El PSdeG necesita recuperar la unidad interna y dotarse de un proyecto político gallego
Si el PSdeG - PSOE logra reunificarse en torno a un proyecto propio, con liderazgos cohesionados, podrá aspirar a recuperar el segundo puesto en Galicia; no atacando al BNG, sino reivindicando su propio valor.
El PSdeG - PSOE atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. La pérdida progresiva de apoyo electoral y el auge del BNG como fuerza hegemónica de la izquierda gallega, desde el nacionalismo, han relegado a los socialistas al tercer puesto, con una tendencia descendente que parece no tener freno.
En este escenario, la prioridad del PSdeG debería ser recuperar la unidad interna y dotarse de un proyecto político gallego propio, con liderazgos cohesionados y capaces de reconectar con la sociedad.
Su recuperación no pasará por atacar al BNG, sino por construir una alternativa reconocible, útil y con voz propia en el debate político gallego. Solo si logra reencontrarse consigo mismo y con su electorado, podrá aspirar de nuevo a ocupar, al menos, el lugar de segunda fuerza en Galicia, comunidad en la que el PP gobierna con mayoría absoluta.
El PSdeG ante el espejo: reconstruirse para ser alternativa
Hace mucho tiempo que el PSdeG no lidera la política gallega. Ni siquiera es ya la segunda fuerza del país, puesto que hoy ocupa el BNG tras años de trabajo estratégico, consolidación territorial y actualización de su discurso. El PSdeG, en cambio, sigue inmerso en un proceso de lenta descomposición, atrapado entre su dependencia del PSOE estatal y de las baronías locales, y su incapacidad para ofrecer una propuesta política con personalidad gallega, atractiva y creíble.
Si aspira a recuperar posiciones, el partido que ahora dirige José Ramón Gómez Besteiro debe cambiar radicalmente su forma de estar en la política gallega. Y eso empieza por mirarse al espejo y preguntarse, con honestidad, qué papel quiere jugar en el futuro de Galicia.
Unidad interna: condición necesaria, pero no suficiente
La fractura interna es hoy el principal obstáculo inmediato para cualquier reconstrucción. La coexistencia de dos frentes, uno en torno a José Ramón Gómez Besteiro y otro del ex secretario general Gonzalo Caballero, es la expresión de una lucha de poder sin horizonte político claro. Esta división no es ideológica ni estratégica, sino meramente orgánica, y eso es lo más preocupante: se pelea por el control del aparato, pero no hay un debate serio sobre el proyecto que debería defender el socialismo gallego.
El primer paso para salir del agujero es pactar una tregua real, dotarse de un liderazgo legítimo –ya sea Besteiro, otra persona o una dirección de transición– y construir un espacio común donde todas las sensibilidades puedan trabajar por un objetivo compartido: volver a hacer del PSdeG una fuerza útil para la sociedad gallega. Sin unidad, todo lo demás será papel mojado. Siempre faltarán manos.
Hablar en clave gallega
Pero la unidad no puede servir para perpetuar la inercia. El PSdeG lleva años sin acertar con su relación con Galicia. Demasiado dependiente de las orientaciones de Ferraz, poco atento a lo que se mueve en la sociedad gallega, con liderazgos locales poco o nada galleguistas, el partido se ha ido alejando de la realidad del país. Para reconectar, hace falta algo más que galleguizar el logotipo o usar el idioma. Hay que asumir marcos mentales propios, hablar de los problemas de la gente desde una perspectiva gallega, construir liderazgos con arraigo territorial y capacidad de interlocución social. Además, en la política de hoy también hay que saber ver España y Europa desde Galicia. Con una mirada gallega, no necesariamente igual a la de Ferraz.
Y, sobre todo, hay que escuchar. Escuchar en el rural, en las comarcas del interior y en las ciudades grandes y medianas. Volver a mirar a la sociedad no desde arriba, sino desde dentro, incluyendo a la vez las sensibilidades de dos organizaciones sindicales: la UGT y Unións Agrarias.
Una identidad política diferenciada
La indefinición es hoy la seña de identidad de un PSdeG desnortado. No representa con claridad un proyecto de país, no es visto como una alternativa real al PP y apenas se distingue del PSOE estatal. Esa ambigüedad es letal. El PSdeG necesita definir un perfil político reconocible: progresista, galleguista, federal, con discurso propio. No basta con prometer una mejor gestión que el PP: necesita ofrecer una visión de futuro para Galicia, con propuestas ambiciosas en los grandes retos del país –demografía, industria, servicios públicos, modelo territorial, cultura, energía…–, de modo que sea percibido como una alternativa de gobierno.
El modelo del PSC catalán, aunque difícil de replicar, ofrece pistas útiles. El PSC es un partido con voz propia, con liderazgos solventes, que sabe cuándo coincidir con el PSOE y cuándo marcar diferencias. El PSdeG podría hacer lo mismo sin necesidad de separarse orgánicamente, pero para eso necesita valentía política y capacidad de construcción estratégica.
Renovar el partido: personas, ideas y actitudes
La crisis no es solo de liderazgo autonómico, sino también de cuadros medios, de organización territorial, de conexión con la sociedad. El PSdeG necesita gente nueva, preparada, profesional, con discurso y presencia pública. No se trata de edad, sino de actitud: querer escuchar, explicar, convencer. Abandonar el clientelismo, el lenguaje vacío, el cálculo constante. Y, por supuesto, ciertas corruptelas en algún concello. Algunos solo quieren el poder orgánico para perpetuarse en el poder institucional.
Renovar también implica dejar atrás viejos hábitos de funcionamiento interno: menos endogamia, más transparencia; menos lógica de aparato, más apertura social. Los partidos que no se reforman, simplemente desaparecen o, como mucho, languidecen.
Pensar Galicia con ambición y a largo plazo
Otro error recurrente del PSdeG es vivir al ritmo de los ciclos electorales y de las encuestas. Eso impide cualquier planificación seria. Si quiere recuperar el segundo puesto y, eventualmente, disputar la presidencia de la Xunta, debe trabajar con un horizonte de diez años: formar cuadros, estar presente en los movimientos sociales, recuperar influencia sindical, construir presencia territorial más allá de las grandes ciudades.
Eso requiere estabilidad interna, sí, pero también ambición. Galicia necesita una izquierda federalista, galleguista, europea y moderna. El PSdeG podría serlo. Pero para eso tiene que dejar de actuar como una delegación y empezar a comportarse como una fuerza política con iniciativa y voluntad de país. No basta con presumir de marca.
Cooperar, no competir, con el resto de la izquierda
La fragmentación del espacio progresista gallego no va a desaparecer. El BNG tiene su espacio consolidado y Sumar intentará ocupar el suyo. El PSdeG debe asumir esa realidad y dejar de ver a las otras fuerzas como enemigos a batir. Puede competir, sí, pero también debe estar dispuesto a cooperar, a compartir estrategias e incluso gobiernos si la aritmética así lo requiere. Pero para eso, antes, debe reconstruir su perfil y su autonomía. Hoy el BNG está por delante y es la referencia opositora al PP en Galicia.
En definitiva, el PSdeG no está condenado al declive, pero tampoco tiene garantizado su futuro. Está ante una encrucijada: o se reforma a fondo, o seguirá caminando hacia la irrelevancia. Tiene historia, presencia institucional, marca y capacidad para resistir. Lo que le falta, por ahora, es proyecto. Y sin proyecto político, no hay regreso posible. @mundiario