Palabras en confusión
La enfermera acude a la sala de espera y entra apresuradamente con la parturienta en la consulta del ginecólogo.
–¿Ha venido con dolores? –pregunta el médico.
– No –contesta inmediatamente la embarazada antes de que su acompañante de bata blanca responda-. Con Joaquina. Dolores se ha quedado en casa cuidando a los niños.
La interpretación errónea no es sólo cuestión de hablar distintos idiomas, como ya comenté hace un tiempo. Y en mi experiencia es frecuente en los hospitales, de modo que los sanitarios deberíamos, a más de evitar en lo posible el idiolecto profesional con los pacientes, procurar a ser posible que nuestro lenguaje no se preste a dobles sentidos, que es lo que ocurrió en otra ocasión.
Un hombre tuvo que acudir al Servicio de Urgencias por una lesión ocular: se trataba de un carpintero a quien se le había metido una viruta en el ojo cuando, a causa del desmayo de incierto origen en su taller, cayó al suelo. Le sacaron el trocito de madera e indicaron que debería esperar fuera hasta que dispusieran de los análisis que podían dar alguna pista sobre la perdida de conciencia sufrida.
Al rato, una auxiliar fue a buscarlo y, sin haberlo visto antes ni recordar su nombre, llamó así: “A ver: el señor del cuerpo extraño puede pasar”.
Si hubiera precisado “en el ojo”, habría evitado lo que siguió. Se levantó de la silla un jorobado que, muy ofendido, exclamó: “¡Señorita, a ver si aprende usted a llamar a los enfermos por su apellido y no por los defectos físicos que padezcan!”.
Por cierto: el de la viruta no se dio por aludido y la chica tuvo que volver a entrar para consultar el nombre, y es que suponer el lenguaje profesional al alcance de cualquiera no pasa, como puede deducirse, de presunción gratuita. Así que, a la viruta, nombrarla como tal en vez de cuerpo extraño. Y para dolores, añadir “de barriga” mucho mejor. @mundiario