París 2024, bien; España, regular
Los Juegos Olímpicos de París 2024 se han cerrado este domingo con un éxito rotundo que ha agradado a muchos. Desde su inauguración el 26 de julio, París ha demostrado ser más que un escenario deportivo; ha sido el epicentro de una transformación que trasciende lo meramente organizativo y se adentra en el ámbito simbólico y emocional, dejando una huella que perdurará durante años.
Francia llegó a estos Juegos en un contexto complejo, tras meses de tensiones políticas y sociales, y apenas tres semanas después de unas elecciones legislativas en las que la ultraderecha estuvo peligrosamente cerca del poder. Sin embargo, París aprovechó esta tregua olímpica para mostrar al mundo una imagen renovada y universal, una Francia que, lejos de los estereotipos nacionalistas, se presenta como un país mestizo, en el que la tradición cobra vida al ser reinterpretada. Estos Juegos han reconciliado a los parisinos con su ciudad, demostrando el impacto positivo que puede tener un evento de esta magnitud en la transformación urbana y en el debate sobre la sostenibilidad de las Olimpiadas.
El éxito de París 2024 inevitablemente trae a la memoria lo que supusieron los Juegos de Barcelona 1992 para España. No obstante, la comparación deja un sabor agridulce para el deporte español. A pesar de que la ausencia de Rusia brindaba mayores oportunidades para otros países, España se despide de París con 18 medallas (cinco oros, cuatro platas y nueve bronces), lejos del récord de 22 logrado en Barcelona 1992. Si bien es cierto que hay un dato que refleja una leve progresión del deporte español —los 17 cuartos puestos alcanzados—, la sensación general es que España no ha logrado estar a la altura de las expectativas.
Los éxitos y decepciones de los deportistas españoles han sido variados, desde actuaciones individuales hasta logros en equipo, y han representado la diversidad de un país en tiempos de polarización. Deportistas como María Pérez, Jordan Díaz y Álvaro Marín, así como el equipo femenino de waterpolo, han destacado, al igual que figuras emblemáticas como Carolina Marín, Ana Peleteiro y la selección femenina de fútbol. Saúl Craviotto se ha coronado como el español más laureado en la historia olímpica, y hemos sido testigos del adiós olímpico del legendario Rafa Nadal. Sin embargo, estos logros no han sido suficientes para devolver a España al nivel que alguna vez alcanzó.
Mientras que París deja un listón muy alto para Los Ángeles 2028, España debe cuestionarse si está haciendo lo suficiente para mantenerse competitiva en el escenario olímpico. La falta de inversión en el deporte base, las diferencias en el apoyo a las disciplinas menos mediáticas y la escasa promoción de nuevas generaciones de atletas son factores que, si no se abordan con urgencia, seguirán alejando a España de los niveles alcanzados en su momento de gloria en Barcelona.
El éxito de París 2024 es un recordatorio de lo que un país puede lograr cuando se compromete plenamente con el espíritu olímpico. Para España, es una llamada de atención: si quiere estar entre las grandes potencias deportivas, como sucede en el fútbol, se necesita una estrategia más ambiciosa y un mayor compromiso con el desarrollo de todos los deportes. Solo así, en futuras ediciones, se podrá aspirar a algo más que la nostalgia de aquel histórico 1992. @mundiario