El petróleo venezolano, en el radar de Donald Trump

Donald Trump y Nicolás Maduro.
Trump no ha sido muy claro en sus mensajes sobre el régimen chavista de Venezuela, a diferencia de Marco Rubio, pero sus gestos con Edmundo González Urrutia, invitado a su toma de posesión, hablan por sí solos.

El petróleo venezolano, durante años considerado una de las principales fuentes de ingresos del régimen autoritario de Nicolás Maduro, podría afrontar una encrucijada crítica bajo la administración del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. Desde el inicio de su mandato, Trump dejó en claro su intención de presionar al gobierno chavista. En sus primeras declaraciones como presidente, afirmó: “Estamos mirando a Venezuela con mucho interés” y enfatizó que “no queremos su petróleo”, sugiriendo que podría aumentar las sanciones económicas sobre el país sudamericano.

Esta postura afecta directamente no solo a la economía venezolana, sino también a grandes corporaciones extranjeras como la estadounidense Chevron y la española Repsol. Chevron, el último productor estadounidense que mantiene operaciones en Venezuela, enfrenta un futuro incierto debido a la dependencia de permisos del gobierno de Estados Unidos para continuar extrayendo y exportando crudo. Por su parte, Repsol tiene un 40% de su negocio upstream en Venezuela, lo que representa aproximadamente 500 millones de euros en ingresos anuales. La posibilidad de sanciones más severas podría poner en riesgo estos activos, dejando a ambas empresas al borde de grandes pérdidas.

La relación de Estados Unidos con Venezuela ha estado marcada por tensiones políticas y económicas desde hace años, pero Trump elevó el tono al incluir al régimen de Maduro en su lista de prioridades de política exterior. Marco Rubio, senador republicano conocido por su postura dura contra los gobiernos de Cuba y Venezuela, también juega un papel clave en estas decisiones. Rubio ya instó a la administración Trump a aumentar la presión económica y política sobre el régimen chavista, criticando a Joe Biden por supuestamente ser más permisivo con Maduro.

Otro actor destacado en este contexto es Edmundo González Urrutia, líder opositor venezolano reconocido por Estados Unidos como el legítimo ganador de las elecciones del 28 de julio. Invitado a la toma de posesión de Trump, González Urrutia denunció la persecución, tortura y crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen de Maduro. Durante su intervención en Washington, declaró: “Con el respaldo de nuestros aliados internacionales y la firme determinación de cada venezolano que no se rinde, podemos decir con certeza que la libertad prevalecerá”.

Si bien la retórica política puede parecer distante de la realidad económica, la interconexión entre ambos ámbitos es innegable. La dependencia de Venezuela en la exportación de petróleo, que representa casi el total de sus ingresos en divisas, hace que cualquier restricción adicional por parte de Estados Unidos sea devastadora. Con un sistema económico colapsado y una población enfrentando una crisis humanitaria sin precedentes, el país está en una posición vulnerable.

En este contexto, las decisiones de Trump sobre Venezuela no solo tienen implicaciones para el régimen de Maduro, sino también para los intereses económicos de las empresas extranjeras que operan en el país. La española Repsol y la estadounidense Chevron se encuentran atrapadas en un delicado equilibrio, dependiendo de la política de Trump para mantener sus operaciones en un mercado altamente volátil. Sin embargo, la mayor amenaza recae sobre el propio régimen chavista, que vería reducidos sus ingresos en un momento en el que la estabilidad económica y social de Venezuela está en juego.

La postura de Trump y sus aliados republicanos sugiere que el régimen de Maduro enfrentará aún mayores presiones internacionales, lo que podría alterar significativamente la dinámica del mercado petrolero en el país e incluso el propio régimen. La historia del petróleo en Venezuela está lejos de llegar a su fin, pero su desarrollo dependerá de cómo las potencias internacionales decidan jugar sus cartas en los próximos meses. Además de EE UU, China y Rusia juegan también sus cartas. @mundiario