El valor de los éxitos deportivos para una ciudad

undefined
La afición del Dépor celebra la vuelta del fútbol profesional a la ciudad ./ @piaches_tarde
Un campeonato de liga, mantener la categoría, un ascenso a la ACB o el retorno al fútbol profesional, son ejemplos de logros deportivos que se celebran masivamente en varias ciudades a lo largo y ancho de la geografía española.
El valor de los éxitos deportivos para una ciudad

Estamos en mayo, mes en el que el calendario deportivo marca el cierre de la mayoría de las competiciones. A medida que finalizan los campeonatos afloran en los medios las imágenes de ciudades que salen a la calle a celebrar con pasión desbordante los éxitos de sus equipos. La capacidad de movilización social de los éxitos deportivos pone sobre la mesa al final de cada temporada, de manera recurrente, la cuestión de la repercusión económica de los equipos en sus ciudades anfitrionas.

La euforia, que en lo deportivo está sobradamente justificada, no debería llevarnos a valoraciones precipitadas sobre la magnitud del impacto que los equipos profesionales generan en las economías locales en términos de creación de renta, riqueza y empleo. Magnificar estos efectos se puede compadecer bien con la intuición, pero las valoraciones más optimistas no siempre están avaladas por estudios rigurosos e independientes. No es oro todo lo que reluce y, en particular, no conviene perder de vista que parte de los impactos que suelen destacarse suponen más una redistribución que una creación nueva de riqueza.

Si bien la verdadera dimensión de los efectos económicos es un tema que debe estar sujeto a ciertas cautelas, lo que resulta menos controvertido es que estas celebraciones son una manifestación de los efectos externos asociados a unas empresas -los clubes- que no sólo fabrican entretenimiento, sino que asociado al mismo surgen una serie de subproductos de los que disfruta una parte significativa de la población residente sin necesidad de pagar por ello y sin que se pueda excluir a nadie de su disfrute.

Entre los efectos derivados de contar en una ciudad con un equipo que compita en la élite de un deporte con cierta implantación social se suelen apuntar la autoestima colectiva, el orgullo cívico, el sentido de pertenencia, la identidad colectiva y la imagen, prestigio, reputación y proyección exterior de la ciudad. El denominador común de todos estos subproductos vinculados a la “producción de eventos deportivos” es que se trata de impactos intangibles que no tienen un precio, pero sí un valor, que en ningún caso se debe ignorar a la hora de efectuar un análisis coste-beneficio de la presencia de un club profesional en una ciudad. Es más, me atrevería a decir que no deberíamos renunciar a valorar monetariamente estos efectos, aunque sólo sea de modo aproximado.

La asistencia a los partidos que disputan los equipos y el seguimiento de su trayectoria deportiva no sólo ofrece la posibilidad de disfrutar de un espectáculo, sino que también ofrece oportunidades de socialización. Tanto es así que algunos de estos clubes son instituciones muy arraigadas en la comunidad y en la práctica constituyen plataformas sobre las que se crean vínculos de los residentes con dicha comunidad. En cierta medida, estos equipos actúan como anclajes sociales y su existencia proporciona un mecanismo generador de identidad colectiva y, en última instancia, de capital social.

Sociólogos, psicólogos sociales, antropólogos, filósofos y, también, economistas, tienen mucho que aportar en la explicación de la naturaleza y el valor -tanto a nivel individual como colectivo- de este tipo de efectos. Pero de momento, quedémonos con que el goteo de celebraciones propio de estas fechas invita a pensar que se están convirtiendo en una especie de rituales simbólicos cuyo valor social no conviene subestimar, sobre todo, en la medida en que afectan a la capacidad de formar comunidades y mantener una identidad colectiva.  

En definitiva, preservar del valor económico y social que un equipo profesional tiene para una ciudad puede considerarse una prioridad, pero, en todo caso, dicho valor requiere ser evaluado en su justa medida, sin sesgos más o menos interesados. @mundiario

Comentarios