Plato del día

Tertulias trufadas de mercenarios de gobiernos y oposiciones

¿Tertulianos o mercenarios...?
La opinión publicada, radiada o televisada, resulta muy entretenida como espectáculo de ficción, pero se transforma en droga dura para esa parte de la ciudadanía propensa a esnifar o pincharse en vena ideologías estupefacientes.

Confieso que unas de mis horas favoritas se desarrollan por las mañanas, cuando humea el café y mi oreja se va paseando por distintas emisoras de radio que, con escasas y encomiables excepciones, se baten en duelos de defensa y ataque como paladines de quienes nos gobiernan o mosqueteros de los que aspiran a gobernarnos. En esa franja horaria, las primeras horas en las que amanece, que no es poco, me vuelvo a sentir niño, cuatro años después de haberme jubilado, y créanme que rememoro aquellas tardes de infancia en las que mis progenitores me llevaban al circo.

Vuelvo a fliparlo con esta variedad matutina de naturaleza mediática del otrora considerado El mayor espectáculo del mundo, oye. Donde la mayoría de compatriotas se imaginan o contemplan con sus ojos estudios de radio o platós de televisión, a un servidor se le antojan pistas por las que van desfilando payasos Carablancas, ya sabes, de esos listillos de toda la vida, y Augustos practicando el papel de tontos y fingiendo torpezas que, al final, suelen darle la vuelta a la tortilla, y complementarios e imprescindibles Vagabundos, cuya manifiesta soledad y su rol marginal le dan sentido a todas las parodias. Renombrados y renombradas maestras de ceremonias, van dándole paso y cediéndole el protagonismo a todo tipo de artistas que practican el contorsionismo, el equilibrismo, el funambulismo, la doma de fieras, el lanzamiento de cuchillos, la sorprendente facilidad para sacar los más inesperados argumentos de sus chisteras o el don ese de los fakires para echar fuego por sus bocas.

Sí, lo reconozco, le he cogido gusto a sentarme en el sillón por las mañanas y contemplar las sucesivas jornadas de esa permanente Vuelta a España que se reproducen cada día en las tertulias. En cuanto un tertuliano emprende una escapada, siempre hay otro, de otro equipo, claro, que salta inmediatamente del pelotón para evitar que se vaya de rositas hasta la meta, no vaya a ser el diablo que se vista el maillot de vencedor de la etapa. Es tal el cinismo de las cadenas de radio y televisión, en función de sus oscuros objetos del deseo ideológico/comercial, que les pillas de qué pie cojean según la proporción de bocachanclas, progres o conservadores, que ocupan y, a veces okupan, estudios y platós en los que se intenta darnos gatos por liebres, reflexiones con colorantes y conservantes por reflexiones libres de alérgenos o libre albedrío teatral en escenarios atados y bien atados por los comisarios políticos o politizados al frente de las respectivas tramoyas.     

Total, que la opinión publicada, radiada o televisada (como herramienta de la opinión pública en periódicos, diales de radio o cadenas de televisión), en vez de ponerse al servicio de la ciudadanía como un derecho para decidir qué camino tomar en el presente, con mas hipotéticas garantías para su futuro, se ha puesto al servicio de los que mandan, de los que gobiernan y de los que aspiran a mandar, a gobernar, asunto que, a mis escasas luces, perjudica seriamente la salud de esa entelequia a la que, por simple inercia o gregarismo sociológico, seguimos llamando democracia. @mundiario