ZONA FRANCA

Que Juan Carlos cite a Cáritas para una donación resulta abyecto en sí mismo

Revilla, Juan Carlos y Corinna. / RR SS de F.R.
A ver si pretende ahora que su ex amante Corinna Larsen le devuelva los 65 millones de euros que le donó de modo irrevocable, al demandarla en defensa de su honor.

Hay un aspecto particularmente abyecto de la demanda de conciliación previa a querella que el rey honorifico, que no emérito, Juan Carlos I, ha interpuesto contra el ex presidente de Cantabria, Revilla. Que Juan Carlos, el mismo personaje que retribuía a sus amantes con generosos donativos en metálico (65 millones de euros a Corinna Larsen y 2 a Marta Gayá) anuncie que donará, de obtenerla, una indemnización de 50.000 euros a Cáritas si logra que le sean otorgadas en reparación a su honor, refleja la temperatura moral del donante, quien a estas alturas nos abre de nuevo la ocasión de recordar sus enredos diversos. Únase a ello que otro de sus antiguas mancebas o barraganas (que es como históricamente se describe a las amantes de los reyes) hubiera de ser compensada con empleos y del orden de otros 600 millones de pesetas (aportados por los contribuyentes que nutrimos los fondos reservados del Estado) para callarle la boca y enjugar el chantaje directo con las pruebas de su relación, no en vano, la interfecta María García (Bárbara Rey) proclamaba con orgullo en un programa de televisión que ella fuera “amante de Juan Carlos I”. Con tanto ajetreo legal, los viejos asuntos del ex monarca reverdecen. Y eso no para bien de la Corona.

Y ahora, la nueva demanda contra la danesa-alemana Corinna Larsen, a la que, en sus actos de donación, el citado Juan Carlos trataba de “princesa”, reaviva los especiales servicios de esta dama, que incluso asistía a su amante cuando éste estuvo internado en Barcelona, lo que dio lugar a un episodio de vodevil, cuando tuvieron que sacarla de urgencia, cuando llegaba la reina de visita formal al hospital. Por cierto, que su relato de la demanda que presentó en Londres contra su ex amante es un completo y detallado relato de aquel que hasta la pretendió en matrimonio. Vodevil, insisto. Corinna es la misma mujer que apareciera en la comitiva de rey Juan Carlos, pisando la misma alfombra roja en la que el monarca español, en un viaje de Estado, o que residió en una finca del patrimonio nacional, o que organizó el viaje de novios de Felipe y Letizia, o que incluso Juan Carlos llevó con él en el mismo avión en que viajaba la reina. El examen, desde una perspectiva global, de las relaciones de Corinna y su entorno, con Juan Carlos I presenta elementos propios de un “ménage à trois”, dada las relaciones del honorífico con alguno de los exmaridos de su amante, con los que ha viajado y que incluso han defendido la relación entre ambos.

Corinna empieza a ejercer como asistente de Juan Carlos, tras conocerse en 2004 en una cacería, y a acompañarlo tanto en viajes privados como de Estado. Es tal la relación entre ambos, que es la propia amante quien busca un empleo a Iñaki Urdangarín y le ofrece un puesto en una fundación con un magnífico sueldo que este rechaza. Juan Carlos se enamoró de ella y con el tiempo, como ella misma contaría con detalle pensó en casarse con ella. Lo cierto es que no solo desplazó a la reina del lado de Juan Carlos de manera pública, como lo estaba en la privada. Corinna daría detalles cuando las cosas entre ambos se torcieron de la naturaleza íntima de sus relaciones. Cuando el rey es internado en el Clínico de Barcelona es la alemana la que lo vela de modo constante, hasta un episodio de película de los hermanos Marx, en que tienen que sacarla de modo subrepticio porque llega de visita la reina de verdad.

La doble vida de Juan Carlos I con Corinna

El rey Juan Carlos mantuvo una vida paralela durante varios años. Residía en Zarzuela junto a su mujer, la reina Sofía, mientras que vivía un apasionado romance con Corinna Larsen, quien también estaba en Madrid junto a sus dos hijos, Anastasia y Alexander. Pero lo más curioso es que actuaba como un verdadero padre para los hijos de su amante, hasta conseguir una beca en el Prado para la hija de su novia. Anastasia, la primera hija de Corinna era fruto de su primer matrimonio en 1990, el magnate del transporte Philip Adkins. De manera formal, sus relaciones con España habrían de quebrarse tras el accidente de Botsuana en 2012, tras volar con Juan Carlos quiso quedarse mientras operaban al rey honorífico, pero el asunto ya había trascendido lo suficiente como que la Casa Real se arriesgara. Fue obligada a abandonar el país, escoltada por agentes de la CNI, con la esperanza de que alejarla ayudaría a contener las informaciones que se inmediato surgieron sobre sus relaciones con el rey. Entonces, Corinna retomó plenamente sus actividades, especialmente con el Principado de Mónaco, donde instaló su residencia y en 2013 hizo un viaje a Rusia con los príncipes de Mónaco.

El papel de Corinna como asistente personal de Juan Carlos se evidenciaba porque se encargaba de organizar los viajes privados del rey, al que acompañaba. Además, en su calidad de asesora, mantenía contacto directo tanto con el jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, como con el secretario general, Alfonso Sanz Portolés, ya que gozaba de total confianza de ambos. Diversos documentos relativos a la presencia de Juan Carlos en diversos actos privados o de empresa, revelan que la señora Larsen ejercía otro papel, el de directora de comunicación, encargada de filtrar y coordinar las relaciones con los medios, como paso previo a que lo hiciera la propia Casa Real. En esto de los viajes, con Corinna, incorporada a las comitivas oficiales se produjeron situaciones insólitas, como el hecho de que viajara en el mismo avión, en visitas de Estado, en el que iba la reina Sofía. Ocurrió el 6 de abril de 2006, cuando una expedición en la que figuraban aparte de la pareja real; el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos; el de Industria, José Montilla y una docena de empresarios españoles voló a Riad para mostrar el interés de nuestro país por los contratos millonarios que ofrecía el régimen saudí, entre ellos el del AVE a la Meca.

Durante una de sus convalecencias, según el relato de Corina en la demanda contra Juan Carlos, que presentó en Londres, éste le dijo que quería asegurarse de que ella y sus hijos se quedaran en una situación económica holgada. A mediados de 2011, le dijo le preocupaba que su familia cuestionara cualquier cosa que le dejara a ella en su testamento tras su muerte. La donación de los 65 millones que Juan Carlos transfirió a su amante se había  blindado  con  un  contrato  firmado  por el donante y la receptora, a la que por cierto Juan Carlos da el tratamiento de princesa. En el documento, del que tenía copia el fiscal suizo Yves Bertossa, Juan Carlos reconocía ser el primer beneficiario de la fundación Lucum. Esta era una entidad panameña creada para recibir una aparente donación de 100 millones de dólares enviada en julio de 2008 por el rey saudí Abdalá bin Abdulaziz al-Saúd al entonces jefe del Estado español.

En todo este embrollado asunto hay aspectos que son difíciles de entender: Si la donación de los 65 millones se hace en 2012, y según Corinna el rey le exige que los devuelva tras abdicar en 2014, por qué, como ha trascendido e incluso publicado copia del documento, en agosto de 2018, Juan Carlos remite una carta al abogado Dante Canonica en la que reitera que la donación de 65 millones de euros a Corinna Larsen era “irrevocable”. Además, recordó que, en ningún momento, su amante actuara como su testaferro. Coincidía con el inicio de la investigación por parte de la Fiscalía del Cantón suizo el mismo mes agosto de 2018 a los testaferros de Juan Carlos: su primo Álvaro de Orleans y los fiduciarios suizos Arturo Fasana y Dante Canonica. Todos ellos utilizaron la Fundación Zagatka como tapadera para ocultar el patrimonio de Juan Carlos I en el extranjero. De eso no cabe duda. Por otro lado, el extenso documento de la demanda por acoso y otros delitos que Corinna presentara en Londres contra su amante, es un detallado relato de su tormentosa relación. Pero en todo caso, ella se quedó con los 65 millones. Juan Carlos demanda en defensa de su honor. ¿Qué honor de qué? @mundiario.