El régimen hereditario, otra novedad en el socialismo gallego

Formoso habla rodeado de su ejecutiva. / Mundiario
Formoso habla rodeado de su ejecutiva. / Mundiario
La historia de la fábula del nuevo traje del emperador prueba que solo porque muchos crean que algo es verdad, no significa que lo sea. Tal vez por ello en el PSdeG no quieren ver que el rey va desnudo.
El régimen hereditario, otra novedad en el socialismo gallego

A decir verdad, el PSdeG debe estar encantado –o al menos, agradecido– al horror en el que vive instalado el PSOE, de Ferraz a Moncloa, entre las andanzas de Koldo, los problemas de Armengol y el desgarro emocional y político que ha supuesto la abrupta salida de Ábalos. Porque, entre las novedades de un sumario convertido en calvario para el Gobierno y el grupo parlamentario de Sánchez y las alegres declaraciones del exministro de Fomento, de plató en plató convertido en star system, pocas miradas se han vuelto al socialismo gallego, aún convaleciente del varapalo más grande jamás sufrido. El batacazo electoral ha pasado a segundo plano, sepultado por la avalancha de novedades y hasta el anuncio de Formoso de pasar a un segundo plano ha tenido escaso eco, pese a que esta suerte de régimen hereditario enunciado por el aún secretario xeral, es una novedad en el socialismo gallego.

Pero no hay felicidad que dure mil años y este sábado el PSdeG se reunió en Comité Nacional, sin duda el más doloroso desde el año 2009, porque si entonces se perdió el Gobierno de la Xunta de Galicia, la sensación generalizada es que los nueve diputados del 18-F suponen un abismo al que nunca antes se habían abocado.

Los socialistas van siendo conscientes de que son irrelevantes, en toda la extensión de la palabra. Ni siquiera el voto CERA les ha permitido llegar a los dos dígitos y ser útiles al menos para conformar mayorías reforzadas con el PP. Ni eso. La derrota ha sido una derrota completa, engullidos entre dos organizaciones poderosas, con penetración social, institucional y política; dos partidos con militancia numerosa y organizada, dirigentes formados, unidad orgánica y penetración en todos los ámbitos socioeconómicos, además de contar con el apoyo del primer sindicato de Galicia, en el caso del BNG. Frente a eso, el PSdeG, descabezado de facto, con la militancia abatida, sin proyecto y una docena de instituciones desde las que poder “emitir en sintonía”, si bien es probable que los y las munícipes sientan ahora la tentación de cerrarse en banda y evitar toda influencia del PSdeG, temerosos como están de ser los siguientes en caer.

Alguien decidió que el Comité Nacional del PSdeG se reuniese en la Ciudad de la Cultura, el mausoleo ideado por Manuel Fraga, otrora tan criticado por la grey socialista. Y la foto del mismo es la foto de la derrota, sin paliativos, sin escorzo lateral en el que esconderse, sin parapeto. Con el candidato doliente que pasó de ser “el deseado” –hay que tener cuidado con los adjetivos y las hipérboles– al triste protagonista de un fracaso sonoro, sin paliativos, del que él es no sólo el principal protagonista sino también responsable por las decisiones que tomó (y dejó que se tomasen) y por su escasísima preparación –evidente en toda la campaña– para el envite en el que se metió alegremente.

Allí estuvo el secretario xeral saliente, que más allá de su “generosidad” para dejar el sillón a Besteiro, no pasará a la historia del socialismo gallego más que por contar sus meses por derrotas; con él los socialistas perdieron las elecciones generales, bajaron en las municipales – perdiendo la Diputación de Pontevedra y la alcaldía de Ferrol, por ejemplo– y obtuvieron el peor resultado de la historia en las elecciones autonómicas. A su lado, Lage Tuñas, el primero en anunciar con albricias la vuelta del Messi de la política y coordinador de la campaña electoral que se demostró como un auténtico desastre, de principio a fin.

Pero en la foto está también la presidenta del PSdeG, Carmela Silva, alter ego del alcalde de Vigo y una de las principales responsables de la operación que sacó a Gonzalo Caballero de la secretaría xeral; no sólo perdió la Diputación, sino que el otrora caladero de votos vigués se diluyó como un azucarillo.  Y la ex alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, que decidió cambiar la confianza que sus vecinos le habían entregado apenas unos meses atrás por ir de comparsa en una lista ampliamente derrotada; el resultado obtenido habla por sí solo. E Inés Rey, estrella del universo Sánchez,  telonera hasta en tres ocasiones y que, pese a que ahora se muestra “crítica en la intimidad” no hizo sino contribuír, encantada de la vida, a la sarta de despropósitos que han acabado con el Partido Socialista de Galicia en la irrelevancia más absoluta.

En esa foto evocadora hay otros actores secundarios, los Regades, Fernández, Varela, Tomé o García, sin cuya aquiescencia no habría sido posible ir de despropósito en despropósito durante estos años.  Y, naturalmente, una militancia aturdida y abochornada, que a fuerza de callar, tragar y aplaudir las tropelías, se han quedado sin fuerza, sin ganas y sin idea alguna. Bien hará el PSdeG en parar un momento este carrusel de disparates, examinar a conciencia lo hecho, analizar las posibilidades, abrir procesos de participación amplios, recuperar la unidad entre toda la militancia y tratar de pergeñar un proyecto a ocho años vista, quizás con algunos –varios– actores –y actrices– diferentes.

Si la dirección y los y las responsables no lo hacen, es de esperar que, al menos, alguien se levante en ese cenáculo a decir en voz alta lo que todo el mundo sabe –y nadie dice–. Que el rey está desnudo. @mundiario

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