Plato del día

¿Teléfono rojo…? Hablamos con Moscú

¡Hablamos con Moscú...!
Porque ya no podemos contar con Stanley Kubrick, oye, sino estaría ya desarrollando un desternillante guión en modo ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú , de esos que, cuando a la humanidad se le ponen de corbata, le permiten ponerse a reír en vez de llorar.

Un periódico EE UU especulaba ayer con la posibilidad de que Vladímir Putin tuviese dos dobles, o sea, dos tipos muy parecidos, convenientemente maquillados y resignados a ser blanco de francotirador, objeto del deseo de insurgentes y showmen en exhibiciones de artes marciales, visitas por sorpresa a los candentes frentes bélicos o killers de jockey sobre hielo retando a United States of América a jugarse Ucrania con sticks, en vez de ojivas nucleares.

El propio periódico especulaba también con la existencia de dos despachos clonados del original en el Kremlin, desde los cuales, el Zar Rojo despistaba al personal y extendía por el mundo la sospecha de que, además de la omnipotencia nuclear, la omnisapiencia de sus servicios de inteligencia y la omnisciencia de sus científicos, poseía también ese otro atributo de la ubicuidad concebido en exclusiva para los dioses. Hombre, probablemente no será verdad, toda la verdad  y nada más que la verdad, pero no me negarán ustedes que cumple a rajatabla el célebre y celebrado comodín, genuinamente italiano, al que recurren los spaguetti cuando navegan por un mar de dudas: se non vero, é ben trovato.

Bueno, pues partiendo de esa incógnita que condimenta con sal y pimienta a un planeta, el nuestro, cuyos habitantes se empeñan en intentar adelantarle su fecha de caducidad y, sin ánimo de desmerecer las puestas en escena del inquilino del Kremlin, esta película está más vista que el TBO a lo largo de la historia. El pasado reciente está plagado de sátrapas de esa naturaleza, afectados de bulimia invasora y sospechosos de utilizar un cebo humano, un doble, o los que hiciesen falta, para que picasen el anzuelo los anónimos resistentes dispuestos a derrocarles por la vía rápida.

Lo que se ha insinuado de Hitler y sus clones, elevados a la categoría de dianas a prueba de justificables practicantes del magnicidio, emerge entre líneas en los relatos de ilustres historiadores glosando aquella época de infausto recuerdo. De Franco, aquel hombre, nos creímos todas y todos el guión de “Te espero en el cielo”, en el que un infeliz caudillo de pega, envuelto en papel regalo de comedia, salía todos los días de casa con escasas posibilidades de volver a regresar a ella. Quizá Lenin no tuvo reflejos para incluir, en su Comité Central, un alter ego de esos que se lo habrían puesto mas difícil a Stalin, y pasó lo que pasó, claro. Por eso, creo yo, que los médicos de cabecera de los dictadores se pasan el día susurrándoles al oído: no tener un doble o mas, perjudica seriamente la salud.

Otro medio de comunicación EE UU, al mismo tiempo, difundía la versión de La Casa Blanca, según la cual, Donald Trump se jactaba de mantener permanentes, fluidas y constructivas conversaciones con Vladimir Putin. Ni siquiera hice cábalas respecto al idioma en el que hubiesen podido mantenerlas, oye. Simplemente me fui a la cama, pensé que mañana sería otro día y me hice una ingenua pregunta que dejé sin respuesta: ¿Con cuál de los tres Putin habla Trump y en cuál de los tres despachos rusos, al habla fluida con el Despacho Oval, se la está jugando la humanidad. @mundiario