Sánchez se niega a devolver la voz a los españoles como aconseja el sentido común
En la historia de España no creo que se haya vivido una crisis del Estado tan profunda como la que sucede estos días. Mientras los jueces se manifiestan en masa contra las reformas que pretende imponerles el Gobierno, el partido que está instalado en éste vive una de las peores crisis de su historia, donde uno tras otro, los dos hombres esenciales de su estructura, los secretarios de organización, personas de la máxima confianza de su secretario general y presidente del Gobierno, devienen en dos corruptos probados. Cómo es posible que, ni en uno ni en otro caso, Pedro Sánchez, a quien vemos ahora lloroso y compungido, se diera cuenta de los bueyes con que araba. Y no digamos nada del resto. Pero pese al creciente escándalo que afecta a los cimientos de su propio partido, con una legislatura minada, Sánchez elude la única salida digna, devolver la voz a los españoles para que resuelvan lo que él es incapaz de resolver.
Sánchez responde al esquema de lo que se considera, cimentado en su cinismo, el “idiota moral” o simplemente un frívolo cínico. Esta expresión da título a un conocido libro de Norbert Bilbeny. Por extensión se aplica a la persona que a la que se le supone un buen coeficiente intelectual, pero que carece de un discurso coherente, sin distinguir el bien del mal en orden a criterios cambiantes de utilidad propia; es decir, que lo mismo dice o hace una cosa o la contraria sin transición ni justificación. En política es un experto en el uso equívoco del lenguaje. Y como sus consocios están crecidos, preocupados y decepcionados hasta el fugado Puigdemont le exige una entrevista personal, pese a que el enviado caído, aquel eficiente Santos Cerdán, dejara hilvanado lo de la amnistía y el resto del lote. Ahora hay que afrontar lo inesperado.
Pero veamos el repertorio: sucesivamente, Sánchez ha dijo que no dormiría tranquilo teniendo a Podemos en el Gobierno, que era contrario a que un político indulte a otro,, que en Cataluña se cometiera un delito de “rebelión”, que si para llegar a la Moncloa tuviera que elegir entre sus principios o pactar con el independentismo, se atendría a sus principios; que “no es no y nunca es nunca”, en cuanto a pactar con Bildu, que él traería Puigdemont ante el juez, porque de él depende el fiscal, que la amnistía y el referéndum no cabían en la Constitución y jamás se otorgarían, o que cuando no se pueden aprobar los presupuestos hay que convocar elecciones. Pedro Sánchez es un ejemplo de libro del “idiota moral”, en cuanto no sólo miente con naturalidad, sino que refuerza su cinismo cuando es capaz de decir: “Siempre cumplo mi palabra, como me enseñaron mis padres”.
Sánchez siempre tiene razón
Como era de esperar, quienes dentro de su propio partido discrepan se transfiguran no ya en traidores, sino en fascistas. Y como ocurriera con Mussolini, los suyos hacen suyo aquel eslogan conocido “Mussolini ha sempre ragione” (Mussolini siempre tiene razón”, que se expresa con la repetida divisa de sus seguidores “Yo contigo, Pedro” Cuando sus partidarios dicen esto, en qué momento del devenir de sus actos se sitúan. Y como se puede comprobar, las redes se han llenado de adhesiones inquebrantables. ¿Es que no tienen criterio ni juicio propio y asumen mansamente, sin usar su inteligencia, en la misma medida que Sánchez va diciendo una cosa y la contraria? Pues parece ser que sí. Una de las características y efectos del “idiota moral” es precisamente que impregna el contexto donde se desenvuelve, de suerte que, como en este caso, sus partidarios asumen con naturalidad su relativismo moral sobre cuestiones que exigirían una determinación propia. Las adhesiones que viene recibiendo lo prueban. Es insólito. Me corrijo: es natural.
La realidad española de estos días ya pasa del vodevil a la ópera bufa, pero hay aspectos, ahora que Sánchez vuelve a discursear sobre moral, que vale la pena recordar. Porque esa moral es movible. Y sus consocios lo saben. El PSOE de Sánchez tenía un Código Ético vigente hasta 2023 en que fue modificado para encajar los indultos y la amnistía, mientras Sánchez insistía propósitos durante la actual legislatura es democratizar, depurar e instalar la honestidad en la política española. De seguir vigente el viejo código malamente se habrían justificado los indultos, la reforma del Código Penal, la rebaja de las responsabilidades del delito de malversación, aunque fuera a posteriori, y sobre todo la amnistía a los implicados en los diversos delitos comunes graves cometidos durante las diversas fases del “procès”. Ni tampoco a José Antonio Griñán, condenado inicialmente a una pena de seis años de prisión por prevaricación y malversación de fondos públicos en la trama de los ERE, luego salvado por el útil Conde-Pumpido. El artículo 8.1 del Código Ético del PSOE, de 10 de octubre del 2014, decía literalmente: "Los cargos públicos del PSOE se comprometen a no proponer ni apoyar el indulto de cargos públicos condenados por delitos ligados a corrupción, violencia de género, delitos de acoso o discriminación, contra la libertad e indemnidad sexuales, torturas o contra la integridad moral, así como la comisión de hechos constitutivos de delitos graves". Ahí queda eso. La moral se cambia sobre la marcha.
Ni Sánchez va a dimitir ni a convocar elecciones. ni a hacerse la mínima autocrítica. Es como si él no tuviera responsabilidad directa en haber confiado, uno tras otro, en dos sujetos del misma jaez en cuyas manos dejo el propio control del partido y a uno, especialmente, lo destino a cerrar el trato con el fugado Puigdemont para asegurase que lo dejasen seguir en la Moncloa. Aunque su patética, casi llorosa imagen de la otra tarde, ya lo vemos repuesto. ¿Y qué pasa con todos los militantes del PSOE que creen que lo más decente es convocar elecciones, si además hasta el CIS de Tezanos dicen que las ganan con ventaja y sigue teniendo de mano a sus consocios? Pero, de momento, sus consocios le exigen que vaya a dar explicaciones en el Congreso de los Diputados y se muestran escépticos en que eso de las auditorías que se anuncia sea otra cosa que una cortina de entretenimiento para ocultar el verdadero alcance de la crisis en que se encuentra el partido que conserva las siglas PSOE. @mundiario