Tine Moser, la eterna sonrisa, simpatía y templanza
Ha fallecido mi mujer, mejor amiga y compañera de viaje durante los últimos 58 años. Desde el amor, el dolor y el agradecimiento, un intento de despedida.
Cathrine Moser-Haarseth nació en Oslo el 12 de octubre de 1945. Acababa de terminar la II Guerra Mundial. Pasó los primeros 20 años de su vida, como ella solía observar, “alegre y placenteramente”. Aunque perdió a su madre con 14 años y pasó por el quirófano de muy joven, por un problema de espalda. Una anécdota que demuestra su carácter: cuando termina su bachillerato, quiere irse a estudiar a los Estados Unidos. Dado que su padre no le da el permiso requerido, escoge como alternativa la Universidad de Hamburgo, porque para ese destino no necesita su aprobación. Es aceptada como residente en el Europa Kolleg (Colegio de Europa), donde nos conocemos en 1965. Aprendemos a través de grandes educadores las virtudes de una Europa unida.
Nuestras vidas en forma de telegrama: Matrimonio en 1968. Primeros trabajos en Hamburgo, ella como profesora en un colegio, yo como periodista. En 1970, nacimiento de nuestra hija Christina. En 1973, primera mudanza a Madrid. En 1975, nacimiento de nuestro hijo Christopher. Las siguientes estaciones: Hamburgo en 1978, Londres en 1984, definitivamente Madrid en 1985.
¿Cómo explico lo que ha significado para mí esta noruega pelirroja y atractiva que derrochaba siempre alegría, optimismo, que era extrovertida y generosa, que expresaba su opinión de forma directa, pero sin herir, que amaba el golf y la buena compañía, que en resumen fue una gran esposa, madre, abuela y amiga de todo el mundo? Quizás la mejor manera sea repetir algunos de los mensajes recibidos por mis hijos y por mi después de su fallecimiento el 4 de mayo:
D.A. escribe: “Desde que nos conocimos, nos cautivó por su sonrisa, simpatía y templanza”. C.B. insiste en lo mismo: “Siempre con una sonrisa en la cara, positivismo y ánimo constructivo”. A.C., un amigo del Canadá, remarca: “Tine era querida desde el primer encuentro con ella, por su sonrisa constante, su sentido de humor, su curiosidad por todo y su cercanía y cariño hacia la juventud”. Su hija C.C. añade: “Era tan viva, tenía tanto sentido del humor, estaba siempre tan dispuesta a la aventura”. Y C.A. la describe como “un cielo de persona. Daba gusto verla, así de sencillo”.
En tiempos difíciles, podías contar con ella. Por su humanismo y su empatía. G.F.: “Todavía guardo el álbum que me hizo hace miles de años, cuando yo estuve enfermo. Siempre me ha alegrado tener ese recuerdo, de lo cariñosa y buena que era Tine”. K.L., que vivió en nuestra casa en su etapa como estudiante, escribe: “Me dio tan buenos consejos para la vida, que la sigo citando muchas veces”. Una amiga de nuestra hija, M.C., recuerda que Tine el pasado verano “me preguntaba por todo sobre mi familia, tan interesada y cariñosa como siempre”. Y un sobrino, P.M., la describe “como una persona muy cercana a la que siempre pude contar cosas personales, con mucha confianza”.
Según su amiga R.M., “era hermosa, generosa, luminosa. Sin ella, el mundo es un poco más oscuro”. Me comentaba en el Tanatorio lo amena que resultaba una conversación con ella, lo mucho que aportaba a un intercambio de experiencias, ideas, valores. Nuestra hija resaltaba estos días que trataba a todo el mundo con respeto, independientemente de su raza, ideología, clase social o creencia. Pero se enfadaba cuando se veía envuelta en controversias que fomentaban el odio y la intolerancia.
Me llegan dos citas de autores, que describen muy bien lo que sentimos. A.M. manda una de Baudelaire: “Infinitas capas de ideas, de imágenes, de sentimientos cayeron sucesivamente sobre nuestro cerebro, tan suave como la luz. Pareció que cada una sepultaba a la precedente, pero en realidad ninguna murió”. Y A.A., un poema de Lydia Davis: “Heart weeps. Head tries to help heart. Head tells heart how it is, again: You will lose the ones you love. They will all go. But even the earth will go, someday. Heart feels better then. But the words of head do not remain long in the ears of the heart. Heart is so new to this. I want them back, says heart. Head is all heart has. Help head, help heart.” (Traducción: El corazón llora. La cabeza le dice al corazón cómo es, una y otra vez: perderás a los que amas. Todos se irán. Hasta el mundo se irá, algún día. El corazón se siente mejor. Pero las palabras de la cabeza no permanecen en las orejas del corazón. Al corazón todo le es demasiado nuevo. Los quiero de vuelta, dice corazón. La cabeza es todo lo que el corazón tiene. Ayúdame, cabeza. Ayúdame, corazón).
G.I. remata: Fue “una gran persona y un ejemplo para todos los que la apreciábamos”. D.E.P. @mundiario