CARTA DEL EDITOR

Pontón o Rueda a la luz de O'Brien y Camus

Ana Pontón y Alfonso Rueda. / Mundiario
Ana Pontón y Alfonso Rueda. / Mundiario
La euforia del progresismo en Galicia es ahora más grande porque Ana Pontón no solo es valorada por los nacionalistas, sino también por los socialistas e incluso por no pocos populares. Pero el PP es mucho PP en autonómicas.
Pontón o Rueda a la luz de O'Brien y Camus

La euforia, esa exaltación intensa y positiva de emociones, es grande en el progresismo de Galicia, que ve como algunas encuestas sitúan a la nacionalista de izquierdas Ana Pontón –una mujer brillante– con opciones de ser presidenta de la Xunta. Es comprensible este fenómeno que va más allá de la simple expresión de alegría, al brindar momentos de felicidad en un espectro político poco o nada habituado a ganar elecciones autonómicas. Tanto es así que esta euforia es más intensa de la que pudo haber sido la de 2005, cuando el socialista Emilio Pérez Touriño llegó a ser presidente con el apoyo del nacionalista Anxo Quintana.

Las propias encuestas dan una explicación. Ana Pontón no solo es conocida y valorada por los votantes nacionalistas, sino que también lo es por parte de los votantes socialistas, hasta el extremo de que la puntúan más que a su propio candidato, José Ramón Gómez Besteiro, según explica Faro de Vigo, basándose en una encuesta. Es más, entre los votantes del PP no es mal acogida.

Decía la novelista irlandesa Edna O'Brien que la euforia es "una sensación maravillosa; es como volar", y no le falta razón. Su metáfora captura la esencia de la euforia, esa sensación de ingravidez y libertad que permite superar las limitaciones cotidianas. En ese caso equivaldría a encontrar alegría incluso en medio de las dificultades, y es que todo tiene su lógica: la euforia actúa como un pegamento que une a la gente, en este caso, a muchas personas de izquierdas de Galicia.

La euforia también desempeña un papel crucial en la motivación y la creatividad. Cuando estamos imbuidos de una sensación de euforia, las mentes se vuelven más abiertas, receptivas y capaces de ver posibilidades que de otra manera podrían pasarse por alto. Es en estos momentos de exaltación emocional cuando se gestan nuevas ideas, proyectos ambiciosos y soluciones innovadoras.

Pero como señaló el filósofo francés Albert Camus, la euforia también es la sensación de sentirse invulnerable, y eso puede ser peligroso, ya que la euforia descontrolada puede nublar el juicio y derivar en decisiones impulsivas. Es preferible disfrutar de la euforia con conciencia y responsabilidad, en este caso –si procede– mejor el 18-F.

Ana Pontón no está sola, pero su buen trabajo puede verse empañado por unos deberes que los socialistas no han hecho todo lo bien que cabía esperar de ellos. Máxime, cuando fueron advertidos a tiempo de que algo iba mal, que diría Tony Judt. A veces un gran cantante desaparece, deja pasar un tiempo, vuelve y sus canciones –nuevas– le devuelven a las listas de Los 40. Pero eso no está al alcance de todos los cantantes: unos, porque vuelven con las canciones del pasado y ya no suenan igual; otros; porque se ha visto desplazados por nuevos artistas que conectan mejor con las nuevas generaciones. Un buen político –y Besteiro ya demostró en su día que lo era– necesita un buen manager, igual que los cantantes cuando quieren volver tras haberse tomado un tiempo sin componer ni actuar.

En realidad –con el permiso del socialista Tezanos y su controvertido CIS–, ni siquiera está claro que un buen partner le hubiera dado a Ana Pontón alas suficientes para volar. Frente a nacionalistas y socialistas hay un gran partido de centro-derecha, que haga bien o mal las campañas, tenga un candidato más o menos artista, resulta que tiene una base social impresionante, capaz de capilarizar aldeas, parroquias, pueblos y ciudades de toda Galicia. Ganarle al PP en generales en Galicia fue posible –lo hizo el PSdeG - PSOE cuando su secretario general era Gonzalo Caballero, después destronado–, derrotar al PP en ciudades como Vigo o A Coruña tampoco es una batalla perdida, pero ganarle en autonómicas al Partido Popular es algo que nadie ha conseguido, ni siquiera cuando hubo alternancia. Por eso la lección de Albert Camus no está de más tenerla presente en este progresismo tan eufórico como motivado. El 18 veremos qué pasa. @J_L_Gomez

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