El PSOE desautoriza al PSdeG

Valentín González Formoso. / PSdeG-PSOE

El derrotismo se ha instalado en la organización. Tanto el Secretario General como el Ministro de Sanidad han rechazado concurrir como candidatos a la Xunta de Galicia.

En pleno mes de agosto la dirección federal socialista ha paralizado el proceso de elecciones internas de los socialistas gallegos para elegir a su candidato a las próximas elecciones gallegas. La excusa ofrecida es totalmente ajena al proceso interno, lo que obliga a buscar otras explicaciones. La principal, el ensimismamiento de la organización gallega, que tras retroceder de forma importante en los dos procesos consecutivos de elecciones municipales y generales, no solo no ha sido capaz de reaccionar, explicar lo ocurrido y rectificar, sino que se ha embarcado en unas elecciones primarias en las que se rehúye el problema de fondo.

En 2009, tras perder el Gobierno gallego, el PSdeG comenzó un proceso de autodestrucción que todavía sigue coleando. Lejos de tratar de entender lo ocurrido, forzó la dimisión del Presidente Touriño a quien sucedieron durante estos años, Pachi Vázquez, Gómez Besteiro, Pilar Cancela, Gonzalo Caballero y González Formoso, mientras que a la Xunta de Galicia durante esos años aspiraban Pachi Vázquez, Fernández Leiceaga y Gonzalo Caballero. Si con Touriño se alcanzaban 25 diputados y antes con González Laxe 28, en las últimas elecciones autonómicas el resultado fueron 14 diputados y la tercera posición tras el nacionalismo.

El derrotismo se ha instalado hasta tal punto que el Secretario General gallego lleva muchos meses anunciando que no desea concurrir a las elecciones gallegas, lo mismo que ha anunciado el Ministro de Sanidad, José Miñones. Si los cargos más visibles muestran ese alejamiento de la primera magistratura, el sentimiento en la organización no puede ser más pesimista. Esto es lo que probablemente ha detectado la dirección madrileña, juzgando con buen criterio que en dichas condiciones iniciar un nuevo proceso interno de polarización era simplemente hacer juegos florales cuando la estructura se desmorona. En especial cuando el voto en Galicia ha sido peor que en el resto de España, evidenciando que hay problemas singulares que deben ser abordados.

Hasta el momento se habían postulado de forma más o menos ambigua, dos candidatos: Gonzalo Caballero que ya fue candidato, además de Secretario General, y Gómez Besteiro que fue también Secretario General y que en su momento prefirió dirigir la organización desde el cómodo puesto de Presidente de la Diputación lucense, evitando confrontar con el PP desde el Parlamento. Luego vicisitudes judiciales lo apartaron de la política temporalmente. Es decir, se ofrece a los ciudadanos gallegos en cualquiera de los dos casos, una mirada al pasado, por parte de una organización que solo ha retrocedido desde 2009.

José Manuel Miñones. / Mundiario

Es necesario decirlo de nuevo: el problema del socialismo gallego no es elegir entre dos perfiles muy similares que se han dedicado a cultivar sus redes de influencia y patronazgo, desdeñando cualquier proceso de integración interna y, sobre todo, evitando ampliar la base electoral del socialismo gallego. De forma que el PP gallego que no ha dejado crecer a Vox, ha ocupado una parte del espacio de centro, mientras el nacionalismo hacía lo propio por la izquierda. Los líderes socialistas gallegos, ausentes, atentos a lo suyo. Dos ejemplos: la esperpéntica posición ante la Ley del Litoral, apoyada inicialmente por la dirección gallega hasta que el Delegado del Gobierno transmitía la orden de oposición. El segundo, la ambigüedad ante las continuas vicisitudes ferroviarias.

Ni un atisbo de programa de gobierno realista, pegado al terreno gallego, capaz de confrontarse en lo concreto y en lo simbólico con el espacio nacionalista o popular. Ni un gesto para ampliar la base social, para extenderse más allá del voto tradicional, que fue la estrategia que permitió llegar al Gobierno con Touriño, por un mínimo margen de votos.

No es momento de quejas, sino de decisiones. Ni de debatir entre candidatos que poco nuevo ofrecen, sino sobre el objetivo que se pretende. Solo uniendo fuerzas en torno a ideas actuales, viables y comprensibles, se puede aspirar a despertar interés en los viejos electores y sobre todo en los nuevos. Colmar la distancia entre el electorado municipal y el de las elecciones autonómicas, debería de ser el objetivo. Claro que la posición política general en las instituciones locales es pragmática y centrada mientras que en el espacio autonómico está más radicalizada. Quizás es lo que ven los electores.

Sin proyecto político no hay partido. Sin ideas, el debate entre personas es falso, en realidad es un debate entre aparatos locales, las provincias de Coruña y Lugo, por un lado, las de Ourense y Pontevedra por otro, con excepciones notables.

Si la organización gallega continúa la deriva actual, lo único seguro es que seguirá siendo tercera fuerza política, muy lejos del Gobierno, sea quien sea el candidato. Al menos, alguien en Madrid lo ha entendido. Veremos que sugiere. @mundiario