ZONA FRANCA

Perdida la ocasión de rendir por igual homenaje a todas las víctimas de la guerra civil

Stanley Payne es muy crítico con las leyes de Memoria histórica y democrática. / RR SS de F.R.
Cabe preguntarse por qué en el acto de homenaje a las víctimas de la guerra civil junto a las "trece rosas" no se recordó a las 14 monjas torturadas y asesinadas, o por qué al tiempo que se honró la memoria Lorca no se recordó a Maeztu o Muñoz Seca en el mismo caso.

Con la habitual solvencia con que la BBC aborda todas las cuestiones, recientemente dedicaba un reportaje al asunto asombrándose de que en España siga sin enterrarse la guerra civil, llamando la atención de que el presidente Zapatero dedicó tiempo y energías a reabrirlo. Ahora mismo, tomando como pretexto el cincuenta aniversario de la muerte de Franco, el Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a desarrollar un enfoque parcial del asunto y no, en todo caso, desde una perspectiva global y completa de todas las víctimas de aquella tragedia. Porque bien está que se recuerde a Lorca, en ese espacio cultural, ¿y por qué no se ha rendido el mismo homenaje a Ramiro de Maeztu, que era de la “Generación del 98” o a Muñoz Seca, ambos igualmente asesinados, pero por el otro bando? Y si se recuerda a las trece rosas, por qué no recordar la memoria de las  14 monjas que fueron cruelmente torturadas, humilladas y asesinadas por los milicianos republicanos durante los primeros meses de la Guerra Civil.

En ese sentido, la BBC ha subrayado que, desde el inicio de su mandato, Zapatero se concentró en anular uno de los logros de la Transición que se fundamentó en la reconciliación de los herederos de los bandos republicanos y nacionalistas que se enfrentaron en la guerra. Porque una cosa era recuperar y dar digna sepultura a los restos de las víctimas todavía enterrados en las cunetas y otro reabrir el enfrentamiento superado que aquélla supuso. En 2007, en una reunión con periodistas, el propio Zapatero dijo que el mismo escribió la farragosa exposición de motivos de la Ley de la Memoria Histórica, que el hispanista norteamericano Staney Payne calificaría como “ley sesgada e incompleta”, aparte de otros duros calificativos. En ese sentido apuntó que, si bien en principio se inicia con una referencia al ‘espíritu de reconciliación y concordia’ que guio la Transición, rápidamente se traiciona esta idea, como su aplicación evidencia, ahora con el añadido de la Ley de la Memoria Democrática que la perfecciona.

Payne ha dedicado siempre duras palabras a Zapatero, de quien dijo que su objetivo fuera controlar el discurso político de la historia y del pasado. Y añadió: “Crear una historia de la opresión, ser víctimas, el discurso por el victimismo. Significa presentar la historia con una sola cara, sin libertad de expresión, de crítica, anular la investigación, salvo la que supuestamente sirva para dichos fines con todo tipo de ilegalidades. No se ha inventado en España, pero Sánchez está yendo más lejos que Zapatero y mucho más que otras leyes en Europa. En España se ha convertido en un arma sectaria para controlar a los partidos de la oposición. Por un temor enorme de ser tachados de franquistas. Oponerse a ella es un deber moral. Hace falta vigor e independencia para ello”. Y en ese sentido, añadió, con referencia al presente que Zapatero, pero especialmente Sánchez, han tenido como objetivo político de traer a Franco y el franquismo al debate político del momento, para presentar a actual presidente del Gobierno como el gran «justiciero» de la historia.

La interpretación sesgada de la historia

Es evidente que con su interpretación sesgada de la historia, Sánchez y Zapatero, muestran no haber leído aquello que Azaña dice con respecto a las matanzas de la guerra civil en sus memorias y “La Velada de Benicarlo”, en cuanto a que matar a uno o a cien, “matar es”. Payne sostiene que la ley convierte la historia en una herramienta política en lugar de un objeto de estudio riguroso y neutral. Estas leyes no reflejan la complejidad del pasado, sino que imponen una narrativa única y sesgada, simplificando la historia para demonizar a un bando y exonerar al otro. La ley es un proyecto dramático, arbitrario y punitivo, con otro objetivo, aprovechando el sufrimiento de las víctimas, pero de un solo bando y no del conjunto de la sociedad española, al tiempo que, de este modo, se reabre el enfrentamiento entre las dos España que se creyera cerrado. Véase, en ese sentido, el modo en que defendiera la Ley de Amnistía en el Congreso el comunista y dirigente sindical Marcelino Camacho, ex combatiente en el bando republicano y que pasara en la cárcel parte de su vida.

En ese sentido, se ha querido hacer una especie de balance sobre la represión en cada uno de los dos bandos enfrentados en la guerra civil y la masacre subsiguiente, donde destacan los trabajos de Santos Julia o el propio Stanley Payne. Las cifras son mayores en la España franquista, ya que acabada la guerra se siguió condenando a muerte y ejecutando a miles de personas. En su día, el Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo (www.iehistoricos.ceu.es) elaboro y entregó a la socialista Francisca Sauquillo, presidenta del comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, un amplio trabajo sobre la represión del Frente Popular en la capital de España. ¿Se ha tenido en cuanta al redactar las leyes ahora aplicadas? Según ese estudio, luego ampliado, las organizaciones de izquierda (anarquistas, comunistas y socialistas) crearon en Madrid durante la Guerra 345 checas, es decir, cárceles privadas, lugares de detención y a menudo de tortura, en las que se asesinó a 1.800 prisioneros (el 90 por ciento en el año 1936), y que eso incluyó a unos 360 clérigos, sacerdotes y religiosas. Este estudio ocupa 2.000 páginas en cinco volúmenes.

Los historiadores solventes han contabilizado los asesinatos y ejecuciones que cometieron unos y otros al establecer gradaciones entre el terror anárquico y los procesos judiciales, ya fueran tribunales populares o consejos de guerra Sólo antes de la guerra civil, fueron muertas entre asesinatos y enfrentamientos de pistoleros de los dos bandos 2.500 personas, como macabro preludio de lo que se avecinaba. Si nos horroriza el terror de las checas, ¿qué decir de las ejecuciones masivas de republicanos llevadas a cabo por tras la conquista italiana de Málaga o de la de Badajoz? Según Palacios y Stanley G. Payne, las estimaciones actuales permiten aventurar que en el bando republicano se cometieron 56.000 asesinatos, cifra que casi se dobla en el bando de Franco, al sumarse las ejecuciones judiciales, derivadas de los consejos de guerra que se prolongaron durante muchos años tras la guerra civil. Pero lo hicieran unos y otros “matar es” Y si se hace, en este tiempo, un homenaje de recuento a las víctimas de aquel pasado, bien estar recordar a las 13 rosas, pero también a las 14 monjas; a Lorca, pero también a Ramiro de Maeztu y Muñoz Seca. @mundiario