Políticas extremas que anuncian el final del planeta
Llevamos más de cuarenta años viendo como Galicia se quema durante los meses de verano. Antes y después hemos asistido a la desaparición de especies autóctonas mientras los territorios se reforestaban con pinos y eucaliptos propicios para el fuego. Sin muchos fundamentos hemos escuchado culpar de los incendios a los madereros, a los intereses de comunidades de montes, a disputas vecinales, a estrategias partidarias de organizaciones políticas, a pirómanos fantasmas o vinculados a las brigadas de extinción… recordamos a Romay Becaría mostrando pequeños paracaídas incendiarios y la foto de Feijóo bombero usando una manguerita calzado con mocasines, a policías deteniendo a ancianos desamparados, a aldeas carbonizadas, a bomberos accidentados y muertos… La epopeya es tan amplia y dolorosa como los miles de argumentos esgrimidos para salir del paso mientras llegaban las lluvias de otoño, se desmantelaban las brigadas contra incendios, se olvidaba la prevención o se privatizaban los servicios. Todo ello como si se tratara de una obstinada ley de vida sin remedio. Sin embargo siempre hemos intuido, además de la incompetencia gestora, el desprecio hacia el hábitat en beneficio de intereses económicos hipócritas y espurios.
Hay otros muchos pero los incendios forestales son sin duda el mayor ejemplo de atentados contra la vida en el planeta Tierra desde Galicia. La eutrofización avanzada del Mar Menor en la comunidad murciana a consecuencia de la agricultura abusiva de fosfatos y nitratos, la inoperancia contra las sucesivas gotas frías o dana en Valencia, el desamparo de los humedales en Andalucía, la proliferación de granjas intensivas en Castilla y León, la contaminación del aire en Madrid incumpliendo impunemente el límite legal de emisiones de dióxido de nitrógeno… Podría continuar enumerando, comunidad por comunidad, cómo se emponzoña el presente y cómo en realidad envenenamos el futuro de nuestros descendientes. Me he limitado a estos territorios gobernados por el PP no por casualidad, ya que en todos los rincones del país existen malos usos ambientales. Recurro a semejantes ejemplos para mostrar como los conservadores (del capital, de la industria y de la especulación) ejecutan políticas medioambientales perversas tirando la piedra y escondiendo la mano. Y viene a colación por el paso dado en el Parlamento Europeo al unirse el PP español a las teorías de la extrema derecha, dejando a un lado a sus iguales en Europa, para votar contra el Plan de Reducción de Emisiones Contaminantes del 90% en 2040.
¿Ha sido una sorpresa? A mi modo de ver se trata del uso de la indolencia reflejado más arriba y a una nueva adhesión a las teorías de Vox contra el Pacto Verde Europeo, nacido para lograr la neutralidad climática de cara a 2050. ¡Largo me lo fiais! Por esta actuación parlamentaria he escuchado decir que el PP carece de políticas medioambientales, que ha sido una cesión más para conseguir el apoyo de Vox en las Corts Valencianes, que ya se conforman con la inevitable hermandad entre Feijóo y Abascal. Todo puede ser visto el uso del corto plazo operativo para arañar el poder sin mostrar a las claras cuál es el proyecto de país conservador guardado en la carpeta azul de Núñez & Tellado dictado por Aznar. Con esta actuación en el Parlamento Europeo el PP da un paso más en la renuncia a ser un partido de centro y sigue poniendo alfombras azules para que Vox se empodere en La Moncloa, si es consiguen llegar. Pero lo estremecedor es comprobar como Feijóo y los suyos se venden a la destrucción del planeta por un plato de lentejas. Suponiendo que sus votantes serios estarán de acuerdo. @mundiario