6.000 correos electrónicos vuelven a sonrojar al gabinete de Donald Trump

Scott Pruitt.
Scott Pruitt.

Scott Pruitt, jefe del Ministerio de Medio Ambiente, quiso convertir a Oklahoma en guarida y patio de juegos de empresas contaminantes para saltarse las regulaciones de Barack Obama.

6.000 correos electrónicos vuelven a sonrojar al gabinete de Donald Trump

Si el trabajo político de Donald Trump debiera ser resumido en un nombre, ese sería el de Scott Pruit. Pruit fue elegido por el empresario estadounidense para gestionar la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Se trata de un hombre que siempre se ha caracterizado por negar el cambio climático, por ser un firme defensor de industrias contaminantes y de alguien que presentó hasta 14 demandas contra la oficina que hoy preside cuando ocupaba la Fiscalía General de Oklahoma. Este hombre lleva apenas una semana en el cargo y, como queriendo competir con Michael Flynn, ya tiene listo su primer escándalo mediático-político: 6.000 correos que evidencian su sumisión con las grandes petroleras y generadoras eléctricas.

Según presenta el periodista Jan Martínez Ahrenz, estos correos se hicieron públicos por mandato de un juez en obediencia a una demanda de transparencia. El contenido de los mismos delata las alianzas que hizo Pruitt mientras era fiscal general del estado de Oklahoma, y muchas de las empresas más irresponsables con el medio ambiente.

Los correos son tan sólo una confirmación de lo que ya se sabía desde hacía años. Puntualmente, prosigue Martínez, sus acercamientos con la industria energética eran conocimiento común desde 2014, mas estas nuevas revelaciones terminan de comprometer su posición.

"Con el objeto de enfrentarse a las normas de Obama, el fiscal general Pruitt y su equipo se reunían con los directivos de las compañías afectadas y permitían que les escribiesen y reescribiesen las cartas oficiales que luego enviaban a la Administración federal", presenta Martínez Ahrens. Entre Pruitt y la industria crearon una estrategia común para hacer de Oklahoma el epicentro de sus actividades y huir de las regulaciones que imponía Barack Obama desde Washington.

Y en todo ese movimiento, Pruitt fue probablemente el hombre más importante. En su calidad de jefe del Ministerio Público, el ahora jefe ambiental contaba con acceso de primera mano a información detallada en el asunto y contaba como un interlocutor muy influyente.

Algunas compañías aprovecharon el contacto de Pruitt para explotar al máximo sus desvanecencias con la EPA. "Te adjunto un borrador de carta que un grupo de fiscales generales podrían enviar al director de la EPA y a otros en la Administración en respuesta a los intentos de ampliar la regulación de emisiones", escribió Bill Withsitt, vicepresidente de la gigante Devon Energy. "Si se envía, sugiero que se haga pública, al menos en el Capitolio y en publicaciones políticas", agregó. Pruitt no dejó lugar para ambigüedades en su respuesta: "gracias Bill, empezamos a trabajar con el borrador".

La encargada de forzar la publicación de estos mensajes fue la organización no gubernamental Centro para los Medios y la Democracia, y su iniciativa no ha hecho ninguna gracia en el Despacho Oval. Pruitt es uno de los grandes enemigos jurados de organizaciones ecologistas y demócratas, por supuesto. "Como agencia y como nación podemos ser pro-energía y empleo, y también pro-ambientales. No hay que elegir entre los dos", dijo sin pudor al asumir su actual cargo.

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