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MUNDIARIO

En 1974, la autodeterminación era una propuesta del PSOE

Mucho han cambiado las cosas en el PSOE, aparte del abandono del marxismo, desde que en en 1974, en el Congreso de Suresnes se proponía la autodeterninación de los pueblos de España para sus relaciones con el Estado.

En 1974, la autodeterminación era una propuesta del PSOE
Felipe González abandonó el marxismo y el derecho a la autodeterminación
Felipe González abandonó el marxismo y el derecho a la autodeterminación

En la llamada “Declaración de Granada”, de Julio de 2013, documento en el que queda fijada la política autonómica del PSOE, se advierten algunas contradicciones. Así por un lado se afirma: "Igualdad de derechos básicos de todos los ciudadanos, cualquiera que sea el lugar en el que residan. Sí a los legítimos hechos diferenciales, no a los privilegios o a las discriminaciones". Está claro, los españoles, residan donde residan, no pueden disfrutar de diferentes derechos políticos. Pero en la misma declaración leemos: “Necesitamos modificar el control constitucional de las reformas de los Estatutos de Autonomía para que no se repita el hecho de que el Tribunal Constitucional anule parcialmente un Estatuto que ya ha sido votado por los ciudadanos”.

Es evidente que se trataba de un guiño a Cataluña para evitar que pudiera repetirse el hecho de que el Estatut de 2006, apadrinado por Zapatero ("Aceptaré el Estatuto que envíe el Parlamento de Cataluña"), pudiera ser modificado como lo fue aquél. Pero tal y como quedaba redactado este punto suponía, nada menos, que hurtar al Tribunal Constitucional ejercer sus competencias como tal con carácter general en todo cuanto le atañe.

Quizá se dieron cuenta de que era un disparate y se matizó: "Efectivamente, uno de los primeros problemas que debe corregirse es la intervención del Tribunal Constitucional después del referéndum popular de aprobación de un Estatuto. Naturalmente no se trata de cuestionar, ni mucho menos de impedir, la intervención del Tribunal Constitucional para examinar la constitucionalidad de un Estatuto de autonomía, sino de ubicar el recurso y la sentencia con anterioridad a su sometimiento a referéndum. La recuperación singular y excepcional del recurso previo podría ser una buena solución".

La historia reciente

Aparte de este asunto, francamente delicado, que tampoco resuelve nada, lo cierto es que el examen de la historia reciente del PSOE con respecto a eso que en labios de un socialista suena raro, "los hechos diferenciales" entre los ciudadanos, presenta variadas contradicciones. Se supone que uno de los principios esenciales del socialismo es que los ciudadanos no pueden disfrutar de derechos políticos diferentes, según residan en un lugar u otro de un mismo Estado y diríamos, para el socialismo, del mundo entero como aspiración histórica y característica.

Suresnes1974                                        El triunfo de Felipe González en Suresnes

Parece que los independentistas catalanes no se han fijado en que, en 1974, en el famoso congreso de Suresnes, el PSOE saliente; es decir, el de los jóvenes Sevillanos que encabezaban “Isidoro”; o sea, Felipe González y Alfonso Guerra, “Andrés” (que tuvo un papel esencial en la redacción de los documentos), tras derrotar a Llopis, proponían nada menos que la autodeterminación de los diversos pueblos de España.

Copio las resoluciones:

"Ante la configuración del Estado español, integrado por diversas nacionalidades y regiones marcadamente diferenciadas, el PSOE manifiesta que:

1) La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español.

2) Al analizar el problema de las diversas nacionalidades el PSOE no lo hace desde una perspectiva interclasista del conjunto de la población de cada nacionalidad sino desde una formulación de estrategia de clase, que implica que el ejercicio especifico del derecho de autodeterminación para el PSOE se enmarca dentro del contexto de la lucha de clases y del proceso histórico de la clase trabajadora en lucha por su completa emancipación.

3) El PSOE se pronuncia por la constitución de una República Federal de las nacionalidades que integran el Estado español por considerar que esta estructura estatal permite el pleno reconocimiento de las peculiaridades de cada nacionalidad y su autogobierno a la vez que salvaguarda la unidad de la clase trabajadora de los diversos pueblos que integran el Estado español.

4) El PSOE reconoce igualmente la existencia de otras regiones diferenciadas que por sus especiales características podrán establecer órganos e instituciones adecuadas a sus peculiaridades".

Es evidente que, con respecto a la “autodeterminación”, el PSOE afinó su criterio y que en nuestros días no reconoce ese derecho, como tal, a ningún territorio de España, y sobre todo a Cataluña. El documento citado está preñado de contradicciones desde la propia doctrina socialista, en cuanto a que parece asumir algunos de los principios diferenciadores en que se fundamente la doctrina de la burguesía nacionalista, que tanto combatió Indalecio Prieto, en el caso de la derecha católica vascongada, el PNV, cuyos lendakaris juran su cargo, junto al árbol de Guernica, “de rodillas antes Dios”.

Es evidente que Suresnes queda muy lejos y que, en los últimos 44 años, el PSOE ha cambiado de equipaje varias veces en cuestiones entonces indiscutibles, como el marxismo como doctrina más que como método de análisis de la historia.

Aquell PSOE de radical

Es curioso que, en cierto sentido, el PSOE de entonces era incluso más radical o de izquierdas que el propio Partido Comunista que en marcha hacia el Eurocomunismo ya propiciaba la reconciliación para después del franquismo, como pragmáticamente impondría el propio Carrillo. Era entonces el PSOE partidario de la ruptura democrática y marcadamente republicano, cosa que hasta la misma ponencia constitucional mantuvo años después el recordado profesor Gómez Llorente.

Entre Suresnes (1974) y el l XXVII congreso del PSOE, el primero en España tras la Guerra Civil, celebrado en Madrid, en diciembre de 1976, en una ilegalidad tolerada, cambiaron muchas cosas y pese a que el eurocomunismo de Carrillo, Berlinguer y Marchais flotaba en el ambiente de que había habido una evolución del propio comunismo, el PSOE seguía con un discurso marcadamente marxista y radical a la vieja usanza. Es curioso porque recordaba mucho a las viejas proclamas del PCE:

"El PSOE se define por un método dialéctico de transición al socialismo que combine la lucha parlamentaria con la movilización popular en todas las formas, creando ‘órganos democráticos de poder de base (cooperativas, asociaciones de vecinos, comités de pueblo, barrios, etc.); que busca la profundización del concepto de democracia superando el carácter formal que las libertades políticas tienen en el estado capitalista accediendo a las libertades reales, que señale las reivindicaciones de cada momento, así como las alianzas que fueran precisas conectados con la perspectiva de una revolución socialista, ya que no puede existir libertad sin socialismo ni socialismo sin libertad".

El giro de 1979

Pero es en 1979 donde se va a producir un giro radical que configurará el PSOE de nuestros días: se va a abandonar el marxismo y el derecho a la autodeterminación. La nueva victoria de UCD produce una catarsis interna y se reconoce la necesidad de reconvertir el partido hacia la socialdemocracia y una visión distinta, la del Estado de las autonomías, que había configurado la recientemente aprobada Constitución.

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Pedro Sánchez debe evitar los errores del pasado

La apuesta de Felipe González por el abandono del marxismo fue arriesgada y su defensa de este giro en el XVIII congreso, en mayo de ese año es derrotada, lo que le obliga a dejar la secretaría general, como en un anticipo de lo que años después le pasará a Pedro Sánchez. Pero en el caso de González, apenas unos meses después, e septiembre de ese mismo año, regresa triunfador en todos los frentes: se impone el abandono del marxismo y recupera la secretaría general en un congreso extraordinario donde Gómez Llorente, Pablo Castellanos, Tierno Galván, Francisco Bustelo y otros dirigentes notables ver derrotadas sus tesis.

El PSOE dejó de ser un partido marxista y partidario de la autodeterminación de las viejas proclamas de Suresnes.

En las elecciones de 1982, el PSOE renovado lograba una victoria total e irrepetible.

Sobre todo esto debería reflexionar Pedro Sánchez y aprender de los propios riesgos a que con sus lances y cesiones ha llevado al PSOE, como quedó de en evidencia en la pérdida de votos en las pasadas elecciones andaluzas –ya que nadie duda que causó ese efecto- como la alarma de sus propios barones regionales sobre sus consecuencias que en el resto de España pueda tener su política con el nacionalismo catalán. El propio Felipe González se lo advirtió. @mundiario