Von der Leyen y Borrell: una historia de éxito, un final con reproches

Ursula von der Leyen y Josep Borrell. / Comisión Europea
Ursula von der Leyen y Josep Borrell. / Comisión Europea
El tándem más carismático de la Comisión Europea, que con su liderazgo ha dado prestigio a la institución, termina su mandato enfrentado. La presidenta quiere seguir al mando en Bruselas, su jefe de la diplomacia piensa en dejarlo.
Von der Leyen y Borrell: una historia de éxito, un final con reproches

A los dos años de que Rusia invadiera Ucrania, tenemos en el recuerdo una pregunta de Josep Borrell, Alto representante de la UE para Política Exterior: ¿está Europa dispuesta a defender a un país de una potencia nuclear que destina un 30% de su presupuesto a defensa? Son palabras incluidas en una entrevista concedida hace poco a El País, y su contenido no puede estar más de actualidad.

El otro gran tema geopolítico que genera miedos en Europa es el salvaje ataque terrorista de Hamás en Israel y la cruel respuesta del Gobierno de Netanyahu, matando a más de 30.000 palestinos en Gaza. Según la politóloga Máriam Martínez-Bascuñán, el mundo se encuentra en una fase de creciente brutalidad del orden internacional: la ley del más fuerte se impone siempre más, mientras los valores europeos palidecen y la arquitectura de paz que nació tras la II Guerra Mundial se agrieta.

Para Borrell, este miedo de los europeos es lo que más miedo le da: “Es un miedo difuso. Un horizonte de desconfianza que todo lo empapa. Con una guerra aquí al lado y otra muy cerca. Con sacudidas en África y la sospecha que pueden llegar inmigrantes de forma descontrolada. Con una defensa que subcontratábamos a EE UU, un paraguas militar que a lo mejor cierra Trump, con energía barata que ya no va a venir de Europa, con la certeza que estamos perdiendo mercados en Asia”.

Para añadir: “Somos un continente que envejece en un mundo joven, de ahí la mezcla de miedo e incertidumbre.  Contra eso siempre hay quien ofrece una respuesta clara, simple y falsa: los ultras, esos liderazgos hipermusculados que nos dicen 'somos fuertes, se van a enterar'”. 

Cree que las elecciones europeas van a ser fundamentales, entre otras cosas primero, para parar el auge de la ultraderecha. Segundo, para afianzar el despertar geopolítico de la Unión Europea, Y tercero, para asegurar que también mañana Ucrania tenga más apoyos más deprisa. Aunque la ayuda civil, militar, económica y humanitaria de la UE a Ucrania supera a la de los Estados Unidos de América, Borrell insiste que hay que dejar claro a Rusia que Europa no está cansada de la guerra ni permitirá que la gane: “Putin no ha ganado aún, pero Europa tiene que despertar”.

¿Hasta qué grado? ¿Enviando tropas occidentales al frente de contienda, como sugirió hace unos días el presidente francés Emmanuel Macron en una cumbre con una veintena de dirigentes de la UE y la OTAN en París? No hay consenso en este asunto, pero sí en la necesidad de acelerar la producción de armas para Ucrania. ¿Poniendo las armas nucleares francesas al servicio europeo, en caso de que Donald Trump gane las elecciones norteamericanas y retire los más de 100.000 soldados estacionados en Europa? El tema está siendo vehementemente discutido en Alemania, con el canciller Olaf Scholz sin tomar posición, como casi siempre. ¿Avanzando hacia un ejército europeo que verdaderamente merezca este nombre? Los intentos en esta dirección siguen siendo solo intentos. ¿Nombrando un Alto Representante de la UE para Defensa, como ha propuesto Ursula von der Leyen? Borrell se muestra escéptico, porque “la Comisión no tiene competencias en materia de defensa, solo en la industria de defensa. Me gustaría saber qué base jurídica tiene su propuesta”.

En la entrevista, Borrell critica abiertamente a la presidenta de la Comisión en dos asuntos más. Por su primera visita a Tel Aviv, en la que defendió el punto de vista alemán, es decir el derecho de Israel a defenderse sin límites. Esa posición “tan absolutamente proisraelí, sin representar a nadie más que a ella misma en una cuestión de política internacional, ha tenido un alto coste geopolítico para Europa”. Y por postularse a un segundo mandato. Según Borrell, es lícito que lo quiera, “pero no que pretenda atribuirse personalmente todos los éxitos: hay un colegio de comisarios de distintos colores políticos que han tomado decisiones, debería cuidar más la neutralidad¨.

Una pena que un dúo que tanto prestigio le ha dado a la Comisión durante los últimos cinco años termine su mandato con señales de enfrentamiento, solo explicable por el fuerte carácter de los dos políticos. Ambos brillantes, excelentes comunicadores y eficaces gestores, con sus colegas tuvieron que lidiar con una sucesión de crisis de enorme magnitud a las que respondieron con programas creativos y avances en la integración. Primero, una pandemia que pilló a Bruselas y todo el mundo por sorpresa: no solo lideró el esfuerzo común para desarrollar vacunas eficaces, también una campaña de vacunación que fue un éxito. Segundo, la invasión de Rusia en Ucrania: la Comisión no solo logró una unidad remarcable entre los 27 miembros de la UE, poniendo en marcha una ayuda masiva e inmediata a Ucrania, también eliminó la dependencia del gas ruso. Y tercero, el bache económico, al que la Comisión dio respuesta con el gigantesco programa Next Generation EU: un fondo de 723.800 millones de euros, la mitad en subvenciones, financiado con deuda comunitaria y con la misión de impulsar la digitalización y la lucha contra el cambio climático.  

El plan, según El País, “una especie de prueba de supervivencia sobre cómo podría funcionar la Unión Europea en el futuro”, avanza con dificultades. En España “se enfrenta a dos años de vértigo en la aplicación de los fondos comunitarios. El Gobierno debe realizar más reformas y hacer que las subvenciones y los préstamos lleguen a las empresas”. De los 216.000 millones de euros asignados hasta 2026, la agencia de comunicación Llorente y Cuenca calcula que la adjudicación a beneficiarios para actuaciones concretas rondaría el 46% de la dotación original.

Von der Leyen también ha tenido que posponer alguna reforma de su pacto verde, por las protestas masivas de agricultores en toda Europa, así como prometer menos burocracia. Pese a estos reveses, es de momento la apuesta más firme para liderar una nueva Comisión que, según ella, tiene dos retos importantes por delante: impulsar la competitividad de la economía europea y la puesta en marcha de una defensa común. 

La candidata de 65 años resalta lo que nos jugamos en las próximas europeas del 9 de junio: “la democracia, el Estado de derecho y la paz que hemos construido juntos. Nuestros oponentes, Putin y sus amigos, ya sean de AfD (Alternativa para Alemania), Marine Le Pen o Geert Wilders o cualquier otra fuerza extrema, ven la democracia en Europa como un obstáculo que quieren destruir … Por eso es tan importante que la gente ayude a mantener Europa. Por eso es tan importante votar”.

En opinión de Bernardo de Miguel, exdelegado de El País en la capital europea, von der Leyen ha conseguido algo que solo el hace poco fallecido Jacques Delors logró: que sea reconocida como “una de las grandes protagonistas de la escena europea, e, incluso, mundial … Por primera vez, buena parte de la opinión pública ha puesto cara a Bruselas”. @mundiario

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