causa salpica a otras figuras políticas, aunque estas han optado por marcar distancias. La presidenta del Congreso, Francina Armengol, y el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, han negado cualquier responsabilidad en la contratación de material sanitario con las empresas investigadas. Ambos sostienen que no intervinieron en decisiones favorables a dichas compañías y defienden la legalidad de sus actuaciones durante la emergencia sanitaria.

Las sesiones también han dejado testimonios llamativos, como el del hermano de Koldo García, quien reconoció haber recogido sobres con dinero en efectivo en la sede del PSOE para su hermano, aunque aseguró desconocer su contenido. Asimismo, admitió haber realizado pagos puntuales, como el alquiler de la expareja de Ábalos, que atribuyó a favores personales sin relación con actividades ilícitas.

Otro de los puntos de fricción en el juicio gira en torno a las pruebas obtenidas por los investigadores. La defensa ha puesto en duda la legalidad de algunas actuaciones, como la apertura de sobres o el seguimiento de entregas, sugiriendo posibles irregularidades en la obtención de evidencias.

El proceso, que se prolongará durante casi dos semanas y contará con decenas de testigos, se perfila como decisivo para esclarecer uno de los mayores escándalos vinculados a la gestión de la pandemia en España. En juego no solo están las responsabilidades penales de los acusados, sino también la credibilidad de las instituciones en un contexto especialmente sensible.

Con las primeras declaraciones sobre la mesa, el juicio avanza entre negaciones, justificaciones y acusaciones cruzadas, dibujando un escenario en el que la verdad judicial aún está por definirse, pero donde el impacto político ya resulta innegable. @mundiario