De los suicidios electorales

Alfonso Rueda. / Mundiario
Alfonso Rueda. / Mundiario
El autor reflexiona sobre la dinámica electoral en Galicia, destacando el impacto de ciertos votantes, como residentes en residencias de mayores, en la elección de líderes políticos.
De los suicidios electorales

He asistido ya a demasiados suicidios de partidos políticos, de ciudadanos que votan cual zombis en contra de sus intereses, e incluso, he podido comprobar, como una parte de los 500.000 emigrantes considerados gallegos con derecho a voto, pueden decidir alcaldes y presidentes de la Xunta, sin saber en muchos casos donde está Compostela, ni quién es el candidato de su elección, y sin tan siquiera conocer el lugar de Galicia en que han nacido sus ascendientes.

Fraga, al igual que Feijoo, fueron elegidos muchas veces con gran respaldo electoral, y a ello han contribuido milagrosamente, muchos ancianos con demencia senil o serio deterioro cognitivo de nuestras residencias de mayores que les votaron, ello gracias a la intervención desinteresada de monjitas, y a pesar de que esos electores no recordasen como se llamaban ellos mismos, ni los líderes elegidos con su papeleta.

Hoy, gracias al voto por correo, se simplificaron los humillantes e incomodos traslados en autobuses de estos abuelos.

A muchos conservadores les votan masivamente, sobre todo, muchos electores de la dispersa geografía gallega, sobre todo en ayuntamientos de pequeña dimensión,  o de muchas parroquias y lugares,  que  son socorridos por diligentes agentes que colaboran y controlan  ese voto,  que resulta tan útil para muchos ciudadanos de esas zonas  para asi obtener  las influencias y favores que muchos necesitan, entre los que son comunes para garantizarse: plazas en residencias de mayores, asistencia sanitaria pronta en las ciudades, trámites burocráticos sin “cita previa” en la Xunta y en su propio ayuntamiento, servicios sociales , trabajos, oposiciones, becas, subvenciones, etc, lo cual obviamente, les obligan a ser generosos con su voto y el de sus familias con la  benefactora Xunta y sus alcaldes.

No existe el voto inútil, aunque todos los partidos, en mayor o menor medida se empeñan en reclamar el llamado voto útil, especialmente aquí en nuestra tierra donde el PP lo solicita permanentemente para no tener que depender de nadie.

 Es decir, para poder hacer y decidir lo que le da la real gana sin discutirlo más que formalmente.

Tenemos en Galicia una infinita red de “opinadores” en la prensa, radio y la televisión en forma de: tertulianos, comentaristas, interpretes, expertos, y sesudos catedráticos articulistas.

Contamos con una abundantísima opinión sobre intereses corporativos, políticos, económicos, pero muy poca sobre hechos de interés común y críticas al poder político “de Galicia”.

Estas opiniones se suelen interpretar por los electores más acríticos, o sea por una importante mayoría, como información, que suele aconsejarles explícitamente como liberarlos de la pesada carga de decidir por ellos mismos.

A esos opinadores se le llama eufemísticamente “creadores de opinión”.

Entre sondeos electorales, encuestas, y esos opinadores y medios, se vota cada cuatro años a mucho inútil e incompetente responsable político, que, durante los anteriores cuatro años, o lo que es peor durante quince años seguidos, han deteriorado la sanidad, la educación, y otros muchos servicios públicos.

Se vota a aquellos que no fueron capaces durante ese tiempo de crear apenas empleo ni en el campo ni en la ciudad, a los que no construyen viviendas de protección, a los que les importa poco el medio ambiente, o a los que votaron en contra de todas las leyes sobre el trabajo, salario mínimo, o el blindaje de nuestras pensiones en el Congreso de los Diputados.

 Es decir, se vota con frecuencia, y por los más necesitados y vulnerables, contra sus propios intereses y los de las mayorías sociales, y se hace, sustituyendo el corazón por la cabeza, las vísceras por la razón, los hechos por los sentimientos y las patrañas por la verdad.

Estas circunstancias anteriores y muchas más, no son suficientes para no votar, o votar menos al PP en Galicia después de 15 años.

Sucede entonces, que el voto, como instrumento de hombres y mujeres libres, sirve en muchos casos para hacer de uno, un tonto o estúpido más, y de nuestro país una ruina. @mundiario

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