La Unión Europea: un faro en el panorama de caos que nos rodea
En un editorial reciente, MUNDIARIO se preguntaba: ¿Debe seguir Hungría en la Unión Europea? Se criticaba que el veto sistemático de iniciativas claves en política exterior por parte de su presidente Viktor Orbán, como en la reciente cumbre de Bruselas la declaración de apoyo a Ucrania, debilita la posición geopolítica de Europa frente a Rusia y China.
Yo recomendaría que no tengamos miedo a que haya un socio en el Club de los 27 dispuesto a asumir siempre que puede el papel del malo de la película. Así, los demás tienen que afilar sus argumentos para convencer no a Viktor Orbán, que parece una misión imposible, pero a sus aliados como Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia, que votó con la mayoría. Aunque admito que hoy, más que nunca, sería deseable que la Unión Europea se expresase con una sola voz, no con 27. Un desafío difícil a corto plazo, pero necesario a medio y largo. Por eso es urgente insistir en reformas políticas que conviertan a la Unión Europea en unos Estados Unidos de Europa.
Quizás el huracán global que estamos viviendo actualmente por culpa de Donald Trump sea el aliciente necesario para estas reformas. Porque la Unión Europea siempre ha avanzado, cuando había crisis y caos. Como hoy, a raíz de que el presidente de los Estados Unidos de América haya roto unilateralmente los lazos transatlánticos, pasando de ser hasta hace poco un socio fiable a actual con hostilidad hacia los aliados del Viejo Continente. En un mundo donde parece que solo se respeta la fuerza bruta, la Unión Europea se encuentra en una posición vulnerable, porque se ha construido sobre la base del Estado de derecho y no del poder militar o la coacción económica.
En la agenda actual, el tema de seguridad externa está en el centro de atención. Con la intención de seguir apoyando a Ucrania y construir una defensa militar común que no dependa del mandamás de turno en Washington. Hace poco, la Comisión Europea dio un paso importante, al proponer un plan de rearme que aspira a movilizar 800.000 millones de euros y, por primera vez, dar vía libre a emitir deuda común por 150.000 millones de euros en forma de préstamos, garantizados por el presupuesto europeo, para proyectos militares paneuropeos y compras conjuntas de armas. El éxito del plan dependerá pues de que las capitales europeas tengan voluntad política de aumentar los gastos en defensa. También Berlín.
Los desafíos europeos del nuevo Canciller: tras las elecciones en Alemania. / YouTube
¿Cómo se ha posicionado Friedrich Merz en este contexto? Esa es la pregunta que me hizo hace unos días la prestigiosa Fundación INCIPE, invitándome a una conferencia (YouTube/INCIPE). Mi respuesta: anunciando el más que probablemente nuevo canciller un giro radical de la política fiscal de Alemania, el adalid de la austeridad en épocas anteriores. Poniendo en marcha un fondo especial para inversiones en infraestructuras de 500.000 millones de euros, además de un cambio en la Ley Fundamental para suspender el hasta la semana pasada válido techo de deuda, fijado en el 0,35% del PIB anual – lo que permitirá un futuro gasto en defensa sin límites. Y defendiendo que Bruselas cambie las reglas fiscales, para que no se penalicen los déficits en inversión militar. Y eso por más tiempo que el sugerido por la Comisión Europea, que es de cuatro años. ¡Ver para creer!
El hasta hace poco convencido atlantista Merz se ha posicionado hombro con hombro con Macron, el líder europeo más empeñado en diseñar una estrategia de seguridad europea para blindar a Ucrania tras la guerra e impedir otra agresión rusa a cualquier país europeo. Da esperanza a que en el futuro el eje París-Berlín se reavive nuevamente como impulsor de avances en el proceso de integración de la Unión Europea, como en tiempos de Helmut Schmidt y Valéry Giscard d´Estaing o de Helmut Kohl y Françoise Mitterrand. Épocas pasadas que se han añorado en las últimas décadas y que hoy son más necesarias que nunca.
A este dúo le podemos añadir el polaco Donald Tusk, que está sorprendiendo por sus dotes de liderazgo en estos tiempos de crisis, a la italiana Georgia Meloni, que está dando muestras de que con ella Europa puede contar más de lo que se podía esperar, al presidente del Consejo Europeo, el portugués Antón Costa, que está mostrando gran capacidad de diálogo y acción, y a Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, que se ha convertido en un activo muy importante en este proceso. Si este sexteto consigue mantener un alto grado de unidad en la acción, el futuro de la Unión Europea no parece demasiado en peligro, a pesar que los desafíos son impresionantes: en defensa, competitividad, digitalización, inmigración, etc., etc.
En este contexto, el Gobierno español con su presidente Pedro Sánchez al frente está afortunadamente en la misma onda que el sexteto antes mencionado. Ahora falta que él y el líder de la oposición Alberto Núñez Feijóo se entiendan en un tema de Estado tan importante como el de la defensa europea. También Keir Starmer, el primer ministro del Reino Unido, da muestras más que suficientes de estar dispuesto a jugar un papel relevante en este tema. Iniciando un acercamiento de su país a la Unión Europea que es provechoso para ambas partes y da esperanza a que las heridas abiertas por el Brexit se vayan cicatrizando.
Además, está el reto europeo de fortalecer el sistema democrático en Europa, atacado desde la extrema derecha y la extrema izquierda. Como explica Kristina Spohr, profesora de historia en la London School of Economics: “Las voces autoritarias, incluso fascistas, están en auge. Putin lleva mucho tiempo alentándolas con su guerra híbrida. (Pero) lo que verdaderamente sacó de quicio a Merz fue el comportamiento del Gobierno de Trump”.
Según Spohr, Friedrich Merz tiene un gran desafío histórico por delante, teniendo que concertar su mirada “en el Este y el Oeste para poder cumplir con su responsabilidad que ha asumido de estabilizar y asegurar el continente. Es posible que de esta crisis existencial surja una Alemania capaz de estar en primera línea sin temerse a sí misma ni estar paralizada por su pasado … Todo esto ofrece una oportunidad, aunque (también) llena de peligros. Porque, si Merz y sus homólogos europeos fracasan en todos sus intentos de apuntalar una cohesión continental y la democracia liberal y sigue predominando el nacionalismo impulsado por el miedo, es posible que 2029 acabe pareciéndose más a 1929 o 1933. Y el pasado de Alemania volverá a atormentarla de verdad”.
Deseemos pues que la Unión Europea triunfe en su afán por defender la seguridad exterior, además de la democracia liberal, la economía social de mercado, el Estado de derecho y de bienestar, la vida en paz y prosperidad. Un excelente texto del escritor colombiano Héctor Abad Facioline debería ser lectura obligatoria en el Viejo Continente para subirnos la moral: “Lo que Europa ha logrado en los últimos 80 años es extraordinario – no existe un mejor referente de convivencia civilizada en el mundo entero … Lo que le molesta a Trump no es la debilidad de Europa, es su grandeza, su ecologismo, la defensa de su belleza, el poder seductor de su modelo económico y cultural … Los Trump y los Vance no desprecian Europa, la temen. Le temen a que siga siendo estupendamente seductora: un ejemplo de paz … y democracia en el mundo entero”.
Luchemos todos juntos para que este invento único llamado Unión Europea siga siendo un faro en el panorama de crisis que nos rodea. Y que sepa defenderse con éxito hacia fuera y hacia dentro de los enemigos que la quieren destruir, Trump incluido. @mundiario