Las voces blancas de los niños de San Ildefonso cantando la lotería siembran la ilusión

Lotería de Navidad 2024. / RR SS.
Pero la verdadera lotería, la que de verdad transforma la existencia, rara vez cae del cielo, se construye con esfuerzo y constancia, con pasos pequeños, con noches de estudio y días de trabajo.

La Lotería Nacional es el juego de azar con más arraigo en España y dentro de ella el sorteo con más tradición es el de esta mañana que moviliza a millones de españoles y marca simbólicamente el comienzo de las fiestas de Navidad. Cuando las voces blancas de los niños de San Ildefonso irrumpan en el suelo patrio el país entero entra en una especie de trance y durante unas horas la rutina deja paso a la ilusión de millones de personas que escuchan el cántico de los números con una mezcla de emoción y nerviosismo. 

Hasta que los bombos empiezan a girar todos los que guardamos un décimo o una modesta participación somos potencialmente ricos. La posibilidad muy remota, pero viva, de que la suerte nos sonría crea un clima de complicidad colectiva, la imaginación vuela y todos pensamos lo que haríamos si fuéramos tocados por la fortuna, desde pagar deudas, remodelar nuestra casa, regalar tranquilidad a los nuestros o simplemente darnos un pequeño homenaje

El Gordo seguramente pasará de largo y entonces aún queda las pedreas, esos pequeños premios que no cambian vidas, pero mantienen viva la chispa de la ilusión. Son como las brasas que siguen ardiendo cuando el fuego parece extinguirse que permiten recuperar algo de lo gastado, un pequeño consuelo que ayudan a sonreír y seguir compartiendo el sueño colectivo que por unas horas convierte a un país entero en un territorio donde todo parece posible.

Ahora bien, con el juego de la lotería y otros juegos de azar conviene no hacerse muchas ilusiones. La fortuna, que suele ser esquiva y caprichosa, nunca llega cuando se la espera o cuando más se la necesita. Pero sí conviene mantener la ilusión porque sin ella el sorteo no tendría sentido. Lo verdaderamente valioso no es la probabilidad de que nos toque el gordo, tan remota que casi parece burlarse de nosotros, sino ese ritual emocional que nos recuerda que seguimos siendo capaces de esperar algo bueno un día como hoy.

Cité en algún año anterior el consejo de un paisano leído que, tal día como hoy, recordaba a su numerosa familia y amigos el pareado “se queres que che toque a lotería, durme de noite e traballa de día”, frase cargada de sabiduría popular que entiende la vida mejor que cualquier juego de azar en el que la suerte puede ser un destello, pero el esfuerzo diario y el trabajo de día es una luz permanente. La verdadera lotería, la que de verdad transforma la existencia, rara vez cae del cielo, se construye con esfuerzo y constancia, con pasos pequeños, con noches de estudio y días de trabajo.

Aun así, no hay contradicción entre la ética del esfuerzo y los sueños de este día que nos recuerdan que no debemos perder las ilusiones. La magia de Navidad está también en la capacidad de soñar juntos, aunque sea por unas horas y en el equilibrio entre realidad y sueño se esconde la verdadera riqueza. @mundiario