Medio lleno o medio vacío

Un ciudadano depositando su voto. / RR SS
Un ciudadano depositando su voto

Las estadísticas de empleo son analizadas de forma completamente dispar por el Gobierno y la oposición, eligiendo cada uno los matices que justifican su respectivo discurso.

Los últimos datos de empleo han permitido al Gobierno presumir de éxito y a la oposición calificarlos de negativos. Es el eterno dilema ante el vaso medio lleno o medio vacío según la actitud del espectador. Ambas visiones son complementarias y, por tanto, también ciertas o falsas en términos relativos.

El Gobierno se ciñe a los datos macro: número total de cotizantes, número total de desempleados, progresión de los últimos meses. Nada que objetar. La oposición se fija en los datos cualitativos: aumento importante de los fijos discontinuos, que anteriormente eran desempleados, ralentización de la contratación, persistencia de casi tres millones de parados. Son, asimismo, datos ciertos. Es decir, en el nivel micro, de las personas, la realidad no es tan halagüeña como en el nivel acumulado. La diferencia entre unos datos y otros se debe a una palabra abundantemente utilizada por los responsables públicos pero clamorosamente olvidada en la gestión real: desigualdad. Esta no deja de crecer desde hace varios años.

Algo similar acontece con las medidas coyunturales contra la crisis. Son alabadas por las fuerzas gubernamentales y minusvaloradas por la oposición. Al tratarse de un paquete heterogéneo, donde se incluyen medidas de largo alcance con otras simbólicas o de efecto menor, cada sector encuentra los argumentos que necesita para apuntalar su discurso. El tiempo demostrará cuáles han sido las medidas efectivas y cuáles las cosméticas.

De ahí que las perspectivas ante el nuevo año electoral sean tan dispares. Según las encuestas recientes, tendencias al fin y al cabo, el PP subiría, pero necesitaría imperiosamente a Vox para lograr mayoría absoluta. En el lado del Gobierno, el PSOE bajaría y Unidas Podemos también. El voto nacionalista permanecería estable. En todo caso la mayoría de las encuestas otorgan un margen de victoria reducido, unos diez escaños sobre la mayoría, por lo que las elecciones municipales y autonómicas pueden decantar el resultado de las generales.

En el frente local el PSOE podría perder algunas capitales de provincia, aquellas donde en los anteriores comicios la derecha ganó en votos, pero al ir dividida en tres partidos perdió en escaños. Entre las grandes ciudades, Barcelona, Sevilla, Valencia y Zaragoza son las principales capitales en liza. En la primera sea quien sea el ganador, En Comú, ERC o PSC, seguirá funcionando la misma coalición de gobierno actual con toda probabilidad. En Zaragoza el relevo del candidato popular que ahora aspira a las elecciones autonómicas, abre una oportunidad a la izquierda. Sevilla es el principal bastión socialista en Andalucía por lo que el resultado tendrá un carácter simbólico. En Valencia es donde se está librando la contienda más encarnizada, con derivaciones judiciales de corrupción en varias causas. En juego, la Alcaldía y la Comunidad Autónoma.

De entre las Comunidades Autónomas solo en Valencia y Baleares el resultado parece abierto. En ambas gobierna el PSOE en alianza con fuerzas locales. Valencia, entre otros problemas, arrastra un déficit de financiación crónico que el Gobierno no ha querido abordar como tampoco lo hizo el Gobierno Rajoy. En Baleares el nacionalismo ha ido imponiendo su agenda, principalmente lingüística.

A pesar de los deseos de los candidatos locales y territoriales, las elecciones de mayo formarán parte de la estrategia global de polarización máxima. La izquierda tratará de asimilar al PP con Vox y la derecha tratará de que se vote plebiscitariamente contra el Gobierno. Una disyuntiva tan tajante podría elevar los niveles de abstención que en España no son muy altos en comparación con otros países próximos.

El profundo divorcio entre la sociedad civil y el mundo político explica la falta de tensión preelectoral. La ausencia de debates serios sobre los problemas locales o territoriales no ayuda a una toma de conciencia serena. Las descalificaciones mutuas, el bajísimo nivel de los debates en los órganos representativos y el seguidismo de los enfrentamientos en el nivel estatal tampoco favorecen el interés ante unos comicios que serán dentro de cuatro meses. La huelga del sector sanitario en más de la mitad de España, prevista para final de enero, puede indicar el nivel de malestar social en uno de los sectores menos proclive a la protesta. Será interesante comprobar la respuesta social. @mundiario

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