Red Eléctrica: algo va mal, que diría Tony Judt
El apagón masivo que paralizó España y Portugal es algo más que un fallo técnico: es el síntoma de un problema de fondo, el mismo que Tony Judt describió en su libro Algo va mal. Desde los años ochenta, Occidente ha abrazado un modelo que idolatra el beneficio inmediato, desprecia más de la cuenta lo público y descuida la resiliencia colectiva. El sistema eléctrico, vital para la vida común, ha sido víctima de esta lógica miope. Como advertía Judt, se han derribado diques de seguridad construidos con esfuerzo durante generaciones, sin prever las inundaciones que podrían venir. El apagón recuerda que es urgente repensar en qué mundo queremos vivir y recuperar el compromiso con lo que es de todos.
Basta ver lo sucedido a las 12:33 del mediodía de este lunes en cuestión de cinco segundos. España y Portugal quedaron sumidos en el mayor apagón de su historia reciente. Quince gigavatios de generación eléctrica –el equivalente al 60% de la demanda en ese momento– desaparecieron sin previo aviso, provocando escenas de caos: semáforos apagados, trenes detenidos, ciudades paralizadas en un inusual y angustioso silencio.
La recuperación del suministro comenzó por la tarde, pero la pregunta más inquietante sigue sin respuesta: ¿qué ocurrió exactamente? Red Eléctrica ha afirmado que puede descartarse un incidente de ciberseguridad y sostiene que no ha habido intrusión externa en sus sistemas. Apunta también a una caída de la generación solar como causa del apagón. Sin embargo, más allá de las explicaciones preliminares, lo sucedido apunta a un problema de fondo: algo va mal en el sistema eléctrico español. Más bien, algo va muy mal.
España arrastra desde hace tiempo múltiples deficiencias en su infraestructura energética. Vulnerabilidades técnicas, inversiones aplazadas, falta de coordinación entre redes, dependencia de tecnologías inestables y una planificación que no siempre ha sabido adaptarse a los riesgos contemporáneos. Se han ido acumulando como capas invisibles de un problema estructural. El apagón del lunes no parece tanto un accidente aislado como la erupción de estos problemas latentes. Todo un desbarajuste energético.
Un problema con solución que llegará a entenderse algún día
El misterio se comprenderá y explicará después de analizarlo y disponer de datos ahora mismo insuficientes. Es un problema con solución que llegará a entenderse algún día. Lo cierto es que existen tensiones económicas y políticas muy fuertes con la entrada de las renovables que tiran a la baja del precio del kW/h y arrinconan la producción tradicional, incluyendo la nuclear. Y también condiciones específicas de la península ibérica. Saber porque sucedió la brusca caída de l.5 GW es la clave.
Durante años, la posibilidad de un colapso eléctrico general ha sido considerada un escenario de ciencia ficción, más propio de películas de catástrofes que de la vida real. Hoy, esa hipótesis se ha materializado, recordándonos crudamente nuestras debilidades. Y no solo las energéticas: el sistema eléctrico es apenas una pieza de un entramado de vulnerabilidades que ya vimos expuestas durante la pandemia de la covid-19.
España, como otros países desarrollados, incluye la vulnerabilidad energética entre sus principales riesgos estratégicos en documentos de seguridad y defensa. Esta amenaza, que hasta ahora parecía teórica, se ha hecho tangible. Y en un contexto global cada vez más inestable, es ingenuo pensar que los potenciales adversarios no estén tomando buena nota de este talón de Aquiles.
Inexplicable silencio de Beatriz Corredor
La falta de transparencia en las primeras horas tras el apagón no ha ayudado a tranquilizar a la ciudadanía. El silencio inexplicable de Beatriz Corredor, la presidenta de Redeia, y las informaciones confusas generaron todo tipo de rumores, que el presidente del Gobierno intentó contener, insistiendo en que ni fenómenos meteorológicos extremos ni ciberataques habían sido confirmados. Pero tampoco fueron desmentidos por Pedro Sánchez, que no descartó nada en ninguna de sus dos primeras comparecencias. Es lógico que la ausencia de una explicación técnica definitiva mantenga abierta la incertidumbre.
A quien corresponda –y sepa– le toca ahora analizar con rigor qué falló. No basta con encontrar un culpable puntual o un error técnico aislado: es urgente revisar de manera profunda y realista el conjunto del sistema eléctrico, fortalecerlo y actualizarlo, anticipando tanto fallos internos como posibles amenazas externas. No se trata solo de evitar que algo así vuelva a suceder, sino de minimizar su impacto en tiempo y gravedad cuando ocurra, porque la experiencia ha demostrado que los riesgos no desaparecen por ignorarlos.
Lo dicho: el apagón del lunes ha dejado una enseñanza que no debería desaprovecharse: la modernidad no inmuniza contra los fallos sistémicos. Y la energía, esa infraestructura silenciosa y esencial, merece toda la atención y la seriedad de un país que aspire a ser verdaderamente resiliente. @J_L_Gomez en @mundiario