A fondo

Las penurias del pueblo cubano ante el embargo petrolero de EE UU

Las sanciones y el embargo petrolero de la Estados Unidos, están forzando al límite la capacidad de resistencia de los cubanos. / RR SS.
El colapso de su economía y sociedad, exige una reflexión profunda sobre las repercusiones éticas de las sanciones internacionales.

El embargo petrolero impuesto por el gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump y con el apoyo de figuras como el secretario Marco Rubio, representa una de las fases más destructivas de una política de sanciones que ya lleva más de seis décadas. Esta medida, concretada a través de una orden ejecutiva firmada el 29 de enero de 2026, establece aranceles adicionales a cualquier nación que suministre petróleo o derivados a Cuba, con el objetivo explícito de asfixiar económicamente al gobierno cubano y forzar un cambio político en la isla. Sin embargo, más allá de su dimensión política, esta decisión ha desencadenado una crisis humanitaria de magnitudes devastadoras, llevando a la población cubana a una lucha diaria por sobrevivir en condiciones extremas.

En respuesta, el gobierno cubano, liderado por Miguel Díaz-Canel, ha activado un plan de contingencia de emergencia, diseñado para priorizar los servicios básicos y promover el ahorro energético. A pesar de estos esfuerzos, la gravedad de la situación sigue siendo incalculable, y la población se ve condenada a enfrentar un futuro incierto marcado por el deterioro de la economía, la salud pública y los servicios esenciales.

MEDIDAS DE CONTINGENCIA: UNA SOLUCIÓN TEMPORAL ANTE UNA CRISIS ESTRUCTURAL

El Consejo de Ministros cubano, tras el anuncio de las sanciones, aprobó una serie de medidas urgentes que entraron en vigor el 5 de febrero de 2026. Estas estrategias, reminiscencias del Período Especial de los años 90, buscan optimizar los recursos limitados y garantizar la continuidad de las actividades esenciales. Entre las medidas más destacadas se incluyen:

-Racionamiento energético: el suministro de combustible ha sido limitado severamente, priorizando su uso en servicios vitales como la generación de electricidad, la producción de alimentos y la defensa nacional. Se ha promovido un esfuerzo colectivo para reducir el consumo no esencial.

-Reducción en el transporte: se ha reducido el número de viajes interprovinciales por ómnibus y trenes, limitando frecuencias y rutas para conservar el combustible. Esto afecta principalmente a las regiones más apartadas de la isla, donde las conexiones interurbanas son esenciales.

-Ajustes en el ámbito laboral: con el objetivo de reducir desplazamientos y consumo energético, se ha implementado una semana laboral de cuatro días en las empresas estatales, junto con un impulso al teletrabajo. Un grupo de empresas y actividades no esenciales cerrarán mientras dure la crisis.

-Recortes en educación y turismo: las clases se han reducido a un formato semipresencial en universidades, y se han reducido los horarios escolares para adaptar el consumo de recursos. El turismo, una de las fuentes principales de divisas para la isla, ha sido severamente afectado con el cierre temporal de hoteles no esenciales.

A pesar de estas medidas, la falta de petróleo sigue siendo el mayor obstáculo. Estas acciones, si bien necesarias, no pueden contrarrestar el impacto acumulado de décadas de sanciones. El gobierno ha denunciado este embargo como un "bloqueo energético" cuyo único propósito es destruir la infraestructura de la isla y crear sufrimiento en la población cubana.

Los apagones eléctricos afectan cada día a millones de cubanos en todo el país, con periodos de hasta 20 horas sin servicio de electricidad. / RR SS.

EL DESGASTE DE LA ECONOMÍA CUBANA

El embargo petrolero ha exacerbado una crisis económica que Cuba arrastra desde hace años, con pérdidas acumuladas que superan los 170.000 millones de dólares en más de seis décadas, y más de 2 billones ajustados al valor del oro. Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, las sanciones causaron daños por 7.556 millones de dólares, lo que representa un aumento del 49% en comparación con el período anterior. Esta caída en las exportaciones, sumada a la persecución financiera internacional, ha llevado a una contracción del Producto Interno Bruto de un 11% entre 2020 y 2024, proyectándose que el crecimiento de la economía cubana en 2026 será mínimo, con un déficit fiscal estimado en 74.500 millones de pesos cubanos (aproximadamente 3.100 millones de dólares).

El embargo ha causado apagones masivos, paralizando la producción industrial y agrícola, y disparando los costos de las importaciones alternativas. Además, el turismo, una de las principales fuentes de ingresos de divisas, se ha desplomado con el cierre de hoteles y la restricción de servicios. A la par, el desinterés de los inversionistas extranjeros debido a las sanciones secundarias ha empeorado la situación, impidiendo la llegada de crédito y tecnología necesaria para reactivar sectores clave. La sociedad cubana se enfrenta, además, a una inflación descontrolada y a una escasez generalizada de bienes básicos, lo que agudiza aún más la crisis.

LA SALUD PUBLICA: UN COLAPSO INMINENTE

El impacto más doloroso de las sanciones se ha reflejado en el sector de la salud, tradicionalmente uno de los logros más reconocidos de la Revolución Cubana. En 2025, las pérdidas en este sector alcanzaron los 288,8 millones de dólares, lo que impidió la adquisición de medicamentos, equipos médicos y repuestos esenciales. Los apagones frecuentes afectan directamente el funcionamiento de los hospitales, comprometiendo las cirugías, la conservación de vacunas y la atención de emergencias. Los indicadores de salud, como la mortalidad infantil, han empeorado de manera alarmante, alcanzando 14 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en La Habana en 2025, un aumento dramático comparado con las cifras históricas de menos de 6.

La escasez de agua potable y saneamiento agrava la situación sanitaria, aumentando el riesgo de brotes epidémicos, especialmente en zonas vulnerables como los barrios marginales y las áreas rurales. En términos sociales, la crisis también ha afectado la educación, limitando el acceso de los jóvenes a una formación adecuada y empobreciendo el futuro de las nuevas generaciones. La falta de transporte público agrava el aislamiento regional y las dificultades para acceder a empleos, y la escasez de alimentos ha provocado hambre crónica en amplias capas de la población.

UNA CRISIS HUMANITARIA DE DIMENSIONES DESGARRADORAS

Más allá de la devastación económica, el embargo petrolero impuesto por Estados Unidos ha generado una emergencia humanitaria de dimensiones incalculables. La situación actual, con reservas de combustible para apenas 15 a 20 días, ha llevado a la población cubana a condiciones de supervivencia extremas. Apagones prolongados, escasez de alimentos y medicinas, y la parálisis de servicios básicos están empujando a millones de cubanos a vivir en la incertidumbre, mientras la posibilidad de hambruna y enfermedades evitables se vuelve cada vez más real.

La comunidad internacional no puede permanecer indiferente ante una situación tan crítica. La política de asfixia impuesta sobre Cuba ha sido calificada por muchos como genocida, ya que las sanciones no solo ahogan la economía, sino que atentan contra la dignidad y los derechos humanos más fundamentales de los cubanos. Este sufrimiento generacional, que no cesa con el paso de los años, exige una reflexión profunda sobre las repercusiones éticas de las sanciones internacionales y la necesidad de un cambio en la política exterior que, lejos de promover la libertad, perpetúa la pobreza, la desigualdad y el dolor humano. @mundiario