Riesgo de un retroceso democrático en las europeas por las tendencias reaccionarias

La Eurocámara en Estrasburgo. / Mundiario
La Eurocámara en Estrasburgo. / Mundiario
El informe anual de la Unión Europea correspondiente a 2023 destaca la creciente preocupación por las tendencias antidemocráticas y autoritarias que persisten en varias regiones y ciudades.
Riesgo de un retroceso democrático en las europeas por las tendencias reaccionarias

Entre los días 6 y 9 del próximo mes de junio casi 450 millones de europeas y europeos de los 27 estados de la Unión celebraremos elecciones al Parlamento Europeo, tras las realizadas hace cinco años en mayo de 2019. En España acudiremos el día 9 a esta votación dentro de un intenso ciclo electoral este año marcado, por el momento, por los comicios gallegos, vascos y catalanes. En esta ocasión la votación europea no coincidirá ese domingo en nuestro país con ninguna otra convocatoria. En España elegiremos 61 de los 720 escaños europeos, once más que en 2019 tras la salida del Reino Unido por el Brexit, en circunscripción única estatal y mediante sistema proporcional sin barreras electorales para la asignación de escaños a las fuerzas políticas que concurran.

Durante estos cinco años Europa se ha visto inmersa en una sucesión de crisis que además agravan las consecuencias de la Gran Recesión del decenio anterior, cuyas recetas más neoliberales dieron como resultado mayor desigualdad y desafección ciudadana. La covid-19, que marcó un cambio hacia políticas de estímulo fiscal, la guerra rusa contra Ucrania y la consecuente crisis energética, los altos índices de inflación y crecientes tipos de interés que castigan duramente a las capas de población menos pudientes o la nueva visión militarista en el actual contexto geopolítico, son escenarios que enmarcan la decisión que la ciudadanía europea tome en junio para el próximo quinquenio 2024-2029. Es muy probable que estas sucesivas crisis exacerben el descontento ciudadano con el consiguiente reflejo en urnas.

El pasado mes de octubre de 2023 el Comité Europeo de las Regiones publicó su nuevo informe anual sobre el estado de las regiones y ciudades. En la compleja gobernanza de la Unión Europea, el papel de los Estados a través del Consejo, y en cierta medida de la Comisión, sigue siendo esencial en detrimento del papel del Parlamento, a pesar de que en el proceso colegislador la cámara europea ha ido ganando algunas posiciones. Pero conviene también conocer la visión del sector subestatal, de los poderes regionales y locales, para interpretar más claves del momento europeo. No olvidemos que 1,2 millones de ciudadanos tienen algún mandato electoral local o regional.

El Comité de las Regiones observa como la confianza de la ciudadanía en la democracia está relacionada negativamente con el aumento de las desigualdades socioeconómicas. El Informe de prospectiva estratégica de 2023 de la Comisión Europea señala las amenazas para la democracia y el contrato social existente como uno de los retos clave en el camino de la UE hacia la sostenibilidad social y económica. Según este informe, “el contrato social existente no es totalmente adecuado para la nueva realidad socioeconómica”.

El Comité apunta a una relación importante entre el estado de la democracia y la inclusividad de la democracia, refiriéndose a su apertura hacia todos los grupos sociales. A principios de 2022 todos los índices democráticos muestran que la recesión democrática del mundo continuaba, con desafíos como el permanente aumento del coste de la vida, el aumento de los movimientos populistas, las amenazas provocadas por la desinformación y la creciente polarización de las opiniones.

La confianza de la ciudadanía en la UE es del 47% en julio de 2023, dos puntos menos que en verano de 2022, según el Eurobarómetro, aunque sigue siendo algo mayor que en el periodo 2009-2021, tras la crisis financiera y la pandemia. Pero la proporción de encuestados que creen que su voz cuenta en la UE (42%) ha disminuido en tres puntos respecto del verano de 2022.

A pesar de estos datos, las políticas de la UE tienen un alto impacto en las políticas de cada estado, de cada región, de cada localidad. Lo vemos casi a diario en materia agraria, pesquera, energética, monetaria, migratoria, etc. Gran parte de la legislación nacional se deriva de la necesaria transposición de directivas comunitarias. La gran palanca de inversión que están suponiendo los fondos de reconstrucción Next Generation está exigiendo importantes reformas internas en los principales estados beneficiarios, entre ellos y de forma destacada España.

Europa tiene que firmar un nuevo contrato social

Antes la crisis climática, no podemos renunciar a impulsar políticas de transición energética a pesar de negacionismos interesados. Ante los nuevos sistemas digitales inteligentes tenemos que garantizar los derechos cívicos y personales. Las crisis sufridas nos obligan a reforzar las capacidades estratégicas de Europa que se habían externalizado a países con menores costes. 

Pero el camino debe orientarse desde una visión más ciudadana, menos corporativa o multinacional. Los grandes lobbies no pueden determinar la agenda pública. Las constantes apelaciones actuales hacia el rearme militar, la falta de consenso europeo en la masacre del pueblo palestino con una débil defensa de los Derechos Humanos, no pueden ser la carta de presentación para el próximo quinquenio europeo. Las políticas migratorias deben afrontarse desde una perspectiva receptiva, plural e integradora. 

Europa no debe dejarse guiar solo por la visión atlantista. Europa debe reforzar y actualizar un modelo social que permitió mejoras sociales y económicas importantes durante la segunda mitad del siglo XX. Ahora, en la primera parte del XXI Europa tiene que volver a firmar un nuevo contrato social y de mayor democracia. @mundiario

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