La UE necesita su propia política de defensa

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Josep Borrell,  alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores. / RR SS.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores. / RR SS.
Este cambio de paradigma no requiere simplemente gastar más en defensa, sino gastar de manera más inteligente y comunitaria.
La UE necesita su propia política de defensa

Europa se encuentra en una encrucijada geoestratégica que requiere una reflexión profunda sobre su posición en el escenario internacional. La Unión Europea (UE) ha prosperado como un oasis de bienestar y seguridad, pero esta situación paradisíaca se ve amenazada por una serie de desafíos que exigen una respuesta autónoma. El actual panorama de dependencia en materia de energía y manufacturas, así como la seguridad respaldada principalmente por la cobertura estadounidense, revelan una falta de autonomía que pone en riesgo los intereses compartidos de los Veintisiete.

La seguridad continental se encuentra fracturada, ya sea por las divisiones internas entre europeístas, atlantistas y neutrales, las acciones unilaterales estadounidenses en suelo europeo o el imperialismo belicista de Vladímir Putin en Ucrania. La incapacidad para defender sus propios intereses con medios propios y la creciente posibilidad de una ruptura del vínculo trasatlántico con la vuelta de Donald Trump plantean desafíos significativos.

Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), señala acertadamente que el paradigma de seguridad y defensa de la UE sigue anclado en visiones nacionales obsoletas, manifestando una dependencia visible de Estados Unidos a través de la OTAN. La ilusión de que la guerra es cosa del pasado y la subestimación del papel militar como último recurso demuestran una actitud autocomplaciente que pone en peligro la seguridad europea.

Es imperativo reconocer la necesidad de replantear el modelo de seguridad, entendiendo que la garantía de seguridad no es posible sin la inclusión de todos los componentes asociados al ejercicio del poder, incluyendo el militar. Esto no implica una militarización generalizada ni la búsqueda de la superpotencia militar, sino la asunción de que la UE debe contar con medios adecuados para responder autónomamente a amenazas diversas.

Este cambio de paradigma no requiere simplemente gastar más en defensa, sino gastar de manera más inteligente y comunitaria. La clave reside en un cambio de mentalidad, abandonando cálculos nacionales desfasados y enfocándose en el esfuerzo conjunto para abordar desafíos compartidos. La autonomía estratégica de la UE no solo es esencial para su relevancia en el escenario internacional, sino también para garantizar su propia seguridad frente a abandonos y dominaciones externas.

La UE debe despertar de su ensoñación y reconocer la realidad de un mundo cada vez más complejo y desafiante. La autonomía estratégica no es un lujo, sino una necesidad imperiosa para salvaguardar el bienestar y la seguridad que tanto valoran los europeos. Es hora de asumir el papel protagonista en la defensa de sus intereses compartidos y forjar un nuevo paradigma de seguridad que refleje la realidad contemporánea y garantice el futuro de una Europa fuerte e independiente. @mundiario

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