El Partido Comunista de España no para de cambiar de marca electoral

Enrique Santiago Romero, secretario general del PCE. / Mundiario

Los sucesivos cambios de marca electoral del Partido Comunista de España reflejan tanto su adaptación a los ciclos de la izquierda como la fragilidad del espacio a la izquierda del PSOE.

Desde 1986, el Partido Comunista de España no se presenta a unas elecciones generales con su propio nombre. No es un dato menor ni un simple detalle histórico: es el hilo conductor de una larga estrategia de supervivencia política en un contexto cada vez más cambiante. Desde entonces, el partido que ahora dirige Enrique Santiago Romero ha transitado por tres grandes marcas electorales —Izquierda Unida, Unidas Podemos y Sumar— que no solo representan siglas distintas, sino etapas políticas, culturales y organizativas de la izquierda española.

La primera de ellas, Izquierda Unida, nació tras el desplome electoral del PCE en 1982 y la crisis del comunismo clásico en Europa occidental. IU fue durante más de tres décadas la casa común en la que el PCE mantuvo estructura, militancia y una identidad reconocible, aunque diluida en una coalición más amplia. Aquella etapa respondió a una lógica clara: reconstruir, resistir y conservar presencia institucional en un escenario dominado por el bipartidismo y, especialmente, por la hegemonía del Partido Socialista Obrero Español en la izquierda.

El segundo giro llegó con la irrupción de Podemos y el ciclo político abierto tras el 15-M. La integración de IU –y del PCE– en Unidas Podemos supuso un salto cualitativo: de la izquierda tradicional a un proyecto de nuevo cuño, con liderazgo externo, discurso populista y una ambición de disputar la centralidad política al PSOE. Aquella confluencia permitió resultados electorales relevantes y entrada en el Gobierno, pero también aceleró tensiones internas, pérdida de perfil propio y una creciente dependencia de liderazgos ajenos al mundo comunista clásico.

El PCE lleva casi cuatro décadas sin concurrir con sus propias siglas a unas generales. IU vuelve a reclamar un papel central en la reorganización de la izquierda alternativa

El tercer cambio de marca, Sumar, es también el más reciente y el más incierto. Desde 2023, el PCE vuelve a integrarse en una plataforma más amplia, esta vez articulada en torno a la comunista gallega Yolanda Díaz, con un discurso más institucional, menos confrontación y la mirada puesta en la gestión. Para algunos sectores, Sumar representaba la superación de la etapa de Podemos; para otros, una dilución adicional de identidades políticas ya debilitadas. El hecho de que el PCE vuelva a no presentarse con siglas propias confirma una constante: la prioridad ha sido siempre estar dentro del espacio electoral viable, aunque sea a costa de invisibilidad.

Estos cambios no pueden leerse solo como maniobras tácticas. Son también el reflejo de una izquierda alternativa al PSOE que no logra estabilizar un proyecto duradero. Cada marca ha nacido con vocación de síntesis y cada una ha terminado cuestionada por sus propios límites. Ahora, en pleno arranque de un nuevo ciclo electoral –con autonómicas previstas en Aragón, Castilla y León y Andalucía, y la incógnita permanente sobre unas generales que Pedro Sánchez insiste en agotar–, el debate vuelve a abrirse.

Yolanda Díaz está en el PCE pero no en IU

En este contexto, Izquierda Unida reaparece con una ambición explícita de liderazgo. El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, ha planteado en un informe político que se debate en la dirección del partido la necesidad de “superar Sumar”, al considerar que el proyecto ha fracasado en su objetivo de recomponer el espacio progresista. No es una crítica menor: implica cuestionar la tercera gran marca bajo la que el PCE se ha presentado en casi cuarenta años y sugiere la voluntad de abrir una nueva etapa, con la particularidad de que Yolanda Díaz pertenece al PCE pero no a IU.

La pregunta de fondo es si este debate supone un punto de inflexión o un episodio más en una larga secuencia de rebrandings políticos. El PCE ha demostrado una notable capacidad de adaptación, pero también una dificultad persistente para traducir esa flexibilidad en hegemonía. Cada cambio de siglas ha sido una respuesta a un contexto adverso; ninguno ha logrado cerrar definitivamente la crisis de representación de la izquierda alternativa.

Hoy, cuando Más Madrid, Comunes y el propio Movimiento Sumar envían mensajes de cohesión tras semanas de turbulencias, IU parece dispuesta a disputar el timón del proceso de reorganización. Lo hace con la experiencia de quien ha sobrevivido a todas las etapas y con la conciencia de que el tiempo juega en contra. La historia reciente sugiere, sin embargo, que el problema no es solo el nombre bajo el que se concurre a las elecciones, sino la dificultad de articular un proyecto reconocible, estable y competitivo en un espacio saturado de siglas, liderazgos y expectativas frustradas.

En ese dilema –entre identidad y pragmatismo– se mueve desde hace casi cuatro décadas el Partido Comunista de España. Y en ese dilema se juega, una vez más, el futuro de la izquierda a la izquierda del PSOE. @mundiario