La aparente actitud mendicante de Sánchez frente a la segura arrogancia de Puigdemont

Puigdemont sobre Sánchez. / RR SS./ F.R.
El presidente Sánchez parece dispuesto a reunirse con el fugado Puigdemont en el extranjero, si este propone día, hora, lugar y fecha, como se desprende de sus palabras.

Hay que volver a aquello que dijera Tarradellas de que, “en política se puede hacer de todo, menos el ridículo”. Véase la mendicante actitud del doctor Pedro Sánchez ante el fugado Puigdemont, si hombre aquel que dijera con énfasis que traería ante el juez, que por eso el fiscal depende de él. Contrasta la postura del presidente del Gobierno del Reino de España con la arrogancia de su, por otro lado, consocio, que previene, advierte, entona y amenaza que, si quieres seguir en la Moncloa, tiene que cumplirle no sólo lo pactado, sino todo lo que, a su entender, sirva para mantener la dignidad y el nivel de la nación catalana, cuyo objetivo final sigue siendo convertirse en nación independencia. ¿O es que es otro?

Hay que agradecer la claridad del discurso del, ya experto, en burlarse del Estado, como hizo con ocasión de la pasada Diada, paseándose sin ser detenido por la ciudad de Barcelona. Anoten lo que acaba de decir a Sánchez: que no le renovará la confianza mientras los socialistas persistan en la estrategia que pretende hundir a Cataluña "en la decadencia social, económica, lingüística y nacional". Y al mismo tiempo que Puigdemont dice esto, Sánchez dice que lo de Cataluña está resuelto y que se ha pasado página sobre los objetivos del 17-O. Pero el mensaje de Navidad del residente en Bélgica entona otro villancico. Y frente a ello, el optimismo crónico de Sánchez y de Illa, que entonan a dúo el efecto de "normalización política” que ha supuesto la ley de amnistía, que Sánchez se compromete a sacar adelante venciendo todos los obstáculos, obviamente, empezando por los del Supremo, que siempre le queda el recurso a mano del Constitucional.

Sánchez asume su papel en la historia con realismo crónico y venciendo todos los obstáculos y sinsabores. Y por eso se ha puesto a disposición de Puigdemont para reunirse con él, si bien no sabemos si en Madrid, Bruselas o Suiza. Lo digo porque quiero suponer que si aparece en territorio donde gobierna Sánchez sería detenido o no. Que todo cabe dadas las anteriores misiones cerca del ex presidente de la Generalitat. La dignidad de un Estado se supone que es la suma de la suma de todos los ciudadanos e instituciones que lo constituyen. Sánchez debería saber que no todo vale, como tiene por costumbre, aunque en él sea habitual pasarse por el arco de triunfo lo que media hora antes proclamara como principios insuperables que fundamentan su acción política. En ese sentido es divertido recuperar lo que decía ante cuatro días sobre el conflicto catalán, los independentistas, la amnistía y el resto de pretensiones que ha ido cediendo una tras otra.

La manifiesta claridad de Puigdemont

Insisto en que hay que agradecer a Puigdemont la claridad con que se manifiesta, como cuando dice que Illa y Sánchez yerran si se creen que les ha otorgado un cheque en blanco. Y como los cretenses, el dirigente de Junts, cuyo partido es indispensable para la estabilidad del Gobierno “no amenaza en vano”. Habrá pocos mensajes tan claros como este, en cuanto a que no se apoyó a Illa, pero sí a Sánchez, que tiene con él una deuda viva. “Por eso hemos actuado con responsabilidad y por eso admitimos la pérdida de confianza que le otorgamos”.  Claro que esta entente cordial tiene un hándicap. El de Bruselas no le perdona a Illa que en un lejano día apoyara la aplicación del 155. Y en su cuenta de cargos le anota ser en realidad un infiltrado que sirve al nacionalismo español. Y Sánchez trata de templar gaitas. Sabe de su precaria situación y que necesita como sea los siete votos de Junts para la continuidad de la legislatura con la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Pero el de Bruselas dice que no lo va engañar y que se atenga. Una de las prioridades del presidente es conseguir que se aplique plenamente la amnistía y que Puigdemont pueda volver oficialmente a España (del otro modo ya sabe que lo hace cuando quiere sin ser molestado). Y está dispuesto a algo insólito para la dignidad del Estado, hasta verse con él fuera de España, si eso ablanda a Puigdemont. Estas fueron sus palabras: “No tengo ningún problema, no sé cuándo me reuniré, pero me reuniré”. O sea, que todo depende de que el otro quiera y le marque día, lugar y fecha. Sánchez tiene la seguridad de que el Tribunal Constitucional no le va a fallar y sólo es cuestión de tiempo. Así que hay que ir sosteniendo el asunto.

De momento, a cuentagotas se van cumpliendo otras exigencias de Junts y los compromisos pendientes, empezando por desclasificar los documentos del CNI sobre el atentado de las Ramblas. Y detrás viene otra de las cesiones de una competencia propia del Estado que configura como nación propia a Cataluña, traspaso integral de las competencias de inmigración. Pero ¿qué quiere decir integral? Esa es la clave. ¿Hasta qué extremo se va a llegar? No se pierdan el próximo capítulo.@mundiario.