Los psicólogos recomiendan distanciarse de la realidad en días convulsos, como estos

Agentes de la Policía Nacional. / RR SS.
Se trata de sobrevivir “mentalmente equilibrados” en medio de tanta basura política que inunda el suelo patrio. El último episodio bochornoso es caso del DAO de la Policía Nacional y la presunta violación de una subordinada.

Hay que sobrevolar la realidad política para sobrevivir “mentalmente equilibrados” en medio de tanta basura política que inunda el suelo patrio. 

Hace tiempo que da miedo asomarse a las páginas de los periódicos en papel o a las ediciones digitales de The Objective, El Confidencial, Voz Pópuli o El Debate, que practican el periodismo de investigación y destapan prácticas corruptas y comportamientos presuntamente delictivos en los aledaños del poder. El propio poder los tacha de seudomedios y califica como “bulos” sus informaciones que nunca fueron desmentidas o llevadas al juzgado, lo que lleva a pensar en su veracidad.

Estos días casi todo son malas noticias: etarras condenados y no arrepentidos en libertad, tramas de corrupción que salpican a instituciones y cargos cercanos al Gobierno y al partido que lo sustenta, filtraciones desde la cárcel, algarabía permanente en el Congreso que desemboca siempre en el estéril “y tú más”… Lo último, el bochornoso caso del DAO de la Policía Nacional y la presunta agresión a una subordinada que, según publican los medios, conocía todo su entorno menos el ministro del Interior.

Estos episodios me traen a la memoria dos viñetas de Forges de hace unos años que son aplicables a lo que está ocurriendo hoy. La primera fue publicada en 2012, en plena crisis económica, y mostraba a un ciudadano tomando café con su hijo pequeño y pide a otro ciudadano que leía el periódico en la mesa contigua: “Perdone, ¿podría leer el periódico para allá que me está asustando al niño?”.

La segunda fue publicada en plena eclosión de casos de corrupción. Seguía la crisis, “florecía” la crispación y los ciudadanos estaban desconcertados y deprimidos, más o menos como ahora. Con este ambiente, el genio de Forges dibujó a un personaje que, abrumado por tantos problemas entró en una farmacia, saludó al farmacéutico y le preguntó: “¿Tienen alguna vacuna contra esto en general?”. “Huya”, le aconsejó el boticario, que también estaba abrumado por el acontecer.

¿Qué será lo próximo? Parafraseando a Forges, ¿existe algún remedio para lo que está ocurriendo? Las situaciones excepcionales necesitan políticos excepcionales que busquen el diálogo, la concordia y el entendimiento en los asuntos esenciales del país. Pero los dirigentes que gobiernan están instalados en el reproche, la crispación y la división, se culpan unos a otros en lugar de trabajar todos en solucionar los problemas, que siguen ahí.

La solución no es la huida, como aconsejaba el boticario de la viñeta, sino erradicar la corrupción, todas las formas de acoso –machista, laboral o sexual– y recuperar un mínimo de ejemplaridad pública. Porque lo verdaderamente inquietante no es que dé miedo leer los periódicos, sino que llegue el día en que dejemos de leerlos por resignación. @mundiario