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Los 1.051 de Gonzalo Caballero

Tener que conseguir avales de al menos un 20% de la militancia total de un partido es una tarea difícil, pero no por igual para todos los precandidatos.

Los 1.051 de Gonzalo Caballero
Gonzalo Caballero en la agrupación socialista de A Coruña.
Gonzalo Caballero en la agrupación socialista de A Coruña.

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Pilar Muiños

Pilar Muiños

Docente e investigadora en m-learning. Directora de EIP Galicia y colaboradora de MUNDIARIO.

Es cierto que este artículo se podía haber titulado “Los 1.051 de Juan Díaz Villoslada” o ”Los 1.051 de Joaquín Fernández Leiceaga”  o incluso para generalizar “Los 1.051 de un precandidato a Secretario General del PSdeG" , porque ése es el número de avales que capacitan a un militante a ser candidato a Secretario General del PSdeG: el 20% del total de la militancia. Pero reunir un 20% de avales de la militancia no es tarea fácil. Y es evidente que es una tarea que  no tiene la misma dificultad para unos u otros.

Después de la elección de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE, seguir teniendo que conseguir una cantidad tan elevada de avales para el mero hecho de poder optar unas primarias (porque no nos olvidemos que  sin más de un candidato, no hay primarias ) no deja de ser  una muestra de lo que todavía debe cambiar el partido socialista, y de la necesidad que tiene de hacerlo. Y por supuesto demuestra que el sistema de primarias actual no es el  mejor.

Porque según la Real Academia de la Lengua,  el aval  es una “garantía que alguien presta sobre la conducta o cualidades de otra persona”.  Es decir, un militante con su aval lo que estaría haciendo es reconocer la valía y cualidades de una persona para el cargo al que se presenta.  Y si es así, puede suceder que los que se presenten tengan cualidades más que suficientes para el cargo, por lo que un mismo militante podría reconocerle  la valía a varios.  Avalar solo a una persona implica no reconocerle la valía o capacidad para el puesto al resto.

Pero parece que el sentido que se le da a la palabra aval actualmente es de la segunda acepción de la RAE: una “obligación que alguien adquiere de hacer aquello a lo que otra persona se ha comprometido, en caso de incumplimiento”. Es decir, que un militante que avale a otro adquiere la obligación de votarle para lo que le ha avalado. Y si eso es así parece que el sistema también hace aguas por esta vía. Si no, véase el resultado de las primarias a la Secretaria general del PSOE.  Susana Díaz recibió casi mil votos menos que avales había presentado para ser candidata. Porque además de lo que diga la RAE en esas dos definiciones, un aval es un documento que un militante firma con nombre, apellidos y DNI que le obliga, en caso de avalar, a posicionarse públicamente a favor de un determinado precandidato. Y a veces alguno no puede hacer públicamente lo que le sale del corazón o de la razón,  sino lo que le manda la obligación.  Pero como el voto es secreto, el día de la elección su corazón o su razón  ya no están cautivos y hace libremente lo que le apetece.

Sea cual sea el significado al que nos ajustemos de la palabra aval, ¿es de verdad necesario, que sea un 20%? Probablemente sí, si lo que queremos es que este sistema de primarias sea ya un sistema disuasorio. ¿Qué militante que no tenga una cierta infraestructura en la que apoyarse es capaz de dar el paso y meterse en la lucha para conseguir ese 20% del total?  ¿Cómo puede un militante de base dedicarse a convencer a sus compañeros y compañeras que no solo tiene la valía suficiente para ser secretario general  sino también  para de alguna manera convencerles que su valía es mejor que la de otros para hacer que se comprometan con su causa y conseguir su aval?

La respuesta quizá sea solo con valentía, mucha, y esfuerzo, más. Valentía porque en estos tiempos dedicarse a la política tiene poco de glamour y mucho de resistencia, porque hay que estar preparado a someterse a las críticas, y porque probablemente en cada militante hay un secretario general en potencia que sabe cuál es la solución a todos los problemas de su partido. Y hace falta esfuerzo, porque para llegar a esos 1.051 militantes dispuestos a firmar un documento, hay que recorrer muchas agrupaciones, hablar con cientos de militantes de casi toda la geografía de Galicia, escucharles, ponerles cara y  dar respuestas. Y todo sin el apoyo que puedan tener otros compañeros, simplemente por la propia visibilidad que le da a alguien tener un cargo orgánico o institucional.

Pero esos 1.051 avales que tiene que conseguir Gonzalo Caballero son una clave esencial  para que haya unas primarias de verdad en el PSdeG. Por eso “Los 1.051 de Gonzalo Caballero”. Por  las personas que hay detrás de ese número, por los kilómetros recorridos, por las agrupaciones visitadas,  por la ilusión generada. Esa es  la materia prima necesaria para que exista un elemento diferenciador que le de voz a la militancia de base que quiere que algo nuevo pase en el PSdeG.