La Unión Europea: una unión imperfecta
Por mis frecuentes críticas al actual funcionamiento de la Unión Europea pudiera parecer que estoy en contra de la unión. Nada más lejos de la realidad. Mis criticas apuntan tanto a su naturaleza como a su funcionamiento y sus políticas. Unas críticas que se apoyan en la tesis de que en la actual Unión Europea, como decimos los gallegos, “o carro vai por diante dos bois”. En otras palabras: se potenció una unión financiera y comercial sin tener construidas las bases políticas que guiaran aquellas y así, dado que los mercados no son perfectos como nos tiene demostrado la historia, esta Unión Europea va de crisis en crisis. Una Unión Europea que cada día que pasa parece estar más lejos de promover “un desarrollo armonioso, equilibrado y sostenible de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un alto nivel de empleo y de protección social, la igualdad entre el hombre y la mujer, un crecimiento sostenible y no inflacionista, un alto grado de competitividad y de convergencia de los resultados económicos, un alto nivel de protección y de mejora de calidad del medio ambiente, la elevación del nivel y la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros” (Art. 2. Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea). Confróntense estas propuestas con la realidad.
Una Unión Europea en la que los cuatro grandes retos que tuvo que enfrentar en las últimas dos décadas (la crisis bancaria, la crisis del euro, la pandemia de la COVID.19 y la guerra en Ucrania) han dejado en evidencia tanto las debilidades de su construcción como lo erróneo de sus políticas que, como señalaba, la alejaron de sus misiones fundacionales, la llevaron de crisis en crisis con un crecimiento de las desigualdades internas tanto a nivel social como territorial y una perdida creciente de influencia a nivel internacional.
Una situación fruto de errores políticos que en base a dogmas como “la perfección de los mercados” han llevado a esta unión a olvidar que la acción política es fundamental, decisiva no solo para el progreso y el bienestar social de los ciudadanos sino también para el crecimiento económico duradero y sostenible. Que una unión económica y monetaria (UEM) no puede funcionar de forma razonable ni evitar las crisis recurrentes si no está protegida por una unión política que dirija y controle las primeras.
Lo estamos viendo ahora con la guerra en Ucrania. A pesar de que, sumando las partes, la Unión Europea tiene un poderío económico, comercial y militar superior a Rusia carece de la dirección política imprescindible para hacer frente a la ofensiva militar rusa y parar una guerra que está destrozando Ucrania y sometiendo a su población a un castigo y un sufrimiento que no se merece. Una carencia que explica el desbarajuste actual creado en Europa con París y Londres (que no está en la Unión) hablando de enviar “una fuerza de paz” a Ucrania (para lo que cuentan con el apoyo de Bruselas) lo que supondría confrontar directamente con Moscú, mientras Berlin, Madrid, Lisboa y otras capitales europeas se oponen porque lo ven prematuro.
Un déficit político que se traslada a todas las esferas de actuación y muy especialmente a las políticas económicas (monetaria, fiscal, comercial, medioambiental…) y que, como señalaba antes, es fruto de la adopción por parte de la Unión Europea de una serie de dogmas, sin fundamento científico, propios de una ideología (ordoliberalismo o neoliberalismo a la alemana) que ha demostrado sobradamente su fracaso. Por si no hubiera suficientes pruebas ahí está la evidencia de que, al día de hoy, la economía de la Unión Europea en su conjunto todavía no ha salido de la gran recesión que tomó cuerpo con la crisis bancaria (2009). No ha salido por las dos razones citadas anteriormente: la falta de una dirección política a nivel europeo y la adopción de unas políticas claramente erróneas e inválidas para una unión de países con grandes diferencias entre sí. Es fácil de entender que la segunda razón está totalmente condicionada por la primera. En el fondo trasluce la evidencia de que los estados que forman la unión, sus dirigentes, mientras no han puesto reparos a la cesión de soberanía en asuntos económicos y monetarios (una cesión suicida) sí han ofrecido una fuerte resistencia a una paralela cesión de soberanía en materia política, lo que ha dejado absolutamente huérfanos a los primeros y a la deriva a la unión.
En un próximo artículo trataré de explicar las claves de la unión política que considero necesita la UE. @mundiario