El sentido de la recopilación de relatos de Cristina Fallarás
La periodista Cristina Fallarás ha editado su libro No publiques mi nombre. Testimonios contra la violencia sexual. Una recopilación de testimonios de actos de violencia machista de más de tres mil hombres, que previamente fueron publicadas en la red social Instagram. Más de tres mil hombres que, como sus denunciantes, no fueron identificados de manera personal porque la finalidad pretendida no es la investigación penal ni la orientación jurídica, sino garantizar un canal seguro para la recogida de la memoria de la violencia machista contada por las propias mujeres que la sufrieron.
No faltaron críticas la esta iniciativa. Quizás la más extendidda está siendo la de considerar que el lugar para presentar denuncias de violencia machista no es este canal, sino los juzgados y oficinas policiales. Pero en muchos de estos casos se denuncian violencias del tiempo de la primera juventud o infancia de mujeres hace tiempo adultas. Es decir, conductas que no pueden ser sancionadas penalmente por haber prescrito el correspondiente delictivo. En otras circunstancias las relatoras anónimas no quieren asumir un procedimiento judicial por razones muy diversas y todas dignas de respeto. El canal articulado por Fallarás solo atiende a hacer posible y segura la recogida de testimonios.
Otras críticas denuncian que, a pesar del anonimato de relatoras y denunciados, a veces sería posible identificar concretamente a alguno de estos en el relato. Estas críticas destacan que estarían siendo juzgados por la opinión pública sin pruebas ni derecho de defensa. Pero estas personas siguen siendo titulares de un derecho constitucional al propio honor que les otorga acciones penales y civiles si consideran que fueron calumniados, injuriados o vulnerados en su derecho fundamental al honor. En el transcurso de estos procedimientos judiciales podrían instar medidas cautelares restrictivas de la difusión parcial del relato que les pueda alcanzar. Por tanto, la comparaciómn del trabajo de Fallarás con los procedimientos inquisitoriales es ilógica.
En muchas de estas críticas late la misma doctrina que cuestionó las medidas judiciales especiales contra la violencia machista por la existencia de denuncias falsas. Y sí, sí existen denuncias falsas (una cada diez mil si atendemos a las denuncias, una cada cien mil si solo contamos las condenas) que generan mucho dolor y malestar en los injustamente denunciados. Pero son muchísimas, muchísimas más las denuncias de actos de violencia machista que no se presentan. De ahí la necesidad de analizar los datos y el contexto y decidír si miramos a a luna (cómo suelen hacer las personas sabias ) o hacia el dedo.
El trabajo de Fallarás y de sus colaboradoras contribuye sustancialmente a difundir la peor vulneración de derechos humanos en la Europa. Porque lo que no puede ser ni nominado ni relatado por las víctimas es muy difícil que pueda existir en la agenda pública. @mundiario