¿Por qué la extrema derecha puede ganar las elecciones europeas?

Ascenso de la ultraderecha en Francia. /Bernard Bouton
Ascenso de la ultraderecha en Francia. /Bernard Bouton
Podría alzarse con la mayoría “una coalición de derecha populista formada por democratacristianos, conservadores y eurodiputados de la derecha radical”.
¿Por qué la extrema derecha puede ganar las elecciones europeas?

No debiera haber dudas de que las derechas europeas se podrán presentar a las próximas elecciones al Parlamento Europeo con la satisfacción de haber hecho bien sus deberes. Diría que incluso muy bien pues nunca los grandes bancos y empresas europeas ganaron tanto y de forma tan rápida. Nunca estos lobbies tuvieron tanto poder de influencia en los órganos de decisión de la Unión Europea (Comisión Europea, Banco Central Europeo), incluso en el propio Parlamento Europeo como tuvimos oportunidad de comprobar recientemente (“escándalo Catargate”).

Al mismo tiempo que esto sucede también crecen los temores de que en estas elecciones las extremas derechas alcancen unos resultados sin precedentes tal que incluso pasen a ser la fuerza parlamentaria mayoritaria. Unas extremas derechas que en un número creciente de estados europeos están recibiendo el abrazo de las derechas liberales y conservadoras con las que llegan a formar gobierno (gobierna en Italia y Hungría, forma parte del ejecutivo de Finlandia, apoya al gobierno de Suecia y acaba de llegar a un acuerdo para formar gobierno en Holanda). La propia Ursula von der Leyden presidenta de la Comisión Europea abrió recientemente la puerta a pactar con la extrema derecha después de las elecciones “si fuera necesario”.

Quizás podamos entender mejor lo que está sucediendo en la Unión Europea si añadimos la información de que esta región fue la que peor comportamiento económico tuvo, por ejemplo, en 2023 y que no hay indicios de que la situación vaya a cambiar. Estados Unidos o los estados llamados BRIC (Brasil, Rusia, China…) tuvieron un crecimiento económico importante mientras que la Unión Europea en su conjunto bordeó la recesión con estados relevantes (Alemania, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Irlanda y Luxemburgo) metidos en la misma.

La explicación de esta divergencia debemos buscarla en que aquellos estados no se rigen por los mismos parámetros de política económica por los que viene haciéndolo la Unión Europea desde hace más de una década. Por el contrario esos países han optado por políticas que potencian la demanda interna, la recuperación de los salarios reales, la inversión pública que arrastra consigo a la inversión privada, prestando una especial atención al sistema industrial propio, y optando por políticas monetarias menos rígidas y más expansivas que las que, por caso, está llevando a cabo el BCE. 

Si a esto le añadimos el suicidio político que está suponiendo para la Unión Europea su subordinación a la OTAN en la guerra en Ucrania (son los Estados Unidos quienes deciden el curso de la guerra) seguramente entenderemos mejor el enorme descontento social que existe en Europa, tanto con la mayoría de sus gobiernos nacionales como, muy especialmente, con la Unión Europea. Un descontento social y un malestar económico que están siendo aprovechados de manera hábil por las derechas extremas para incrementar sus apoyos y que, con toda seguridad, tendrá su referendo en estas próximas elecciones de junio al Parlamento Europeo. Según el European Council on Foreign Relations, es probable que “los populistas anti-europeos encabecen las encuestas en nueve países miembros (Austria, Bélgica, República Checa, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia y Eslovaquia)”. Con ello, añaden que por primera vez podría alzarse con la mayoría “una coalición de derecha populista formada por democratacristianos, conservadores y eurodiputados de la derecha radical”. @mundiario

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