A la porra la “Feliz Navidad” y el “Próspero Año nuevo”
Hace unos días, mientras tomaba el aperitivo en una cafetería de Madrid, una señora que transita por la ochentena, habitual del local, lo que le permite cierta complicidad con los empleados del mismo, se dirigió a uno de ellos para decirle en modo de confidencia: “¿Sabes?, me he enterado de que la Montero no paga impuestos”. La camarera que recibió tal aseveración se quedó pensando “quién demonios es la Montero”. Últimamente no suelo permanecer impasible ante desvaríos como el que acabo de relatar y, dirigiéndome a la autora de esa afirmación, le pregunté de dónde había sacado tal despropósito. Este tipo de personas no está acostumbrado a que le refuten sus verdades, así que la señora en cuestión guardó un nervioso silencio para acabar respondiendo: “lo he leído”. La siguiente pregunta era obvia, ¿dónde? La respuesta mostró el mundo en el que vivimos nuestras vidas: “Pues ahí, en Internet”.
Ahí en Internet millones de ciudadanos leen cada día multitud de aberraciones de este tipo, incluso más graves, sin preguntarse nada al respecto, sin la menor inquietud crítica. Y no solo leen en Internet barbaridades que sirven para construir monstruos a los que odiar sin descanso. También vuelcan en Internet sus frustraciones que alimentan a colectividades que crecen suministrándose a sí mismas emociones que al final derivan en creencias no ya religiosas, que también, sino de corte político, con las que se consiguen colocar en los puestos de poder a personajes abominables.
Este año, inundados por la ola de nacionalcatolicismo que se impulsa desde el gobierno de la Comunidad de Madrid, su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, no dudó en llevar al grupo de pop ¿moderno? Hakuna, un colectivo de cachorros del Opus Dei, para que desde el balcón de la sede de la comunidad madrileña cantasen sus villancicos cargados de ñoñería. Uno de los componentes de ese grupo decía que ellos se arrodillaban ante “Cristo hostia”. La letra de estos villancicos bobalicones solo es apta para estúpidos cum laude: “… que mi pobreza, mis fallos y miserias / se hagan regalos de navidad”. Esto después de decir “algo ha pasado / no nos hemos enterado / acaba el año / volvemos a empezar”. Envalentonados con éxito parroquial no tienen reparo en incluir frases que abren heridas: “Todos los rostros / que gritan, sufren, lloran / cuya mirada nos lleva a tu verdad”.
Entre el público de jóvenes recién salidos de la sacristía se encontraban un festivo Feijóo y una extasiada Ayuso, con sus rostros de falsedad manifiesta, tarareando estas letras en la que se mezclan cristos y dioses que no existen, pero que ellos dicen que ha nacido en un portal imaginario que pocos ayuntamientos se resisten a no colocar en sus instalaciones. Ese mismo Feijóo que aprovechó la Nochebuena para desvelar sus conversaciones con Mazón el día de la Dana, en las que se comprueba que ambos llevan mintiendo más de un año, sin importarles que sus mentiras desprecien a los 230 muertos en Valencia. Nada les importa, ellos siguen felices cantando el estribillo del villancico de marras: “Y no entiendo ¿por qué a María y José/ Dios hace carne/ Mi carne”. Al final entre besos y abrazos todos se desearon una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.
Los creadores de contenidos para Internet han mantenido su producción al máximo. Contamos con decenas de miles de mensajes empaquetados en una ilustración, acompañada de alguna canción sin sustancia, que se envían unos otros en una carrera por ver quién es más original y más rápido. Los hay que no dejan ni un solo contacto sin enviarle esta basura digital, aunque no hayan mantenido ni un solo contacto con ella a lo largo del año.
Cerramos un año en el que ya no caben más desgracias. La feliz Navidad y el Próspero Año Nuevo supongo que también se la felicitaremos a los habitantes de Gaza, a los que ya hemos olvidado en medio de la miseria y la incertidumbre. También a esas cuatrocientas personas arrojadas a la calle por el siempre viril alcalde de Badalona, Xavier Albiol, a quien su confesión católica no le hizo pensar en la caridad cristiana de cuatrocientas almas desamparadas. Entre nuestras felicitaciones no podrá faltar el inquilino de la Casa Blanca, que asesina sin la menor compasión en el Caribe a todo aquel del que sospecha que es un narcotraficante. Y en el plano doméstico a los extremeños que en número del 60 por ciento de los que acudieron a las urnas decidieron dar la victoria a la derecha y a la ultraderecha. Estas dos fuerzas políticas ya están planeando cómo eliminar derechos y servicios sociales. Así que sí, sigamos con las felicitaciones de la Feliz Navidad y el Próspero Año Nuevo.
Estos días solo un medio de comunicación, elplural.com, ha tenido la valentía de recordarnos que la Unidad Central Operativa (UCO) de la guardia civil, lleva seis meses sin responder a la solicitud que le hizo el juzgado número 19 de Madrid para que informase de las actividades del novio de la novia, es decir, de Alberto González Amador. Otro medio, publico.es, contabilizaba recientemente las 13 correcciones a la instrucción del juez Peinado en el caso de la mujer del presidente del Gobierno. Trece correcciones, ¿esto es una instrucción judicial o un ejercicio de prueba y error? Entrar en el terreno de la Justicia en España nos lleva también a desear Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo por su comportamiento ejemplar.
Lo mejor será recoger los papeles y dejar en las paredes escrita una frase: “El último que salga que apague la luz”. Hay que abandonar ese mundo lleno de sombras y pasar a reivindicar lo que algunos han llamado la libertad radical frente a la libertad de los nuevos profetas. Una libertad que no deje a nadie atrás, con la que la gente se sienta menos frágil y con más posibilidades de vivir. Parafraseando al nuevo alcalde Nueva York, Zohran Mamdani, el desastre es demasiado grande y ya no caben las soluciones rápidas. @mundiario