Los nuevos emprendedores y el pastiche ideológico

Elon Musk y Donald Trump. / RR.SS.
Se erigen como héroes y como elegidos: de esta manera, propagan desde sus plataformas sus ideas e informaciones ad hoc.

La globalización acarreó una intensa dinámica de concentración y centralización económica, así como un incremento de las desigualdades sociales y territoriales. Otra de sus consecuencias fue la modificación de los valores y de los comportamientos sociales de los ciudadanos.

Richard Sennet, profesor de la London School of Economics, nos había advertido en su libro La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo (1998), que caminábamos hacia una exacerbación del individualismo dentro de la llamada división del trabajo y sus dinámicas de especialización. Por eso, hace unos días, presenciando la toma de posesión de Trump como presidente norteamericano, advertimos una nota de indudable interés: la escenificación del fin del discurso de la defensa de las libertades. 

La presencia en primera línea de los lideres tecnológicos más importantes del mundo enorgulleciéndose, tanto de su proximidad al poder como su influencia sobre el mismo, subraya el cambio de era. ¿Qué es lo que ha cambiado?. El concepto de emprendedor.

En la década de los 90 del pasado siglo, emergieron empresarios que buscaban cambiar el modelo de negocio apoyados en la tecnología. Ganaban mucho dinero, pero mantuvieron relevantes dosis de solidaridad y sostuvieron valores sociales, apoyando diversas causas tales como buscar soluciones para paliar y remediar enfermedades, conceder ayudas para disminuir la desnutrición, impulsar el fomento del talento, etc. Más tarde, a comienzos de este siglo, los empresarios innovadores consolidaron las grandes corporaciones que terminaron funcionando como oligopolios. Pregonaron la innovación y la acumulación de capital, pero mantuvieron comportamientos liberales y fueron tolerantes en sus discursos y en sus vidas.

La irrupción de las tecnologías avanzadas

A partir de la recesión del 2008-2009, con la irrupción de las tecnologías avanzadas y disruptivas (5G, IA), se propagaron, sin embargo, los unicornios, buscando el poder, deseando crear un nuevo mundo y que éste fuera beligerante con las personas no preparadas. Como dijo Manuel Castells, catedrático en la Universidad de Berkeley y anterior ministro de Universidades, los nuevos empresarios “son tecnócratas libertarios que buscan ocupar el Estado para imponer su proyecto”. 

La presencia en el acto del Capitolio de Washington de empresarios como Musk (X y Tesla), Zuckerberg (Meta), Bezos (Amazon), Pichai y Brin (Google), Altman (OpenAI), Thiel (Palantir) y Andreessen (Netscape), por ejemplo, subraya el interés por marcar la superioridad intelectual y de mérito para proceder a controlar el Estado y que éste funcione como una empresa que tenga como fin inmediato el incrementar al máximo sus rentabilidades personales sin importar las condiciones de vida de los ciudadanos. 

La traducción inmediata de esta transformación es la irrupción de una derecha populista, reaccionaria y antidemocrática que propone la consolidación de unas élites que nos remitan a la incompatibilidad entre libertad y democracia. La base de los discursos y posicionamientos se fundamenta en que la tecnología nos hará super-hombres y, al mismo tiempo, se afanan en identificar como enemigos a los defensores de la sostenibilidad medioambiental y de la ética.

Una de sus máximas es que la tecnología nos hará libres; y al mando de sus empresas, que poseen una capacidad de influencia muy grande, se sienten convencidos de su superioridad, aspirando a controlar a unos Estados sostenidos por unas convicciones confeccionadas a su medida. Se erigen como héroes y como elegidos; y, de esta manera, propagan desde sus plataformas sus ideas e informaciones ad hoc. En suma, una cultura en línea o en plataformas, promoviendo un individualismo en un mundo filtrado por el adanismo de los nuevos emprendedores. @mundiario