La obscenidad de comparar la amnistía del 77 y la que Puigdemont exige a Sánchez

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Camacho en Vigo en 1977 explicó como era la amnistía que el defendía
Desde 1885, a ritmo de sardana, el independentismo catalán no ha dejado de presentar a España su "Memorial de agravios"
La obscenidad de comparar la amnistía del 77 y la que Puigdemont exige a Sánchez

Es sencillamente obsceno tratar de comparar la amnistía de 1977 con la que los consocios de Pedro Sánchez, antiguos y en perspectiva, le ponen como precio o tarifa para ayudarlo a que siga en la Moncloa. Aquella amnistía era un paso necesario para clausurar los efectos de la dictadura de Franco sobre aquellos que, como el hombre que la defendió en el Congreso, Marcelino Camacho, habían sufrido directamente sobre sus vidas su lucha por la libertad y la democracia. Y no es lo mismo aquella medida que abría un nuevo tiempo en la historia, con lo que ahora se pretende. Es decir, dejar sin efecto las consecuencias de todos los que, dentro de un contexto de libertades y democracia, quisieron romper con la Constitución que los amparaba a través de una serie de acciones delictivas conforme al Código Pena en vigor. Y es cierto que el marco general de aquella amnistía también benefició a dos segmentos que fueron un doloso precio incluido, al beneficiar a franquistas y a terroristas de ETA, que habían cometido asesinatos y volvieron a matar.

El paso primero de la amnistía y luego, del referéndum de independencia, según la hoja de ruta de los nacionalistas, responde ahora a una estrategia bien calculada y medida. Puigdemont y los suyos saben que deben ser cautos y prudentes. Pero no nos engañemos. Es evidentes que los enviados de Sánchez y de Yolanda Díaz, esta lo confiesa abiertamente, están negociando las cesiones que deberán cumplirse para que Junts permita, por activa o pasiva, que Sánchez siga en la Moncloa. Puigdemont tiene un programa de máximos, que coincide con ERC, cuyo objetivo es la mera desaparición del Estado en Cataluña, no sólo con las grandes metas, sino mediante cesiones simbólicas. El listado de las exigencias de Puigdemont responde a las reivindicaciones que el nacionalismo catalán ha ido exponiendo a lo largo de estos años, como la entrega del Cuartel del Bruc o la sede de la Policía de Vía Layetaba que supondría la victoria definitiva sobre dos odiados símbolos de la presencia del Estado.

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Nuevos tiempos de diálogo Sánchez Puigdemont

Pedro Sánchez ha acusado más de una vez a Rajoy de ser el responsable del movimiento insurreccional de Cataluña y se refiere cínicamente que el único referéndum allí celebrado se lo hicieron a Rajoy, como si fuera contra el Gobierno y no contra la Constitución y el Estado. Puigdemont se despeñó por culpa de Rajoy, pero volverá triunfante con Pedro Sánchez. Y el inicio de la actual situación, que desencadena el procès es cuando aquel se niega otorgar el pacto fiscal que pretendía Artur Mas semejante al del País Vasco y todavía más. Es la misma canción y melodía que el resto de los españoles venimos oyendo a ritmo de sardana desde que en 1885 presentaron al Rey el “Memorial de Agravios”. Este documento, redactado en Castellano, se oponía al proyecto de tratado comercial con Gran Bretaña y proyecto del Código Civil. En el primer caso, porque amenazaba ---decían—la economía de Cataluña por un lado y el derecho privativo catalán. Claro que tuvieron suerte con Franco años después, al mantenerse el famoso arancel que evitaba la entrada de paños británicos mejores y más baratos que los de Tarrasa, pero que perjudicaba la exportación de otros productos de otras regiones españolas.

Las razones del pacto fiscal que Rajoy negó

Los defensores del famoso pacto fiscal sostienen “que no había ningún impedimento legal ni jurisprudencial para otorgarlo que la razón por la que no se concedió no fue la legalidad sino porque el 94% del territorio español y el 84% de la población española era incapaz de sobrevivir económicamente sin Catalunya. En otras palabras, el PP sabe que España es «una mierda de país», porque si España fuese un gran país sabría sobrevivir económicamente con un 6% menos de territorio y un 16% menos de población”. Y también se culpa a Rajoy, por no ceder, de ser el responsable del crecimiento del independentismo catalán, y que lo que debería hacer era imitar a David Cameron frente al separatismo escocés.  O sea, debería haberse permitido un referéndum “consultivo”, en lugar de reprimir el celebrado el 1-0 y aplicar el 155. Lo que, a su entender, hizo que el independentismo pasara del 14 al 48 por ciento, según sus cuentas. Y como ahora supera el 50 por ciento, el final de etapa está claro.

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Puigdemont va a rematar la obra frustrada de Mas

La debilidad de ese Estado, que ahora debe rendirse, para que Sánchez siga en la Moncloa, tiene también sus hitos: Sobre todo, del más grave de todos que fue dar alas al independentismo catalán, a partir de la famosa frase de Zapatero: “Aceptaré el Estatuto que salga del Parlamento de Cataluña” o “El concepto de nación (España) es discutible y discutido”. El catedrático de Derecho Constitucional Jorge de Esteban predijo hace tiempo lo que iba a ocurrir y ahora ocurre con precisa certeza, y adjudicó a la inconsciencia de Zapatero lo que ahora padecemos. En dos memorables análisis, titulados con carácter general “Hacia la independencia catalana”, publicados en “El Mundo” en mayo de 2013, el profesor de Esteban vaticinaba el porvenir. El primer trabajo precisaba “Un decisivo peldaño se consumó en 2006, gracias al apoyo irresponsable de Zapatero a un nuevo Estatut”. Y añadía:

Un decisivo peldaño se había consumado en 2006, gracias al apoyo irresponsable de Zapatero, con la elaboración de un nuevo Estatut que nadie había exigido, salvo los nacionalistas catalanes y Pasqual Maragall. El texto aprobado por el Parlament era más bien una Constitución que una norma estatutaria. En las Cortes, hubo un intento de adelgazar la ambiciosa gama de competencias que se había atribuido la Generalitat. Algo se eliminó en los debates, pero seguía siendo una norma inconstitucional”.

La deslealtad constitucional

Decía de Esteban que el camino emprendido por los nacionalistas catalanes, desde los mismos inicios de nuestra actual democracia, evidencia sobre todo una cosa: su deslealtad constitucional. Y en ese sentido, recordaba que la Constitución fue aprobada en Cataluña por el 88% de los que votaron en el referéndum de 6 de diciembre de 1978, con un 67% de participación. Sin embargo, este apoyo masivo de los ciudadanos no fue correspondido por la nueva clase política catalana que comenzaba a gobernar, porque pronto empezaron a incumplir algunos preceptos constitucionales. El profesor de Esteban recordaba en su artículo que a través del Estatut de 2006, amparado por el irresponsable Zapatero, se atribuía a la Generalitat un número ingente de competencias exclusivas, que aparecían blindadas. A través de sus 223 artículos se pretendía de forma minuciosa ir desgajando detalladamente cualquier competencia en subcompetencias para evitar que el Estado pudiera legislar sobre ellas, a pesar de que en la Constitución aparecían como competencias exclusivas del Estado.Y no se puede olvidar que en sus primeros contactos con el  indepentismo, Sánchez ofreció reponerlas mediante leyes orgánicas, según reveló el juez Vidal,@mundiario.

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