Sánchez ordena y manda en un PSdeG hundido tras el peor resultado de su historia

Abel Caballero, Pedro Sánchez y José Ramón Gómez Besteiro. / PSdeG
Abel Caballero, Pedro Sánchez y José Ramón Gómez Besteiro. / PSdeG
El PSOE trata al PSdeG como una mera sucursal, silencia a la militancia en Galicia y solo hablan aquellos que repiten el discurso de Sánchez, que ya ha decidido que no habrá cambios en un partido que se quedó con nueve escaños.
Sánchez ordena y manda en un PSdeG hundido tras el peor resultado de su historia

Definitivamente, resulta conmovedor escuchar a los dirigentes socialistas como, tras la histórica debacle del 18-F, salen uno tras otro repitiendo el mismo mantra del apoyo a José Ramón Gómez Besteiro, de la necesidad de “darle tiempo” y la disposición de la Ejecutiva federal a blindarle, pese a quien pese en Galicia. Ferraz deja claro que el PSdeG es una mera delegación de la marca PSOE; no es el PSC, ni se le parece. De momento, a los discrepantes, que son varios miles, solo se les permite estar callados. Y por ahora lo están, conscientes de que Pedro Sánchez ordena y manda.

El secretario general del PSOE habla del partido en Galicia como si hablara de intervenir la FSM madrileña, donde él pone a los candidatos, como hizo esta vez en Galicia, donde pasó de 15 a 9 escaños tras llevarse por delante a Gonzalo Caballero para designar a Besteiro. ¿De 15 a 9? Sí. Si se comparan las noches electorales de 2020 y 2024, el PSOE pasó de 15 a 9 escaños y bajó más de 5 puntos porcentuales. En 2020, el PSdeG se quedó con 14 tras el voto exterior, que esta vez no ha sido todavía escrutado. Lo será a partir del lunes día 26. En el PSOE parece que hay dirigentes que no lo saben, pero es así.

Desde la nueva portavoz del PSOE a la alcaldesa de A Coruña, pasando por el secretario de Organización o el presidente de la Diputación de Lugo, todos se han aprestado así al cierre de filas con un doble objetivo: evitar cualquier debate y, sobre todo, que nadie les señale exigiéndoles responsabilidades en la hecatombe.

Las direcciones del PSOE y del PSdeG han elegido el catenaccio tratando de escaquearse y evitar que los restos del naufragio les alcancen. En esa estrategia les acompañan, naturalmente, algunos medios de comunicación que escriben al dictado y que en el empeño de defender a Pedro Sánchez no han dudado en decir o escribir las cosas más chuscas... desde quienes afirman que Besteiro demostró en la campaña ser buen candidato a quienes insisten en que bastante hicieron en Ferraz –“intervinieron demasiado tarde”–, teniendo en cuenta la debilidad del socialismo galaico.

Lo cierto es que una simple ojeada a los trackings es suficiente para comprobar que cada vez que Besteiro hablaba subía el pan y bajaban los votos y cada vez que confrontaba con Rueda o Pontón su papel se desdibujada. Por otra parte, Ferraz lleva interviniendo directamente en las decisiones del PSdeG los últimos cinco años; Miñones, Formoso o Besteiro salieron de la cocina madrileña antes de ser entusiasticamente recibidos por los aparatos locales y provinciales del PSdeG, que poco pintan, y por una militancia que a base de gritar consignas ha dejado de tener la mínima capacidad de crítica. 

Por mucho que lo intenten no pueden esconderse. Fue Pedro Sánchez quien dio el OK para liquidar a Gonzalo Caballero, como antes lo había hecho con Leiceaga. Fue la dirección federal la que animó a la dirección gallega a cambiar de montura en medio de la carrera. Fue el secretario de Organización el que vitoreó con entusiasmo la llegada del Messi del PSdeG. Fue el aparato vigués de Caballero, Silva y Regades el que jaleó, incansable, una campaña y un candidato que logró lo impensable: que en Vigo gane la izquierda y el PSdeG sea la tercera fuerza de la ciudad.

Era la alcaldesa Inés Rey la que vociferaba en los mítines que había que acabar con Feijóo, aunque ahora diga off the record que la campaña era errónea. Fueron Formoso y Bernardo Fernández los que propiciaron y asumieron una candidatura absurda en la provincia de A Coruña, con los resultados de todos conocidos. Fueron Lara Méndez y Mayra García las que le dijeron  a sus vecinos de Lugo, que prácticamente acababan de elegirlas, que preferían ir de segundonas en una lista antes de ser alcaldesas. 

Se escondan donde se escondan, es evidente quienes han sido los y las responsables de una situación que amenaza con volverse más grave si el PSdeG elige el camino del avestruz. Bien harán los socialistas en no apresurarse ni liarse en luchas fratricidas que para nada les han valido. Pero aún harán mejor si reconocen los errores, modifican los modos de trabajar que les han traído hasta aquí y, desde luego, renuevan las direcciones y cargos estratégicos, para integrar a todas las familias y sensibilidades, y evitar que se perpetúe una manera de hacer y de estar que solo puede traer más fracasos. Al tiempo. @mundiario

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