Senén Barro, el arquitecto silencioso de la inteligencia artificial en España
De la universidad al emprendimiento y la estrategia tecnológica, la trayectoria del catedrático gallego ilustra cómo la inteligencia artificial puede crecer con ética, colaboración y vocación pública.
La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en uno de los motores decisivos del presente. En ese tránsito, España ha contado con figuras que han sabido anticipar tendencias y construir puentes entre la investigación y la sociedad. Entre ellas destaca Senén Barro Ameneiro, cuya trayectoria ilustra cómo el liderazgo académico puede convertirse en motor tecnológico y económico sin perder de vista los dilemas éticos del progreso.
Durante décadas, Senén Barro ha sido una referencia constante en el ámbito universitario y científico. Catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial en la Universidade de Santiago de Compostela, ha formado a generaciones de investigadores en un campo que hoy define la competitividad global. Pero su influencia va más allá del aula. Como rector de la Universidad de Santiago entre 2002 y 2010, impulsó una visión entonces poco habitual: la necesidad de convertir el conocimiento académico en valor social y económico mediante la transferencia tecnológica.
Esa apuesta cristalizó en iniciativas que hoy forman parte del paisaje tecnológico gallego. Desde la dirección del Centro Singular de Investigación en Tecnologías Inteligentes (CiTIUS), Senén Barro ha contribuido a situar Galicia en el mapa de la investigación en inteligencia artificial. El modelo que defiende —basado en la colaboración entre universidad, empresa y administración— se ha convertido en una referencia replicable en otros territorios que buscan combinar talento local y proyección internacional. Un método no muy distinto, por cierto, del que aplica otro insigne catedrático de la USC, José Ramón González Juanatey, en el campo de la medicina.
La inteligencia artificial no solo se desarrolla en laboratorios: necesita universidades fuertes, empresas innovadoras y visión pública
No es casual que el nombre de Senén aparezca también vinculado al emprendimiento tecnológico. La creación de spin-offs surgidas de la investigación universitaria, como las especializadas en posicionamiento en interiores o análisis avanzado de procesos, responde a una convicción clara: el conocimiento solo adquiere pleno sentido cuando se transforma en soluciones útiles para la sociedad. Esa mentalidad ha contribuido a consolidar un tejido empresarial innovador que hoy dialoga con sectores tradicionales y abre nuevas oportunidades de empleo cualificado.
Sin embargo, reducir su perfil a la innovación tecnológica sería incompleto. Una de las aportaciones más relevantes de Senén Barro ha sido su insistencia en que la inteligencia artificial no es únicamente una cuestión técnica, sino cultural y ética. Su advertencia sobre el riesgo de una excesiva “delegación cognitiva” –la tentación de dejar que las máquinas piensen por nosotros– apunta a una cuestión de fondo: el progreso tecnológico no debe erosionar la autonomía intelectual ni la capacidad crítica de los ciudadanos.
Entre el entusiasmo acrítico y el alarmismo tecnológico
Su discurso se sitúa, en este sentido, en una posición intermedia entre el entusiasmo acrítico y el alarmismo tecnológico. Defiende la necesidad de marcos regulatorios sólidos que protejan derechos y eviten desigualdades, especialmente entre colectivos vulnerables, pero al mismo tiempo subraya que la regulación no puede convertirse en un freno paralizante para la innovación. Ese equilibrio entre prudencia y ambición define buena parte de su pensamiento.
La educación ocupa un lugar central en esa visión. Frente a quienes auguran un futuro dominado por algoritmos y automatización, Senén Barro insiste en que el papel del profesorado seguirá siendo esencial. La inteligencia artificial puede ampliar las herramientas de aprendizaje, pero difícilmente sustituirá el juicio pedagógico, la empatía y la orientación humana que constituyen la esencia de la enseñanza.
Esa mirada integradora se reflejó también en el VI Foro Tecnológico de Galicia, donde universidades, empresas y administración coincidieron en la necesidad de reforzar la cooperación para afrontar los desafíos de la ciberseguridad. En un contexto en el que los ataques digitales pueden comprometer la estabilidad económica, la anticipación y la resiliencia se han convertido en prioridades estratégicas. Ahora, la construcción del futuro Centro de Excelencia en Ciberseguridad en Ourense simboliza esa voluntad colectiva de dotarse de infraestructuras y talento capaces de proteger la economía digital.
Los datos que emergen de este ecosistema resultan elocuentes: cientos de empresas gallegas ya operan en el ámbito de la ciberseguridad, un sector que crece a ritmos superiores al 15% anual. Para muchas pequeñas y medianas empresas, la amenaza no es hipotética: se estima que una parte significativa de las que sufren un ciberataque grave no logra sobrevivir más allá de unos meses. En este escenario, la formación temprana en competencias digitales y la generación de talento especializado se revelan como factores decisivos.
Una forma de liderazgo que prioriza las sinergias
El papel de Senén Barro en estos procesos no responde a una lógica individualista, sino a una forma de liderazgo que prioriza las sinergias. Su insistencia en fortalecer el sistema público universitario y en conectar sus capacidades con el tejido empresarial apunta a una idea clave: la inteligencia artificial no se construye solo con algoritmos, sino con comunidades de conocimiento.
Figuras como la del autor de Poden pensar as máquinas? invitan a una reflexión serena en un tiempo en el que la IA suscita tanto expectativas como temores. El mensaje parece estar claro: ni utopía tecnológica ni distopía inevitable. La inteligencia artificial puede ser un instrumento de progreso si se desarrolla con responsabilidad, talento y visión estratégica. La cuestión no es si las máquinas podrán pensar, sino qué tipo de sociedad queremos construir con ellas. Desde esa perspectiva, la trayectoria de Senén Barro ofrece una lección que trasciende la tecnología: el verdadero avance no consiste solo en innovar, sino en hacerlo con sentido público. Y quizás ese sea, en última instancia, su legado más duradero. @J_L_Gomez en @mundiario
El catedrático que fue rector y ahora dirige el CiTIUS
Senén Barro Ameneiro (As Pontes, 1962) es doctor en Física con premio extraordinario, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial y director científico del CiTIUS (Centro Singular de Investigación en Tecnologías Inteligentes de la Universidade de Santiago de Compostela). Fue rector de la USC entre 2002 y 2010, etapa en la que reforzó el perfil investigador, innovador y emprendedor de la institución, promoviendo el desarrollo de Campus Vida —distinguido como Campus de Excelencia Internacional en 2009— y la creación de los primeros Centros Singulares de Investigación de la universidad. Es miembro de la Real Academia Galega de Ciencias y recibió el Premio Nacional de Informática José García Santesmases en 2020. Autor de más de 300 artículos científicos, ha publicado también más de 500 textos de divulgación y opinión en medios de comunicación, entre ellos MUNDIARIO. @mundiario